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Obituario

Luis Ibero, caballero de Santiago

Luis Ibero en el Portal Nuevo, donde jugaba de niño, en una imagen del año 2003, cuando fue elegido concejal por CDN en Pamplona.
Luis Ibero en el Portal Nuevo, donde jugaba de niño, en una imagen del año 2003, cuando fue elegido concejal por CDN en Pamplona.
  • Juan Cruz Alli
Publicado el 11/11/2020 a las 08:08
Cuando a primera hora de esta mañana nos han comunicado la muerte de Luis, un día que había amanecido lleno de luz se ha transformado en oscuro y triste. Hemos comprobado la verdad de la copla de Los del Río: “Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va. Y va dejando una huella que no se puede borrar. Ese vacío que deja el amigo que se va, es como un pozo sin fondo que no se puede llenar”.

Ahora que te has ido, tu familia, amigos y compañeros quedamos huérfanos y con un vacío en el alma, porque ya no llenarás nuestras vidas con tus afectos, alegrías, humor y buen hacer en todo lo que te proponías. Mari Carmen, Rubén, Marta y nietos, todos sus amigos formamos con vosotros una familia de afectos y sentimientos compartidos con vuestro dolor que es el nuestro. Perdemos su sonrisa pícara, gesto, sentido del humor, buen temple y buena cocina.

Nadie lo conocía como vosotros, pero a lo largo de su vida ha dejado un reguero de bonhomía, basada en su aprecio a las personas por encima de todo, sin la ingenuidad que se atribuye a las buenas gentes. Desde su infancia en Cizur con sus primos y compañeros de aventuras infantiles, los Elía, tuvo la astucia y sagacidad propia de la tierra, que enriquecieron su inteligencia con el trato humano lleno de cordialidad. En Cizur le dieron el apodo de “morico”, donde le conociste Mari Carmen convirtiéndote en “morica” creando una admirable familia que adoraba y le llenaba de orgullo de esposo, padre y abuelo.

Porque era una buena persona tuvo una vocación de servicio a sus convecinos y a toda Navarra, manifestada en su trabajo en la Caja de Ahorros Municipal, la alcaldía de Cizur, el Ayuntamiento de Pamplona, la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, la consejería de Obras Públicas del Gobierno de Navarra y Osasuna. Allí donde estuvo actuó con dedicación y honestidad superando las dificultades con inteligencia, trabajo, simpatía y muchos cafés solos.

Su profunda fe religiosa no era de formalismos, sino que se traducía en obras al servicio de la comunidad parroquial, colaborando contigo, Mari Carmen, donde fuera necesario para ayudar a los demás. Sabía y practicaba que la fe sin obras, es muerta, y que la fraternidad y el bien común hay servirlos por encima de los partidismos.

El número de sus amigos era inconmensurable, porque los producía y alimentaba allí donde estaba, todos crecían a su sombra de buen árbol. Entre todos ellos, hubo en los últimos años de su vida un espacio particularmente querido: la “Asociación Amigos en el Camino”, que promovió con Rosa, Marian, José Carlos, Josetxo, Javier, Nico y Juanjo, a la que se fueron incorporando muchas otras personas unidas por y en el camino de Santiago. Ha sido un espacio de encuentro y hermandad para cuantos se ha acercado, disfrutando de los recorridos y del buen hacer del ranchero mayor que era Luis. Como “caballero de Santiago”, investido en la catedral compostelana, fue un entusiasta organizador y buen hospedero, que dejó en mal lugar a Aymeric Picaud y a quienes denigraron a los navarros del camino, obsequiando a cuantos se acercaban al buen olor de sus paellas y magras.

Tuvo Luis una cualidad que no es muy común en esta tierra nuestra, la capacidad específica para el ejercicio de la amistad y, con ella, del afecto, la generosidad y el desprendimiento. La pasta en que fue modelado en la calle San Antón del burgo de San Nicolás de Pamplona, se convirtió en un hombre lleno de afectos, hacedor de amigos, servidor de todos y constructor de una sociedad mejor. Era ejercicio natural practicado y ampliado con voluntad manifestada en todo momento.

En la hora final de tu vida, tus “amigos en el camino” de la vida y la muerte, que lo practicamos en el de Santiago, estamos convencidos que el apóstol patrón de España ha salido a tu encuentro y te ha presentado como uno de sus caballeros preclaros y mejores servidores. Nosotros nos quedamos con el recuerdo de todo lo que nos ha dado. Estarás presente en cada etapa del camino que recorrimos juntos, lamentando que en las alegría y felicidad que compartimos, tengamos hoy un pozo de tristeza. En una muestra más de tu amor a tu familia y amigos: Luis, no nos dejes, ni abandones, ni desampares, acompáñanos en nuestros caminos, que sigan siendo los tuyos, haciendo juntos camino al andar por la vida.
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