Un bar, una historia

El bar Otano: una cocina octogenaria y renovándose cada año

El linaje de uno de los bares más populares de Pamplona comenzó con la suegra de la actual dueña, Teresa Goñi, trayendo sal en un burro desde Salinas

Teresa Goñi Larrea y Miguel Ángel Asenjo Madoz son la dueña del Otano y el encargado del bar
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Teresa Goñi Larrea y Miguel Ángel Asenjo Madoz son la dueña del Otano y el encargado del bar
Teresa Goñi Larrea y Miguel Ángel Asenjo Madoz son la dueña del Otano y el encargado del bar

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Bosco Hernández

Publicado el 12/07/2021 a las 06:00

Familia. Es una manera de describir a uno de los locales más populares del centro de Pamplona. Y no por el hecho de que llevé más de ochenta años en la misma familia, sino porque los empleados que allí trabajan se sienten parte del engranaje que cada día alimenta a cientos de personas.

Para conocer el nacimiento del Otano, hay que remontarse 112 Sanfermines atrás en el tiempo. El nombre surge del apellido de la familia que fundó el establecimiento, que venían de Larraga y con la que la actual dirección mantiene una buena relación. Felisa Galas acudía al bar para vender la sal que traía desde Salinas con su burro, y lo ataba a una argolla al fondo. Más tarde, Felisa compró el local, y hace más de 80 años que su nuera, Teresa Goñi Larrea, es la dueña del Bar y Restaurante Otano. Todos los días a la una del mediodía se la puede ver sentada en una mesa, tomando tranquilamente un café y hablando con los clientes. Sus hijos, Cristina, Ana y Amadeo están encargados del bar y del restaurante.

Una pieza fundamental del engranaje que hace funcionar la cocina los fogones y la barra del Otano es Miguel Ángel Asenjo Madoz, camarero durante toda su vida y navarro de pura cepa. “Tere ya me considera un hijo adoptivo, y qué mejor sitio para trabajar que una casa mítica e histórica de Pamplona como el Otano”, presume Miguel Ángel con orgullo.

La piedra angular de su cocina es el producto fresco y de temporada. “Se me ponen los pelos de punta sólo de pensar en la menestra de verduras, las pochas o las manitas de cerdo”, comenta Miguel Ángel. El tema de los pinchos es crítico en Pamplona porque hay mucha competencia, como él mismo comenta, y por eso deben renovarse continuamente y dejarse aconsejar por los clientes, que siempre tienen la razón y que, al fin y al cabo, son los que eligen qué quieren llevarse a la boca. “Es difícil quedarse con uno, pero el de chipirón con verduritas en tempura, o el de ensaladilla, me los quitan de las manos”, explicaba Miguel Ángel.

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