Ocio

Así eran las discotecas en la Pamplona de los ochenta: noche tras noche en Reverendos, Bye-Bye, Amazonas y el Gure Kaiola

Recuerdos de la juventud de hace cuarenta años a través de los locales de ocio nocturno que marcaron una época

El Young Play, hoy Ozone
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El Young Play, hoy Ozone
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Fernando Hernández

Actualizado el 27/02/2025 a las 08:20

Tengo que reconocer que no he sido nunca muy de discotecas (y quien me haya visto bailar una fracción de segundo entenderá por qué), aunque no cabe duda de que las discotecas, que todavía combinaban ese nombre con otros más antiguos, como el de salas de fiestas, formaban parte del paisaje de mi adolescencia y primera juventud. Pero el derribo del antiguo Gure Kaiola parece cerrar un ciclo para los nostálgicos de la nostalgia.

Yo creo que mi primer cubata me lo tomé con quince o dieciséis años en la discoteca de Casa de la Juventud. Ahora que releo esta frase, no se me ocurre nada que refleje más las diferencias registradas en cuarenta y tantos (¡ay!) años entre la adolescencia de antes y la de ahora.

Con menos de 18 años, aunque no creo que nadie mirase la edad, también íbamos a la boîte  del Tenis. A ella entrábamos algunos adolescentes que no éramos socios saludando con seriedad al portero, con tanta seguridad que no nos pedía el carné. Si preguntaba, había una retahíla de excusas estándar (“es que me lo he dejado en casa”, “lo tiene mi madre, que está dentro”…) de eficacia dudosa. En cualquier caso, mejor que enfrentarse al debatido reconocimiento facial.

Joaquín Sabina baja las escaleras de Bye-bye acompañado de dos jóvenes
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Joaquín Sabina baja las escaleras de Bye-bye acompañado de dos jóvenesOriginal de la web desaparecida tocataeventos.com
Joaquín Sabina baja las escaleras de Bye-bye acompañado de dos jóvenes

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Después, se abrían las puertas de las discotecas. El Guacamayo, con su estética psicodélica en el logotipo, ya se había convertido en 1980 en el Bye-Bye, una discoteca moderna que presumía de pop. Con los años, se transformó en Sector, tuvo en el ONB, su sala secundaria, una versión más adulta. Ahora su nombre es Caney.

El Gure Kaiola, en 1987.
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El Gure Kaiola, en 1987Jorge Nagore/Archivo
El Gure Kaiola, en 1987.

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El Young Play, con su característica entrada redonda en el barrio de San Juan, también abandonó en 1985 la psicodelia para convertirse en Reverendos, y, ahora, en Ozone.

Y al final de la avenida de Bayona estaba el Amazonas, cuyo nombre fue mutando a Más y más, Vaivén y, en los últimos años, Enter. El Amazonas tenía fama de ser una discoteca con chicos y chicas proclives al contacto físico. No sé si me entienden.

Había en esos años un concepto que luego solamente he visto en algunos pueblos, pero que entonces arrasaba: el de disco-pub. Eran lo que hoy llamaríamos bares de copas, muy poco más grandes que un bar normal, con una tarima de cuatro o cinco metros cuadrados en la que se bailaba con unas apreturas dignas del chupinazo. En la Trave, sitios como el Locos (con su fachada decorada con la portada que hizo Barry Godber para el disco ‘In The Court of The Crimson King’) o el Disco Bogey respondían a ese esquema.

En el Gure Kaiola (por cierto, la propia discoteca escribió su nombre como Kayola y Kaiola en distintos momentos) solo estuve una vez, hace justo cuarenta años, para cubrir un concierto de Mari Trini en la discoteca de Sarasa a finales de febrero de 1985. Según escribió mi yo de entonces, el público no era el ideal para Mari Trini, aunque consiguió ganárselo en su actuación de menos de una hora.

Qué tiempos.

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