Verano en mi pueblo
Verano en Burguete: la calma entre hayedos y arroyos
Con la llegada del verano, Burguete se revitaliza siendo el destino de numerosas personas que acuden al valle para disfrutar de estos meses
Actualizado el 03/08/2025 a las 18:47
La calle San Nikolas se proyecta a lo largo del pueblo. No tiene aceras y dos vehículos pasan difícilmente si se cruzan en ella. Sobre la misma caminaba un peregrino que se alejaba poco a poco del pueblo. Nadie más. La calma imperaba en la tarde de Burguete.
Esta localidad cuenta con 230 habitantes censados. Sin embargo, con la llegada del verano, Burguete se revitaliza siendo el destino de numerosas personas que acuden al valle para disfrutar de la época estival.
Entre el trinar de los pájaros y la brisa fresca el sonido de dos cadenas de bici comenzó a imponerse. Oihan Zuza y Mario Imízcoz, los artífices. Estos dos jóvenes procedentes de Huarte y Zizur Menor, respectivamente, visitan el pueblo los fines de semana en invierno y acuden para pasar sus vacaciones con la llegada del verano ya que “los abuelos tienen casa aquí”.
El pedaleo de pie sobre la bici, pese a la pendiente negativa, dejaba ver la prisa con la que deseaban llegar a su destino: “la presa”. Así llaman a la zona de baño que, a cinco minutos caminando, se genera en el barranco de Antsobi. La pequeña poza no es demasiado grande. Tampoco muy profunda. Pero sus aguas cristalinas dejan ver los guijarros que residen en el fondo.
En ellas se suelen bañar Zuza e Imízcoz cada tarde después de una mañana protagonizada por el deporte. “Primero solemos ir al frontón a jugar a frontenis y luego por la tarde, si hace calor, venimos. Si no, en otros pueblos suelen hacer torneos de trinquete o de fútbol”, señaló Imízcoz. Pero si el tiempo no les permite hacer uno de estos planes, no pasa nada, ya que “si hace malo vamos al frontón a jugar a fútbol o a raqueta”.
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Lejos de la corriente del barranco, la sombra de los plataneros en la terraza del Hostal Burguete se convertía en el refugio de Margarita Garín, valenciana que disfruta de sus vacaciones en este pueblo desde pequeña. Sujetaba un libro algo desgastado. La tapa estaba rota y el color amarillento de las páginas revelaba el peso que el paso de los años ha ejercido en él.
Sentada en una silla, iluminada por el sol que cada vez brillaba más bajo, recordó cómo comenzó su relación con este lugar. “Vengo desde pequeña, con los veranos de entonces que duraban tres meses, porque mis padres venían al norte”, señaló Garín. Desde entonces ha mantenido la tradición. “Cuando tuve hijos empecé a venir en torno a quince días porque ya trabajaba, pero siempre he seguido viniendo aunque fuera más o menos tiempo en función de las circunstancias”, aseguró la valenciana. Durante esta época, sus jornadas se basan en el descanso y la tranquilidad. Paseos y lecturas en terrazas o junto al río.
Sin embargo, su amor por este lugar va más allá de la calma que le proporciona. “Me llama la atención el olor que es una mezcla de césped recién cortado, hierbas, manzanilla y ganado. También el clima y la gente. Cuando tienes una amistad con alguien de Burguete, también de Pamplona, es una amistad de verdad, es fuerte”, indicó.
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A tan solo unos metros del Hostal Burguete, Juan Bautista, vecino del pueblo, ya se preparaba para el invierno en la parte trasera de su casa. Cogía un tronco de la pila bien ordenada que se apoyaba sobre la pared de su casa, colocaba la madera, agarraba el mango del hacha con fuerza, la elevaba sobre su cabeza y, con un golpe seco, cortaba el tronco por la mitad. “Ya estoy metiendo la leña para invierno y estoy haciendo hueco para los lotes de madera que nos van a traer”, declaró Bautista.
Este vecino de Burguete nació en la localidad pero con 8 años se marchó. “Nací aquí y estuve hasta los 8 años, me fui dos años a Francia y después me mudé a Pamplona. Aún así veníamos los fines de semana y en verano. Después de jubilarme regresé para quedarme”, indicó Bautista.
Desde entonces es testigo del gran cambio que sufre el pueblo en esta época del año. “Burguete con buen tiempo es una gozada y el monte es de lo que más se disfruta. Luego en invierno hace mucho frío”, señaló un Bautista que también aprovecha estos días para trabajar su huerta. Aunque el mayor cambio se ve en las calles ya que “del 25 de julio al 15 de agosto hay más vida”.
De esta forma transcurren las tardes durante el verano en Burguete. La mezcla de vecinos y visitantes que se refugian del caos de las ciudades en este rincón del norte de Navarra para disfrutar de la calma que la naturaleza les brinda.
