Tradiciones
El legado de las almadías en Burgui
Hombres y mujeres rindieron homenaje al oficio ancestral del Valle de Roncal en la 32 edición del Día de la Almadía. Decenas de vecinos y foráneos aplaudieron su recorrido por el río Esca
Actualizado el 03/05/2025 a las 21:38
Arturo Erlanz Abad, de 74 años, asegura que uno aprende a “almadiar” de verdad cuando en la mitad del recorrido le toca bajarse y, con el agua a la altura del pecho, tirar de tranca para seguir avanzando. Lo sabe porque desde hace más de tres décadas reserva estas fechas para recorrer el Esca montado en una almadía. Así lo hizo este sábado 3 de mayo vitoreado por una multitud que se aunó para verlo partir junto con ocho almadieros más hacia la presa del pueblo en la 32 edición del Día de la Almadía en Burgui.
Erlanz formó parte del primer grupo de locales que se interesó por las enseñanzas que los últimos almadieros quisieron dejarles sobre este oficio ancestral. A sus cuarenta años, el roncalés aprendió a talar, destajar y bajar pinos a los ataderos, donde antiguamente construían las balsas de troncos que en los siglos XIX y XX sirvieron para sostener el comercio en Burgui.
En esos tiempos, en el pueblo podías ganarte la vida de dos formas: como pastor o almadiero. Los que escogían lo segundo transportaban la madera del Roncal alrededor de los pueblos navarros, pero también llegaban hasta Zaragoza y alguna vez arribaron en Tortosa. La duración de los viajes dependía del caudal y del clima. Este sábado, la corriente del Esca dejaba ver las piedras del fondo y el sol vigilaba el recorrido de las dos almadías que partieron cerca del polígono de Burgui alrededor de las once de la mañana. “El agua está un poco justa, pero para la madera que bajamos no ha sido un problema. No ha habido ningún percance”, contó Erlanz tras la llegada de la primera almadía hacia las doce del mediodía. La ilusión que vestía las palabras del almadiero más veterano se debía también a la cantidad de caras jóvenes que llevaban el timón de la balsa con él. Fueron más de veinte los almadieros que se juntaron varios fines de semana desde enero de 2025 para cortar y torcer las ramas de berguizo, atarlas con los troncos de años pasados y así ensamblar los tramos de la almadía. Minutos antes de la hora de salida, mientras los invitados y almadieros comían migas a la orilla del Esca, Iraitz Ibarrola Ariz, de 20 años, probaba el timón de su balsa y se aseguraba de los tramos estuviesen bien atados. Participa desde los 15 y todo lo que los veteranos le han enseñado desde entonces le resulta cada vez más natural. “El día de la bajada es lo más bonito, sobre todo, porque ves que el trabajo que has hecho cobra sentido”, comentaba con una sonrisa.
Al igual que Arturo Erlanz, el padre de Iraitz, Cesar Ibarrola Vergara, fue uno de los primeros roncaleses que sacaron adelante el homenaje. Desde pequeño, Iraitz lo ha visto maniobrar la balsa con maestría en la bajada por la rampa de la presa de Burgui y aquello, además de llenarlo de orgullo, fue lo que lo animó a montarse en la almadía. El sábado, tanto la primera como la segunda balsa, con Iraitz a bordo, fueron recibidas entre vítores y aplausos de las personas amontonadas a lo largo de todo el paseo que bordea el río.
ORGULLO LOCAL
A Astrid Cerdán Zazpe el folclore de su pueblo la llena de orgullo, por eso, desde hace cuatro años se ofrece para inaugurar, junto con otras treinta dantzaris, el Día de la Almadía con tres bailes roncaleses. Abren con el Txun-Txun de Isaba, continúan con el de Uztárroz (que este año no se ha bailado) y finalizan con el Axuri Beltza. “Lo que más me emociona es la gente que viene, que todo el mundo se interese por la almadía que es algo que esta aquí desde siempre”, contaba, vestida de roncalesa. Pero lo que la emociona hasta las lágrimas es la bajada de su cuadrilla en la almadía. “Yo lloro cada vez porque se les reconoce por todo su trabajo. Estoy súper orgullosa”.


