Ciudadela
El txistu sonó en 2020, a pesar del virus
El Alarde de Txistularis no pudo celebrase esta vez en San Fermín al suspenderse las fiestas. Pero se pudo recuperar este domingo y 38 músicos tocaron y cantaron en la Ciudadela de Pamplona, en la que fue ya la 61 edición de este acto musical


Actualizado el 07/09/2020 a las 07:32
Hubo Alarde de Txistularis. A pesar del coronavirus. En diferente fecha y lugar al habitual. Ni en San Fermín ni en la Plaza de San José. Pero lo hubo. Se celebró este domingo en la Ciudadela, en una mañana más otoñal que veraniega que aguantó, por los pelos, sin lluvia. Las más de 500 sillas blancas que el Ayuntamiento había dispersado distanciadas, bien distanciadas, como distintivo de la época actual, en el parque pamplonés casi se llenaron por un público heterogéneo, de todas las edades, desde octogenarios a bebés en silletas. Así que, durante cerca de hora y media la música del txistu trajo algo de San Fermín al centro de Pamplona.
61 EDICIÓN
La Asociación de Txistularis de Pamplona, con Patxi Rodríguez Armenta como presidente, después de 60 años ininterrumpidos actuando en San Fermín, no quiso dejar el ‘hueco’ de 2020 en su historia musical. Y este domingo consiguió celebrar su 61 edición de este concierto conocido como Alarde con un programa en el que se combinó obra de Manuel Turrillas con piezas de música de origen irlandés, griego y balcánico, hasta, incluso, con banda sonora cinematográfica, la de la película El puente sobre el río Kwai (1957), entre otras. Siempre con el txistu como protagonista, “un instrumento que está más vivo que nunca”, en palabras de Ventura Ruiz, la presentadora del concierto, quien mostró su satisfacción por estar este domingo poniendo música a la Ciudadela. “¿Quién nos iba a decir que lo íbamos a poder celebrar?”, preguntó retóricamente al público, al mismo tiempo que recordaba que el Alarde de Txistularis es el acto más antiguo de las fiestas de San Fermín.
Las exigencias de los tiempos llevó a otro cambios, como a una reducción en el número de intérpretes. Actuaron 28 txistularis más diez músicos, cuando normalmente el Alarde cuenta con 20 más. Entre quienes participaron este domingo estaba Estitxu Castellano Quintana, de 32 años, que cantó en tres obras. Entre las primeras filas estaba sentada su madre, Maite Quintana Martínez, quien manifestó no tener ningún nervio ante la actuación de su hija, “porque ella tampoco los tiene nunca”, afirmó, mientras esperaba su actuación, acompañada de su marido, de su madre y de su yerno. Además de cantar, Estitxu Castellano es txistulari desde pequeña, desde que estudiaba en la ikastola Jaso. En su currículum se añade el grado de Pedagogía Musical, terminado este año, y el de Bellas Artes.
JOAQUÍN LECUMBERRI
Como público asistió Joaquín Lecumberri, autor de dos de las obras que se interpretaron. La primera de ellas fue Ingurutxin, compuesta en 2011 y que hace referencia al ‘ingurutxo’, el conjunto de danzas que se bailaban en Navarra. Además, pudo escuchar su Gazteluko Plaza (Plaza del Castillo). Pasodoble navarro con variaciones. “Lo llamé así porque el pasodoble se asocia al mundo de los toros, de la marcha, a Andalucía, a las procesiones... Manuel Turrillas impuso un estilo de pasodoble propio de Navarra que es en el que yo me he basado para evocar la fiesta de aquí”, dijo a la salida del concierto, mientras recibía diversas felicitaciones.
HOMENAJE A TURRILLAS
La celebración de este domingo también contó con una parte de homenajes. Precisamente, uno de ellos estaba destinado a Manuel Turrillas, de quien se interpretó la única obra escrita para txistu, según explicó Ventura Ruiz, titulada Recuerdo de amistad, pequeña fantasía. También recibió un homenaje La Pamplonesa, representada por su subdirector, Jesús Garisoain, autor de los arreglos de la obra. Recogieron los pañuelos de San Fermín María Turrillas Roldán, hija de Manuel Turrillas, y el propio Garisoain. Los entregaron Aitor Urquiza, director; y Patxi Rodríguez, presidente de la Asociación de Txistularis de Navarra. Como representación institucional, acudió el concejal de Educación del Ayuntamiento de Pamplona, Fernando Sesma.
Con nubes pero sin lluvia aguantó el Alarde hasta el final, para que no pueda decirse que 2020 se quedó sin él. Se celebró, eso sí, como mandan los tiempos, con límite de aforo, con un público cubierto por mascarillas y manos ‘engeladas’ de hidroalcohol, pero con ganas y fuerza para aplaudir. No se habló de los próximos Sanfermines, los de 2021. Al finalizar el bis del pasodoble de Lecumberri, los asistentes fueron dejando las sillas blancas otra vez solas, sobre una hierba que fue verde y ayer lucía canas, junto la vestimenta de hojarasca marrón de los árboles por los suelos, anunciadora de un temprano otoño.