ÁRBOLES GENEALÓGICOS
Bucear en la historia, un "laberinto muy adictivo"
- Con la lectura constante de manuscritos, quienes elaboran árgoles genealógicos "llegan a hacerse paleógrafos"
Actualizado el 28/03/2011 a las 18:10
Muchos dejan el trabajo a medias, afirma Juncal Campo, encargada de la sección de microfilm del archivo desde hace trece años. Es un proceso lento. Al principio resulta fácil encontrar información. Pero cuanto más atrás vas en el tiempo se complica. Parece que entras en un laberinto que se cierra. Aunque es muy adictivo.
Xabier tiene 44 años y se está iniciando. Parece que se adentra en su laberinto familiar, y le pide ayuda a Juncal Campo, responsable del servicio de microfilm. Estoy en el siglo XVIII en camino de la desesperación. A veces no se puede leer nada confiesa. Juncal detalla que en esa época se empleaban tintas de mala calidad, que traspasaban el papel dificultando ahora la lectura, y reconoce que el arte de leer manuscritos mejora con la práctica, hasta que llegan a hacerse paleógrafos.
Por ese camino avanzan desde hace dos días Yolanda Marcotegui, de 48 años, y su hermana Marisa. He descubierto que mi bisabuelo se casó cuatro veces. Pero como él, había otros tres hombres en el pueblo, desvela una Marcotegui cuatro generaciones más tarde. En menos de cuatro horas han llegado hasta 1730. Han tenido suerte. La familia se asentó en Salinas de Oro y durante 150 años, por lo menos, no se movieron de ahí.
Los genealogistas que lo han probado prefieren descubrir las raíces familiares en los manuscritos. Es más entretenido, comenta la mayor de las Marcotegui. Sin embargo, ese derecho queda reservado para casos excepcionales. Intentamos que los libros parroquiales se manejen lo menos posible porque su uso continuado los deteriora, justifica el director del archivo. Hasta ahora se ha logrado microfilmar casi un 20 por ciento de los documentos del archivo. Pero esos más de mil carretes, que comienzan en el siglo XVI, llegan hasta 1911. A partir de esa fecha, las consultas sólo pueden realizarse en el Archivo General de Navarra, donde las búsquedas para estudios de genealogía son mayoritarias, como atestigua uno de los técnicos superiores del archivo, Diego Valernado.
Del modo inverso a como lo hace la naturaleza, cientos de navarros acuden al Archivo Diocesano para hacer crecer las raíces desde la última rama. Hay 1.300 consultas al año directamente en las salas, informa la encargada del microfilm del archivo. Aunque Juncal prefiere no juzgar las intenciones de quienes consultan en la sala, a la mayoría le mueve la curiosidad. No sirve para nada, es la ilusión, como la del que colecciona llaveros, expresa María Pilar, gran veterana en esas tareas. La mayor de las hermanas Marcotegui, en cambio, busca algo más. Descubrir de dónde venimos en realidad, si del mono o de Adán y Eva, bromea.