Transporte urbano comarcal

Una mañana en las cocheras de las villavesas: "No pedimos dinero, sino condiciones laborales dignas"

Desde febrero, chóferes de las villavesas se concentran cada jornada de paro en las cocheras del transporte urbano comarcal. Los piquetes paran a los autobuses que inician el servicio, ralentizan la salida en un conflicto que no encuentra la meta

Trabajadores concentrados a las 6.15 de la mañana de este miércoles, 24 de septiembre, en  las cocheras de Ezkaba a la hora de inicio del servicio diurno /
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Trabajadores concentrados a las 6.15 de la mañana de este miércoles, 24 de septiembre, en las cocheras de Ezkaba a la hora de inicio del servicio diurno /
Trabajadores concentrados a las 6.15 de la mañana de este miércoles, 24 de septiembre, en  las cocheras de Ezkaba a la hora de inicio del servicio diurno /

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 25/09/2025 a las 05:00

Siete grados a las seis de la mañana de este 24 de septiembre. El frío vuelve de nuevo a la campa de las cocheras del transporte urbano comarcal en Ezkaba. Y con él, el otoño de un conflicto laboral que arrancó en invierno y ha conocido verano y primavera. En febrero, el comité de TCC, la empresa que lleva desde 2009 el volante de este servicio público, inició los paros parciales por “un convenio digno”. En estos siete meses se han sucedido encuentros y desencuentros. Pero en cada una de esas mañanas de paros ha habido trabajadores en la campa desde las 5.30 de la mañana. Como este miércoles. Una veintena, en corrillos y tertulias donde el conflicto laboral no es el único tema de conversación. Hay tiempo para todo.

Javier Perú está entre ellos. Pertenece al comité de empresa, por ELA. Tiene 58 años y trabaja desde hace 18 como chófer de villavesa. “Antes cambié dos veces de empresa, ahora lo haría otra vez, pero con mi edad, a dónde voy”, se pregunta. Recuerda que hoy jueves están llamados por la empresa una reunión. No tiene demasiada esperanza. “Nos ofrece dinero y nosotros queremos condiciones laborales dignas”, enumera. Él apura estos días sus vacaciones, pero madruga para acudir a la concentración. “Estamos hasta las ocho y media, acabo baldado aquí quieto, pero hay que estar”, reflexiona. Cada jornada de paro supone unos cien euros menos en la nómina, responde.

Al otro lado de la campa, no tan arropado, está como cada mañana de paros, Antonio Fernández Tafalla, director de zona de Moventis TCC, que este jueves se reunirá con el comité.

Entretanto, dan las 6 y los trabajadores van llegando a cocheras. Entran y el inspector les entrega la tablilla con el número de autobús de su línea, cogen la caja con los cambios y buscan el vehículo entre los 163 que hay entre el garaje interior y el exterior. “Antes cabían todos aquí, con la Cotup que eran 50 buses, todos diesel echando humo. Esto parecía Londres”, apunta el inspector Jorge Gurucharri Jáuregui.

Los autobuses salen de manera escalonada para situarse en la cabecera de su línea. Los piquetes informativos paran a cada uno de ellos. Si es de servicios mínimos le colocan el cartel que lo indica en la parte derecha de la luna delantera. Este miércoles ha secundado el paro el 83% de la plantilla del turno de mañana. Esto significa que han salido nueve autobuses más de los 82 que fijan los servicios mínimos (del 60%) para un día laborable en hora punta. Los chóferes de esos nueve vehículos son recibidos con pitidos de silbatos de los compañeros concentrados y al grito de “¡Esquirol!”. La tensión crece, pero se desvanece en segundos. Un furgón de la Policía Nacional, con un agente en el exterior, vigila la salida.

Los viajeros van llenando las paradas y las villavesas son un motor importante para poner en marcha Pamplona y su cinturón metropolitano. En esas franjas la demanda alcanza las 12.500 personas por hora. Unas 140.000 mueven al día los 163 buses de la flota.

En hora punta, este miércoles había 146 autobuses en la calle. Los 137 del turno, más los refuerzos, habilitados sobre todo para salidas de colegios. Casi un 80% de las usuarias del transporte público son mujeres y la mayoría se desplaza a trabajar o a estudiar.

LOS DESCANSOS

Javier Perú explica que una de sus reivindicaciones son los descansos, la media hora para almorzar... “Antes, como había menos gente y menos tráfico, sobraba tiempo en las cabeceras, ahora cada vez menos, no tenemos estipulado descanso y queremos que lo ponga en la tablilla porque si te topas con el camión de la basura o tiene que subir una persona con movilidad reducida, ya te has comido el descanso. Lo más importante es eso”, opina él.

“Y los horarios, que están sin tocar desde hace muchos años. Por ejemplo la línea 5 lleva el mismo horario desde hace 30 años. Va desde Orvina hasta la Universidad de Navarra y hay compañeros que no bajan en todo el día, con estrés, con tráfico. Hay líneas más cómodas y otras más estresantes”, apunta.

Menciona también que los horarios no son regulares. “Hay turnos de tarde en los que acabas a las once y media de la noche, trabajas 200 días al año y los 200 con distinto horario”, lamenta.

Alberto Longás, de UGT, es conductor y presidente del comité. También acude a la concentración. “No venimos muchos, pero hay gente de tarde, de vacaciones, no es fácil”, indica, si bien el comité pidió la semana pasada más implicación a la plantilla en las movilizaciones.

“En cuanto a las condiciones económicas, sí, reclamamos vinculación al IPC porque ya lo teníamos en el convenio actual y la recuperación que se quitó en la anterior concesión alegando que iba a haber pérdidas, que tampoco se han demostrado nunca porque las cuentas no nos las presentan. El resto de peticiones son temas de bajas, de calendarios, de reducciones de jornada, de compañeros y compañeras contratados media jornada y haciéndola partida, cuando por convenio no se puede; les hacen firmar una cláusula adicional donde se indica que les pondrán jornadas partidas” , asegura. “Hay compañeros y compañeras que vienen a trabajar dos horas por la mañana y luego otras por la tarde o por la noche y estás todo el día pendiente del autobús. No se pueden hacer jornadas. Es precarizar”, sostiene.

Alberto Longás afirma que “prácticamente el 100% de los trabajadores fijos secunda la huelga. “Hay eventuales que no”, apunta.

Se acercan las siete de la mañana y amanece en Pamplona. La luz no trae el sosiego. A las 8.30 acaba el paro y entonces toman el volante los chóferes en huelga a los que no les han correspondido servicios mínimos. Son otros 46 autobuses para las 25 líneas diurnas de Pamplona y la Comarca.

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