Verano en mi pueblo
Las tardes de verano a la fresca en Oroz-Betelu
Con la llegada del verano, el río Irati se convierte en fuente de vida para este pueblo navarro
Actualizado el 02/08/2025 a las 10:17
El río Irati desciende por el valle. Avanza calmado para llegar al embalse de Itoiz. Poco antes de alcanzar su destino, Oroz-Betelu se encuentra a su vera. A esta altura, los niños jugaban en su cauce frío. Entre las ramas de los árboles se cuela una luz cálida que convierte sus aguas en un juego de reflejos. Las gotas saltan como si de chispas blancas se trataran. Mientras, los padres vigilaban a sus hijos y, en el pueblo, los más mayores disfrutaban de la brisa que descendía por el valle y cuidaban sus huertas verdes. Con la llegada del verano, el río se convierte en fuente de vida para este pueblo navarro.
La localidad, que a lo largo del año cuenta con una población de 143 habitantes -aunque sus vecinos afirman que los residentes en invierno pueden reducirse a la mitad-, se transforma con la llegada de la temporada estival. Durante dos meses, se convierte en lugar de encuentro para quienes una vez se fueron y quienes se quedaron, pero también para diferentes generaciones que, pese al paso del tiempo, repiten los veranos que hace años vivieron otros.
Sobre el Puente de Piedra caminaban Unax Arcelus y Amaia Dakota Ugalde, jóvenes de Aoiz que visitan el pueblo los fines de semana durante el invierno y viven en él durante el verano. Regresaban a casa después de haber disfrutado del Irati. “Por la mañana al río y por la tarde al río”, señaló Ugalde entre risas. Aunque Arcelus matizó que no es así todos los días, ya que también “jugamos a frontenis y vamos al monte algún día”.
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Pese a no habitar el pueblo durante todo el año, los fines de semana que acuden en invierno les permiten ser testigos de cómo la vida aumenta con la llegada del claro durante el verano. “Notamos mucho el cambio. En invierno solo están los del pueblo y hacemos poco: estar en el frontón o ir a la sociedad o a casa de alguno jugando y jugar a cartas”, indicó Arcelus.
Camino de regreso al pueblo, tras cruzar el puente y dejar atrás las huertas, pasaron frente al “Akelarre”. Así llamó Cari Vélez entre risas a la reunión que estaba teniendo lugar. Margari Llopis, María Jesús Arcelus, Isabel Martínez, Machi Reta, Maribel Reta y Cari Vélez, vecinas de Oroz-Betelu, formaban este alegre grupo que se refugiaba del sol bajo la sombra del frontón.
Se reúnen en este rincón del pueblo para ponerse al día. “Por la tarde nos juntamos aquí un ratico a la fresca y estamos un rato charlando mientras los jóvenes y los niños van al río”, señaló Margari Llopis. Algo que agradecen estas vecinas de Oroz-Betelu es el ambiente que se ve en las calles durante esta época del año. “Hay ambiente porque salimos desde nosotras hasta los pequeños y estamos en la calle. También hay gente a la hora de ir a por el pan y cuando viene el pescadero”, indicó María Jesús Arcelus.
A tan solo unos metros, en dirección al río, un plan similar se llevaba a cabo. Eduardo Reta, habitante de Oroz-Betelu durante el año, y Jesús Mari Izquierdo -Mari a secas en el pueblo-, vecino de Burlada que acude a pasar los fines de semana y el verano, hablaban en un banco bajo la sombra de un árbol.
Esta “pareja de hecho”, como define Reta entre risas su relación de amistad, comparte buena parte del tiempo durante estos días. Sus jornadas son idénticas según señalan. “Pasear cada vez menos, salir a la terraza y ver el río, almorzar todos los martes y comer fuera de casa algún día”, declaró Reta. Al terminar, Izquierdo comentó que su jornada es la misma ya que “siempre andamos igual”.
Ambos reciben la llegada del verano con gusto debido a que en el las calles se ve a más gente. “En invierno estamos metidos en casa con la calefacción a tope y en verano a la calle en cuanto podemos. Se nota mucho el cambio”, señaló Reta. Para Izquierdo, que comparaba el pueblo con la ciudad, lo más preciado del verano es la paz.
De esta forma transcurren las tardes en Oroz-Betelu hasta que, con la caída del sol, todos ocupan el corazón del pueblo. Los niños juegan y los mayores hablan. Todos “a la fresca”. Llega el momento en que los jóvenes de ayer, los de hoy y los de mañana se juntan para pasar las noches de verano en un mismo lugar, pero siempre a la vera del río Irati.
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