Tradiciones
Salinas de Ibargoiti se vuelca en la trilla
Cientos de personas se acercaron al municipio en su XXVI Día de la Trilla para recordar cómo se segaba y trillaba antes de la mecanización del campo


Actualizado el 27/07/2025 a las 20:09
Trillar consiste en separar el grano de la paja. Con el fin de recordar y conmemorar cómo se trillaba antes de la mecanización del campo, Salinas de Ibargoiti organizó el XXVI Día de la Trilla. El municipio se llenó de cientos de personas que acudieron de toda Navarra para observar las exhibiciones de siega a mano y, especialmente, la trilla de la antigua trilladora Ajuria, que opacó todas las miradas.
El proyecto nació hace 27 años, cuando varios vecinos de Salinas vieron un reportaje en la televisión sobre un pueblo aragonés que organizaba un día para recordar la siega y la trilla. Tras comprobar que los jóvenes del pueblo desconocían por completo estas labores, lo comentaron en la sociedad gastronómica, donde varios vecinos, entre los que se encontraban Ignacio Valencia y Josetxo Esparza, se animaron a comprar una trilladora en Abaurrea y una segadora en Echauri, para organizar un día donde se viese como se trabajaba el campo antes. “A la gente mayor le gusta recordar y enseñar a los jóvenes lo que se hacía en el campo en esos años. Por eso este día triunfa”, explicó Valencia.
El trabajo que actualmente realizan las cosechadoras, que siegan, trillan y limpian el grano de una tacada, se hacía antes de forma manual. “Se segaba a mano con la hoz y se agrupaba en fajos, que se llevaban en carro a la era. Allí con un trillo y burros, le daban vueltas para separar el grano de la paja. Después con unas horcas lo aventaban cuando había viento, para que el trigo, más pesado, se separase de la paja”, expuso Josetxo Esparza.
El sistema se actualizó con la llegada de la segadora, que hacía los fajos que se tiraban a la trilladora, la atracción principal del Día de la Trilla. “El funcionamiento de la trilladora es sencillo: separa el grano de la paja gracias a un sistema de poleas conectadas al tractor. El grano cae a unos sacos colocados en un costado de la trilladora y la paja sale despedida por un tubo hacia el exterior”, describió Esparza.
Sin embargo, manejar la trilladora no fue sencillo, y varias veces se paró o se atascó. Al principio, la máquina accionó su sistema de poleas gracias a la fuerza que daba el tractor, pero los vecinos de Salinas quisieron mostrar otras fuentes de energía que se empleaban, como un motor creado específicamente para la trilla. Esto supuso el inicio de varios infortunios para los trilladores. Tras varios minutos tirando de la manivela del motor, los vecinos consiguieron poner en marcha el motor, aunque duró escasos minutos. Una polea saltó, lo que pudo ser peligroso si hubiese impactado en alguien. “Pasa por querer hacerlo rápido", comentó Carlos Areta, vecino de Huarte. "Es culpa del motor, que no tiene fuerza", lamentó Josetxo Esparza.
Al final, tras minutos parada, la trilladora funcionó con tanta fuerza que Josetxo, subido al carro de las espigas, se apresuró a tirar los fajos, que eran devorados por la trilladora.
Pero al poco tiempo, la trilladora se atascó por acumulación de paja. Los vecinos se movilizaron para intentar desatascarla con palos. Ante la imposibilidad de reactivarla con el motor, los trilladores decidieron reanudar la trilla con ayuda del tractor, que jubiló al motor, provocando que la máquina volviese a funcionar a máxima potencia.
Los más pequeños aprovecharon para montarse en los tractores expuestos, y algunos optaron por refugiarse en la sombra para disfrutar de los bocatas, cortesía del esfuerzo de todo el pueblo. Los más mayores, como Ángel Mari Irazabal, se levantaron a las 6 de la mañana para cortar el pan y hacer las magras de los bocadillos del almuerzo, ayudados por los jóvenes que volvían de una noche de juerga en las fiestas de Idocin, el pueblo vecino. El resto del pueblo colaboró montando y repartiendo los bocadillos y el vino. “Al final trabajamos todos”, resumió Noelia Irazabal, hija de Ángel Mari.
Las temperaturas agradables permitieron una mayor asistencia en comparación con años anteriores. “Este año hay el doble de gente de la que vino el año pasado. Vengo siempre por curiosidad y creo no hay mejor forma de pasar la mañana”, comentó Jesús Izco. “He venido porque yo trillaba de niño en Sarriguren, y hacía muchísimos años que no veía trillar”, contó Carlos Areta, aficionado a las maquetas de herramientas del campo.
El evento fue orquestado por el Concejo de Salinas y la Sociedad de la Trilla, que cerró con la comida popular y el concierto de ‘Los Beni’.
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