Pamplona

"Al acabarse la farlopa cogió dos cuchillos y nos amenazó"

Uno de los tres hombres que vive en la bajera de la calle Urzainqui, en el barrio pamplonés de la Rochapea, admite que en el interior se consumen drogas y que se han producido numerosos incidentes, aunque niega que allí se vendan estupefacientes. Su hermana asegura que no paga alquiler ni suministros y que ya hay en marcha un procedimiento para desalojarlo

AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 18/08 LUGAR: ROCHAPEA TEMA: BAJERA
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G., de 53 años y uno de los inquilinos de la bajera, posa de espaldas ante el local de la calle Urzainquii.b.
AUTOR: IVAN BENITEZ FECHA: 18/08 LUGAR: ROCHAPEA TEMA: BAJERA

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Iván Benítez

Publicado el 22/08/2026 a las 05:00

El hombre que asegura ser el responsable de la bajera, G., de 53 años, no lo es, según sostiene su hermana. La mujer regenta un negocio de belleza justo al lado del local y le ha denunciado en varias ocasiones por amenazas, agresión y por engancharse presuntamente a la instalación eléctrica de su establecimiento. Según su versión, G. tampoco paga alquiler. “No lo ha pagado nunca”, denuncia. “Lógicamente, no paga la luz. Por eso se la cortaron y se enganchó a la de mi negocio. No paga el agua. Le debe un montón de dinero a mi padre si hiciéramos cuentas de luz, agua y de todo. No ha pagado nunca nada”. Relata, además, que G. no dispone de contrato alguno sobre la bajera y que existe un procedimiento para que abandone el local. “Un desahucio por precario”, aclara. “Porque las condiciones de habitabilidad no son adecuadas”. 

Este periódico coincide con G. cuando sale de la bajera, 48 horas después del último incidente. Él sostiene que vive allí desde 2015 y se presenta como el dueño. No duda en hablar de lo ocurrido durante la madrugada del 15 de agosto. Asegura que estaba durmiendo. “Y cuando desperté había una chica dentro junto al Cuba. Habían estado fumando farlopa. Y cuando ya no hay, se pone de mala leche y monta la película”, relata. “Habíamos cogido un puto gramo y somos cinco. Y no hay más”. Afirma que la mujer tomó entonces Trankimazin o uno similar. Después, según su relato, cogió dos cuchillos de cocina y amenazó. “Se los quité. Los quería clavar porque no había más droga”. G. sostiene que consiguió arrebatárselos y niega que saliera posteriormente armado a la calle. “No necesito armas”. 

El incidente no terminó ahí. Según su versión, dos jóvenes acudieron a la bajera y aporrearon la puerta. “Venían buscando a la chica porque les había quitado cien euros y un teléfono móvil. Y, claro, como está aquí, la culpa es mía”. G. afirma que los jóvenes fueron hasta un contenedor de vidrio y comenzaron a lanzar botellas. Ante las quejas de los vecinos, “me parece normal que se quejen. Ha habido problemas”. También defiende su derecho a decidir quién accede a la bajera. “Esto es mi casa y no puede venir cualquiera a exigir entrar”. 

Según G., habitualmente duermen tres personas en el local que, reconoce, contribuyen a los gastos. “Me traen comida, me ayudan con cosas y colaboran para el alquiler”. Admite igualmente que la policía ha tenido que acudir en numerosas ocasiones y rechaza que se venda droga. “Aquí no se vende droga. Eso lo niego”. Sí dice que algunas personas llegan a la bajera con droga comprada en otros lugares. “Una cosa es consumir y otra que aquí se venda”, recalca. Respecto al Cuba, detenido tras los últimos incidentes, G. asegura que ya se encuentra en libertad y que ha vuelto a dormir en la bajera.

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