Medicina
El ‘desconocido’ Nobel navarro de 170 años
Santiago Ramón y Cajal nació en Petilla de Aragón en 1852 y está considerado el padre de la neurociencia. En 2022 se quiere avanzar en la difusión de su figura y legado mediante grupos de trabajo a nivel foral y nacional. Este martes se puso la primera piedra


Publicado el 02/02/2022 a las 06:00
Si preguntas a cualquiera sobre Santiago Ramón y Cajal, seguro que le suena de algo. Un nombre familiar gracias a que ha quedado reflejado en el callejero de pueblos y ciudades como reconocimiento a su aportación en el campo de la medicina. Pero, ¿y a partir de ahí? Pocos podrán decir algo más. Es un gran desconocido pese a la importancia a nivel mundial que tuvo para el desarrollo de la neurociencia”. Juan Andrés De Carlos, responsable científico del Legado Cajal, fue uno de los expertos que participaron este martes en una jornada centrada en este navarro, nacido en Petilla de Aragón hace 170 años, que recibió el Premio Nobel de Medicina en 1906 por su trabajo sobre la estructura del sistema nervioso. Una cita que reveló interesantes aspectos, algunos poco conocidos de su perfil.
La cita, promovida por el Ayuntamiento de Petilla de Aragón en colaboración con la Unidad de Innovación Social de Navarra y Cederna Garalur, reunió a medio centenar de autoridades, especialistas y público. Un encuentro que sirvió de arranque para un año especial. El Gobierno de Navarra ha declarado 2022 como Año Significativo para promover la figura de Santiago Ramón y Cajal, y desde el departamento de Universidad, Innovación y Transformación Digital se ha puesto en marcha un grupo de trabajo multidisciplinar. Trabajará en consonancia con otro grupo configurado a nivel estatal por el Ministerio de Ciencia e Innovación, una vez el Consejo de Ministros declaró asimismo 2022 como Año de Investigación Ramón y Cajal (se impulsarán investigaciones especiales 3 ejercicios).
DE PETILLA, AL MUNDO
En su bienvenida, el alcalde de Petilla, Florentino Aguas Arilla, dijo aspirar a que este año “cajaliano por excelencia” tenga “su fundamentación protocolaria en la villa que registró el nacimiento de uno de los mayores científicos de España y del mundo”. Recalcó que Cajal retornó unos días a Petilla “cuando la fama ya le estaba arrollando”. “Entonces el pueblo superaba las 700 almas; hoy ha bajado la cifra a poco más de 30”, comparó, y pidió “ayuda” para que “el pueblo de Cajal no sea en el futuro una simple referencia”.
También al inicio habló Juan Cruz Cigudosa García, consejero de Universidad del Gobierno foral, que destacó a Cajal como “exponente y ejemplo de una investigación científica de excelencia”. “Trabajar en su legado supone impulsar vocaciones científicas, atraer talento, apostar por la formación de jóvenes investigadores, difundir, etc.”, repasó, aludiendo proyectos impulsados en este sentido por el Ejecutivo.
Se cedió en este punto la palabra a Ignacio Hermoso, responsable del grupo de trabajo ministerial para la proyección del Legado Cajal. “Conocimiento y ciencia son factores clave para impulsar la productividad de un país. Y Cajal demostró un espíritu innovador y crítico”, valoró.
En su testamento, Ramón y Cajal (fallecido en Madrid en 1934) quiso preservar sus pertenencias científicas y las legó al Instituto Cajal. Manuscritos, material de laboratorio, dibujos histológicos y anatómicos... Un total de 28.000 elementos inventariados que, hoy, permanecen en un almacén de la nueva sede del instituto inaugurada en 1989. “Años atrás, llegó a haber un Museo Cajal que los exponía. Ahora, tras 33 años oculto, trabajamos para sacar a la luz todo ese legado en un museo estable”, indicó Juan Andrés De Carlos, neurobiólogo del Instituto Cajal (CSIC). “El primer Museo Cajal, con este material, lo impulsaron sus discípulos en 1942 en el propio instituto. Varios también fueron nominados al Nobel. La neurociencia española fue notoria en la época de Cajal, y es muy triste que hoy se le reconozca más fuera que en España. Este año tenemos la posibilidad de cambiarlo”, confió.
Cajal tiene facetas más conocidas, como sus investigaciones y su influencia en la ciencia, pero otras menos remarcadas, como su afán divulgador, unido a su labor docente. Así lo destacó Ignacio López Goñi, catedrático de Microbiología y director del Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra. “Fue clave su compromiso con la sociedad y la divulgación. Redactó libros y escritos, como uno con consejos para dedicarse a la ciencia, y dio conferencias a nivel académico y popular. Decía que la ciencia que no se publica, no existe”, dijo. Recordó que cultivó también otras artes como la fotografía, el dibujo o la escritura.
Desde la Universidad Pública de Navarra, el catedrático de Ciencia de la Computación Humberto Bustince Sola reivindicó a Cajal como “padre de la neurociencia” y consideró la importancia de su trabajo con neuronas como base para el actual desarrollo de la Inteligencia Artificial, que en su caso trabaja con perceptrones.
José Lanciego Pérez, investigador del grupo de neurociencias en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra, apuntó el “carácter innovador y creativo” de Cajal, mostrando su sorpresa por que pudiera “desentrañar las reglas generales de la función cerebral con poco más que la observación con el microscopio, papel y lápiz”. “El cerebro es un órgano infinitamente complejo. Poniendo en fila todos sus circuitos neuronales, darían 4 veces la vuelta al ecuador terrestre”, remarcó.
Como cierre, Juanjo Rubio, representante de la Unidad de Innovación Social de Navarra, recalcó que Cajal dejó “un legado científico extraordinario”. “Fue un hombre de Renacimiento, que supo complementar diferentes saberes. Libre y comprometido por el bien común, admirado en todo el mundo, austero y trabajador hasta el final, nos tendió un puente hacia el futuro”, sentenció.

