Pamplona
Curtidores, una casa sobre el río Arga y en el limbo legal
Tres amigos compraron en 2014 un edificio histórico en el que había crecido uno de ellos: la Casa de Curtidores. Tras un largo litigio, han logrado una sentencia favorable, pero el ayuntamiento no les concede la licencia


Publicado el 27/10/2024 a las 05:00
Cinco siglos sobre el río Arga y una década de litigios y trabas legales. La Casa de Curtidores mantiene en vilo a sus tres propietarios, tres amigos pamploneses que en 2014 se pusieron a dar forma a un anhelo que, todavía hoy, sigue en un limbo legal que depende del Ayuntamiento de Pamplona y de la licencia que no termina de conceder. El sueño: comprar el viejo caserón, en el que uno de ellos nació y creció, y convertirlo en viviendas para residir en ellas.
La Casa de Curtidores es historia viva de Pamplona. Se levanta en la orilla del río Arga, pegado al cauce, lo que le proporciona un halo romántico, casi gótico -ahora algo fantasmagórico, dado su estado ruinoso-. Constituye el último vestigio de un barrio medieval ya desaparecido, el de las Tenerías, que en la Pamplona del siglo XVI se dedicaba al curtido de pieles.


Esos tres amigos, propietarios actuales del edificio, son Ismael Cuadrado Pascualena, de 52 años, Peio Amatriain e Imanol Retegi, ambos de 49 años. Todos ellos de Pamplona. Visitamos con ellos el edificio. Quedamos en encontrarnos en la parte baja del ascensor de Descalzos para llegar hasta el edificio, ahora en ruinas, sin tejado, tras el incendio que se declaró en 2012 y que hizo colapsar la cubierta. Por entonces estaba okupado.
MALEZA Y BASURA
La Casa de Curtidores se ubica en la ribera izquierda del río Arga, entre el portal nuevo y el puente de la Rochapea, bajo el mirador de la plaza de la Virgen de la O. El acceso a la parcela, que cuenta con un pequeño jardín, se hace por la calle Bajada del Portal Nuevo, desde la que se abre un pequeño camino, que pasa desapercibido para quien desconozca el paraje.
Nos internamos en el sendero, sombrío, cubierto de maleza y bajo una cúpula de ramas que se trenzan y retuercen. A los pocos metros sorteamos cuatro tiendas de campaña que se levantan sobre el mismo camino, rodeadas de ropa y de enseres de varias personas que sobreviven en ellas. El terreno donde se encuentra el pequeño campamento es propiedad del Ayuntamiento de Pamplona, pero está abandonado a su suerte. De las ramas de los árboles pende ropa secándose y la basura campa a sus anchas. Ahora mismo, no es el lugar con el que soñaban los tres propietarios. Rebasadas las tiendas, llegamos al edificio en ruinas. Pese a su estado, permite imaginar un pasado idílico.


De los tres amigos, Peio Amatriain es el que nació y creció en la Casa de Curtidores. “Éramos dos familias de primos, los Amatriain y los Abaurrea. La casa la compró en los años 30 del pasado siglo mi tío, Pedro Abaurrea. Era como vivir en un pueblo. Teníamos animales: cerdos, gallinas, conejos. Y también una huerta. Era como si viviésemos fuera de Pamplona, pero en realidad estábamos al lado del centro, del Casco Antiguo”, recuerda Amatriain.
La casa -sobre todo su ubicación- está cargada de historia. Aunque no es el mismo edificio que se levantaba en el siglo XVI, el historiador Juan José Martinena data su construcción aproximada un siglo después, en el XVII. Hasta el año 2004, el inmueble estuvo habitado. Entonces, tenía ocho viviendas, cuatro por planta. Peio Amatriain creció feliz en un edificio vinculado irremediablemente al río. “Volver a vivir aquí para mí era un sueño. Era un proyecto sentimental. Aquí no hay especulación ni hay mucha posibilidad de ganancias”, continúa. Fue en 2018 cuando encargaron el proyecto a los mismos arquitectos que diseñaron el molino de Caparroso’. “Después de tantos años, los costes de construcción no tienen nada que ver con los de antes. La vida personal de los tres ha cambiado radicalmente, y el desgaste emocional es muy grande”, se lamenta Amatriain.
LA LICENCIA QUE NO LLEGA
Lo cierto es que, en este momento, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra les ha dado la razón a un recurso que presentaron los propietarios por la negativa del Ayuntamiento de Pamplona a concederles la licencia. De hecho, el consistorio ha recurrido la sentencia que da la razón a los tres propietarios en dos instancias: el propio TSJN y el Tribunal Supremo. El concejal de Urbanismo actual, Joxe Abaurrea (EH Bildu), a preguntas de este periódico, ha asegurado las dos últimas semanas que el consistorio retiraría los recursos para conceder la licencia y permitir la restauración y construcción de las seis viviendas. Pero, de momento, el permiso no llega.
Faltan capítulos por cerrarse en la historia de este edificio que es el último vestigio del barrio de las Tenerías, una zona humilde de la Pamplona medieval, donde los peleteros curtían la piel. La proximidad con el río era fundamental para el proceso de limpiado de las pieles. Donde ahora se levanta el viejo caserón , existía ya en el siglo XVI -como recoge el historiador Juan José Martinena- una “casa de adobería o la tañería y también las casa de los maestros de obra prima”. Era propiedad del gremio de los zapateros. En 1599, ante la epidemia de peste que asoló Pamplona, los familiares de los infectados debían pasar la cuarentena en “la casa de las tenerías de los zapateros”.
Este diminuto barrio conectado umbilicalmente al río Arga no debió de superar las tres o cuatro casas. La Fototeca Municipal da muestra de Curtidores en los años 30, con las casas en buen estado, incluida la de los tres propietarios. Por entonces, existía allí ‘El Venecia’, un embarcadero desde el que las parejas pamplonesas tomaban una barca para recorrer el Arga, arrulladas por el rumor del río. Y además, fue una sala de fiestas, con bailes las tardes de los días festivos, en aquellos tiempos de fox-trot. El futuro de este histórico edificio es hoy un enigma para inquietud de sus propietarios.
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HISTORIA DE UNA CASA
[Siglo XVI] ‘Casa de los maestros de obra prima’ En el siglo XVI hay constancia de una casa en el mismo punto del gremio de los zapateros. También se conocía como la ‘adobería o tañería’. Se dedicaba al curtido de pieles, de ahí la importancia de estar ubicada junto al río Arga.
[1599] Lugar de cuarentena según recogía el historiador Juan José Martinena, la epidemia de peste bubónica que azotó a Pamplona obligó a las autoridades a dejar en cuarentena a los familiares de los contagiados en este minúsculo barrio extramuros. Nuevamente la proximidad del río permitía a los aislados lavar la ropa las veces que fuese necesario.
[circa 1930] ‘El Venecia’ En los años 30 del pasado siglo, el pequeño barrio contaba con un embarcadero para solaz de los pamploneses y una sala de fiestas.
[2004] Últimos vecinos La Casa de Curtidores queda abandonada a principios de siglo.
[2012] Incendio Con el edificio okupado, se produce un incendio que hace colapsar la cubierta.
[2014] Nuevos propietarios Tres amigos compran el edificio para construir seis viviendas.
[2024] Proyecto paralizado Pese a una sentencia del TSJN, el Ayuntamiento de Pamplona sigue sin conceder la licencia.