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Transporte

Las villavesas se refuerzan en horas punta

La MCP utilizará todos los recursos disponibles para evitar superar el aforo máximo del 50%

Interior de una villavesa este jueves en Pamplona.
Interior de una villavesa este jueves en Pamplona.
Actualizada 23/10/2020 a las 07:41

Finalmente ningún pasajero se quedó ayer en tierra. No al menos según los datos y registros de la empresa concesionaria del transporte urbano en Pamplona y la Comarca. Y pudo ser así porque el Gobierno de Navarra añadió un matiz importante al avance que María Chivite hizo el lunes en torno a las nuevas medidas restrictivas para tratar de frenar el coronavirus. Dijo la presidenta que las villavesas tendrían un aforo máximo del 50%. Pero la Orden foral precisa que será así “siempre que la capacidad máxima lo permita”.

Esta coletilla cambió notablemente el complicado escenario que se abría en el transporte urbano comarcal porque, tal y como adelantó el martes el presidente de la Mancomunidad, David Campión, la flota disponible resultaría escasa en horas punta para cumplir el aforo del 50% y tendrían que dejar viajeros en las paradas.

Campión expresó entonces que un día de labor en horas punta había hasta 136 autobuses en la calle y que utilizaban 14 vehículos de refuerzo para tratar de absorber la intensa demanda que se concentra en dos tramos horarios, de 7 a 9 de la mañana, y de 14 a 15 horas, coincidiendo con la entrada y con la salida de centros de trabajo y escolares, universidades...

Explicó que sacarían otros cuatro autobuses de refuerzo, 18 en total, pero que no disponen de más y evidenció la dificultad de incrementar la flota y la plantilla de un día para otro, más si cabe para atender una demanda que es muy puntual, con picos más acentuados que antes de la pandemia. “El resto del día la demanda desciende muchísimo”, valoraba, al tiempo que pedía “comprensión” con los conductores, en caso de que tuvieran que cerrar la puerta al completarse el aforo. No fue así porque la Orden foral permite que se supere ese 50% y que los autobuses se llenen. En este sentido, la nueva normativa apenas tuvo efecto en el transporte, salvo el margen de fluidez que pudieron aportar los cuatro autobuses de refuerzo.

Nunca en la historia del transporte urbano comarcal ha habido tantos autobuses en la calle”, apuntaban desde TCC, empresa concesionaria. David Campión corroboraba que la jornada discurrió tranquila.

A pesar de ello, la sensación para muchos viajeros fue de aglomeración, como lo es también otros días y algunos conductores palparon más tráfico de turismos, al menos a primera hora del día.
Nada más publicarse la Orden foral, la Mancomunidad hizo público el miércoles por la noche un texto en el que explicaba que “se utilizará como referencia el 50% del aforo máximo y se seguirán incorporando refuerzos según las necesidades de cada línea en momentos puntuales, de 7 a 9 y de 14 a 15 horas”. Pero añaden que “cuando se encuentre en servicio toda la flota disponible, según la orden foral mencionada, se continuará permitiendo la entrada de las personas viajeras aún habiéndose alanzado el aforo máximo, salvo en los momentos de gran concentración de personas en el interior del autobús”.

La Mancomunidad recordó que se utilizan todos los vehículos disponibles en la flota y que, desde ayer, se habilitan 18.

NOCTURNO EN FIN DE SEMANA

La entidad indicó, por otro lado, que “aunque en la orden foral no se hace referencia al servicio nocturno de Transporte Urbano Comarcal, se ha decidido adelantar la hora de finalización del servicio de los viernes, sábados y vísperas de festivo”. De este modo, si el servicio terminaba a las 2.00 horas, a partir de mañana acabará a las 00.00 horas. Se aplicará, en fin, el mismo horario que los días laborables. Las diez líneas nocturnas están ligadas al ocio y el cierre de la hostelería, estiman, reducirá notablemente la demanda.

Testimonios en hora punta

Algún día va tan llena que prefiero dejarla pasar y coger la siguiente”, contaba apresurada una viajera, ayer a las 8 de la mañana, en la marquesina de Cuatrovientos, en la avenida de Guipúzcoa de Pamplona, dirección al centro de la ciudad. Hablaba de la línea 16 del transporte urbano comarcal. Sube a la villavesa cada día, poco después de las 8, para acudir a su puesto de trabajo en Azpilagaña. “Pero bueno, la 16 siempre ha sido igual”, desvinculaba las aglomeraciones de los aforos por la normativa covid-19. “La peor hora es la entrada de los colegios, hasta las 9”, apuntaba su testimonio desde el anonimato.

Danhie Rodríguez, estudiante de Bachillerato Artístico en el Instituto Plaza de la Cruz, también toma cada mañana la villavesa en Cuatrovientos. La 21 o la 17, en su caso. Planteaba que sería buena idea fletar autobuses para estudiantes en esas horas punta. “Serviría de apoyo escolar”, apuntaba poco antes de acceder al bus. Una línea tras otra. Bajaron de la 16, que venía desde Berriozar para subir en la 21 camino de la Txantrea a su centro de estudios, Samuel Encinas y Abdou Khayry, con otros tres amigos. Tienen entre 16 y 17 años y se desplazan a diario en el bus. “A la ida vamos bien, sentados y todo, a la vuelta es peor, hay más gente”, comentaban sin queja.

A pocos metros, en una jornada de temperaturas suaves, 15 grados en el termómetro electrónico, el viento sur jugueteaba con la bolsa del almuerzo de Joshua, 4 años. Cogía de la mano a su madre, Aiznet Luziaga. Cubren a diario el trayecto entre San Jorge y Azpilagaña camino del colegio del niño. “Siempre hemos podido entrar, hay gente, pero vamos bien”, señalaba mientras las villavesas recogían y dejaban viajeros en un equilibro casi matemático. La línea 16 de las 7.58 horas llegó con refuerzo, de modo que el primer bus, articulado, no se detuvo.
A las 14 horas

La hora punta parece aún más afilada en el segundo tramo crítico, entre las 14 y las 15 horas. Es la sensación a bote pronto, apostado varios minutos en alguna de las paradas de la red, como la situada entre la Clínica Universidad de Navarra y el CIMA. Allí se detienen la 2, la 4, la 15 y la 18 del servicio diurno. A las 13.58, ayer, la afluencia era aún escasa, apenas dos o tres personas en la marquesina. Cinco minutos después, la zona de espera se llenó, algunos viajeros optan por quedarse fuera del marco que dibuja la marquesina. Dentro estaba Rubén Carrasco Cuesta, estudiante en la Escuela Sanitaria. Sus clases son por las tardes, de manera que no percibe tanta aglomeración en el autobús, en la línea 18.

“Bastante llena” ve cada día la 4 H otra viajera que prefirió no aportar su identidad. “El otro día en Burlada una señora sacó una foto y dijo que iba a presentar una queja, era sobre las 7.30 de la mañana”, describía esta estudiante de Grado Medio en la Escuela Sanitaria. Explicaba que invierte entre 40 y 45 minutos en el trayecto entre Hospitales y su casa, en Huarte. “Lo que tarda mi amiga en ir a Estella”, añadía.

Usuaria veterana de las villavesas es Myriam Sancha Zúñiga. Cuarenta años a bordo de los autobuses urbanos en Pamplona. De 57 años, reside en Iturrama y toma la línea 2 para acercarse a su puesto de trabajo en la Clínica Universitaria. “Cojo la primera, la de las 7.05 y a veces llego muy justa porque entro a las 7.15”, indicaba.

Nahia Eraso Vizcar, 17 años, estudia en Donapea y camina hasta el CIMA para tomar la 4, como hizo ayer sobre las 14.20 horas. Después hace un transbordo y monta en la 21 para llegar a la Rochapea: “La 4 se suele llenar, la 21 no”. Junto a ella Amaia Induráin Alduán, 18 años, también alumna de Donapea, es usuaria de la línea 4 y a diario en horas punta, como la mayoría de estudiantes y trabajadores.
Goizeder Rico Galindo, de 23 años, necesita coger cuatro villavesas al día para desplazarse desde Zizur, su lugar de residencia, hasta la Universidad Pública de Navarra, donde estudia. Va en la 18 hasta la plaza de Merindades, y allí toma la 9, o la 1. No escondía su temor por el contagio de la covid-19. En una conversación a pie de marquesina, sentenciaba: “Si no me cuido yo, dentro del autobús no lo hará nadie”, lamentaba que “tanta gente vaya hablando en el interior del vehículo, un espacio cerrado y con mucha gente, sin distancias”. “Es horroroso”, resumía su pesar. Invierte unos 20 minutos entre Zizur y Merindades, y entre 10 y 15 para llegar en otro bus a la UPNA.

Son muchos minutos en el autobús, y en horas punta. Goizeder utiliza el transporte público “por necesidad”. Son las 14.24 horas y la tranquilidad regresa a la parada, en una de las arterias de la ciudad con más circulación de villavesas. En media hora se llenará de nuevo.

 

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