Patrimonio
Así se salvó San Miguel de Izaga
Un libro repasa los entresijos de cómo se fraguó la restauración de la emblemática ermita de la Peña Izaga y lo hace revisando los manuscritos de uno de sus impulsores. Todo ello justo medio siglo después de que comenzasen las reivindicaciones locales


Actualizado el 22/04/2025 a las 07:30
Si nuestros antepasados fueron capaces de construir esta ermita hace mil años, con los medios de entonces y sin más razón que la fe, ¿la generación actual no seremos capaces de mantenerla en pie?”. Corría el año 1975 y Fermín Zuza Zunzarren no podía asistir impasible al deterioro de la emblemática ermita de San Miguel de Izaga (s. XII), donde especialmente el mal estado de la cubierta, plagada de goteras, amenazaba con arruinar toda la estructura. Natural de Zuazu (Izagaondoa), pueblo al que se vincula administrativamente este templo, fue una de las personas clave en conseguir su restauración, que llegó en los años 80. Gracias a ello, la ermita sigue hoy en perfecto estado y recibiendo las romerías de la zona. Bien visible desde toda la comarca a 1.230 m de altitud sobre el perfil de la Peña Izaga (1.361 m).
“Pero no fue una labor fácil. Hubo mucho trabajo y reivindicación local detrás, algo que ahora sale a la luz”. Así lo destaca el investigador Simeón Hidalgo Valencia, de 76 años, quien junto a Mikel Zuza Viniegra (hijo de Fermín, de 54 años, historiador, escritor y bibliotecario) y familia, publica el libro San Miguel de Izaga. Historia de una restauración (1975-1986).
“Está basado en las minuciosas anotaciones manuscritas que dejó Fermín Zuza reflejando cada paso que se daba, y por ello él consta como principal autor de la publicación”, inciden. La edita la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, de la que ambos son socios fundadores, desde su proyecto de mecenazgo Mecna. Se vende a 20 euros y suma 290 páginas.
HOMBRE PERSEVERANTE
Fermín Zuza Zunzarren (1922-2013) nació en Zuazu pero vivió en Pamplona, si bien mantuvo siempre el vínculo y amor por su valle, Izagaondoa. Trabajó en labores administrativas en el Ayuntamiento de Pamplona.


Este año se cumplen 50 desde los primeros pasos dados para pedir la restauración de la ermita de San Miguel de Izaga. “Y estas llegaron principalmente de su mano, sumando aliados y fructificando por su entusiasmo, insistencia y perseverancia. Ante las dificultades se crecía”, defienden Simeón Hidalgo y Mikel Zuza.
La cronología arranca en 1975 y está basada en las anotaciones y documentación anexa que dejó Fermín Zuza. “Las reuniones con la Institución Príncipe de Viana, las instancias a la Diputación, las respuestas recibidas, algunas 'poco halagüeñas', las visitas con técnicos a la ermita, etc. Además, anotaba quién era favorable o entusiasta, y quién no”, indican.
Un proceso en el que también la prensa, como altavoz, fue importante. “Se publicaron diversas cartas reclamando la necesidad de la obra, que no podía costearse a nivel local, en El Pensamiento Navarro y en Diario de Navarra. Las que enviaba Fermín las firmaba con las iniciales de sus apellidos y de su pueblo, Z.Z. de Z., pues no era amigo del protagonismo, si bien siempre estuvo al frente, animando. Le favorecía su presencia en Pamplona y los contactos que podía tener a través de su trabajo”.
LA PISTA FUE CLAVE
Uno de los escollos previos alegados por Príncipe de Viana que hubo que salvar para conseguir las obras era la ausencia de una pista que permitiera subir los materiales. En noviembre de 1979 aprobó su construcción la Diputación y estuvo lista para 1981. “Luego, tras unas labores previas en la cimentación, que realizó Construcciones Leache, el grueso de la obra de reforma se adjudicó a Construcciones Aranguren en noviembre de 1983. Casi una década después de las primeras peticiones”, destacan.
Entre otras acciones, se renovó la cubierta, antes parcialmente tapada con uralita, y se colocaron lajas de piedra; se reabrió la puerta norte; se actuó en los contrafuertes; se puso nuevo suelo enlosado; y se retiraron retablos y el coro de madera. Paralelamente se restauraron las imágenes de San Miguel conocidas como ‘El Amo’ (se conserva todo el año en la ermita) y ‘El Criadico’ (se sube desde Zuazu en mayo y se baja en septiembre).


La inauguración oficial llegó el 25 de mayo de 1986, con 2.000 personas y las más altas autoridades, como los presidentes del Gobierno y el Parlamento, o el arzobispo. Se invirtieron 22 millones de pesetas en la ermita y 6,6 en la pista. El final de un camino que no hubiera podido recorrerse sin el entusiasmo de Fermín Zuza ni de otros nombres clave como José Mª Eslava, Otilio Huarte, Juan Equiza, Paulino Zabalza, Felipe Ituláin o los párrocos Federico Andueza y Julio Gorricho. “Un ejemplo de paciencia, constancia y diálogo. Sin ellos, la ermita hubiera rodado ladera abajo”, sentencia Hidalgo.
