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HISTORIA DE PAMPLONA

La casa de los curtidores, lugar de cuarentena, embarcadero y sala de fiestas

Entre el puente de la Rochapea y el recodo del Arga, del barrio de las tenerías solo queda el edificio que se incendió el 8 de enero de 2012

Allí existía ya en el siglo XVI una casa propiedad del gremio de los zapateros. En el XX hubo merendero, sala de baIle y embarcadero llamados 'El Venecia'

La última edificación del que fue barrio de las Tenerías, dedicado desde el XVI al curtido de pieles, y que a principios del XX acogió 'El Venecia'.

La última edificación del que fue barrio de las Tenerías, dedicado desde el XVI al curtido de pieles, y que a principios del XX acogió 'El Venecia'.

CALLEJA
07/12/2019 a las 06:00
  • Juan José Martinena
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El 8 de enero de 2012, con ocasión del incendio de una antigua casa situada entre el puente de la Rochapea -que no de Curtidores- y el recodo del Arga, desde su tan leída tribuna Plaza Consistorial, José Miguel Iriberri me invitaba a escribir algo sobre este rincón de Pamplona, hoy olvidado y ruinoso, que fue el barrio de las Tenerías. Acepté la invitación, y hoy -antes del plazo de mes y medio que me dio- traigo a esta página las noticias que he podido recoger, tanto bibliográficas como documentales.

La Casa de los Zapateros

No sé con qué fundamento, las crónicas aparecidas en la prensa informando sobre el citado incendio, afirmaban que la casa en cuestión data de finales del siglo XIX. No hay que ser un gran experto en arquitectura popular para ver que dicha construcción parece mucho más antigua. En nuestra opinión podría ser obra del siglo XVIII, e incluso posiblemente del XVII. En cualquier caso, lo cierto es que en este lugar existía ya en el siglo XVI una casa que por entonces era conocida como la adobería o la tañería y también como la casa de los maestros de obra prima, en la que se curtían los cueros. Era propiedad del gremio de los zapateros, que en Pamplona se agrupaban en dos cofradías distintas: la de San Eloy, en San Nicolás, cuyo retablo barroco de 1721 con su inscripción gremial todavía se conserva, y la de San Crispín y San Crispiniano, que radicaba en la parroquia de San Lorenzo, donde aún existen sus imágenes, aunque el retablo en el que recibían culto desapareció hace mucho tiempo.

Hay una noticia cierta y documentada que no ofrece duda. Y es que cuando la mortífera epidemia de peste que padeció Pamplona el año 1599, el sitio señalado por los regidores de la ciudad para aislar y poner en cuarentena a los familiares, criados y otras personas que hubieran convivido con algún apestado fueron "las casas de las tenerías de los zapateros". La disposición municipal comprendía también "la parte del prado chico que está junto a las dichas casas". Se eligió este lugar, entre otras razones de carácter sanitario, para que los sospechosos de haber contraído la enfermedad pudieran lavar su ropa en el río las veces que fuera necesario.

La Adobería o la Tañería

Con estos dos nombres es como habitualmente aparece en la documentación de otros siglos este minúsculo barrio, que al parecer nunca pasó de tres o cuatro casas. En lo civil estaba incluido en el burgo de San Cernin, y en lo eclesiástico pertenecía a la parroquia de San Lorenzo. La primera noticia que hemos encontrado es un pleito de 1526, de un zapatero contra la cofradía de San Eloy, en el que aparece ya una adobería situada junto al Portal Nuevo. Pero como en esa fecha no existía aún el que se conoció posteriormente con ese nombre,y en 1526 el único portal nuevo era el de la Rocha –luego de la Rochapea-, parece que se trata de otra adobería que hubo en el barranco de Santo Domingo, al pie del palacio del virrey y junto a la huerta del convento de los dominicos, hoy sede del Departamento de Educación. Era la también conocida como tañería de los baños, y consta que se hacían obras en ella en 1529.

En el Archivo de Navarra hay otro proceso de 1538, del maestro cantero Juan de Huarte contra la cofradía de zapateros, con motivo de la construcción de la casa de la adobería, y otro posterior, de 1576, por la apertura de una acequia para conducir el agua a dichacasa, en el que se dice ya expresamente que estaba situada en la Rochapea. Un año después el gremio de zapateros litigaba contra Juan de Raja por el pago de un censo de una casa vendida para tañería. Más tarde, en 1645, el carpintero Juan de Azpíroz pleiteaba contra Esteban Arranegui, maestro de hacer molinos, reclamando el pago de ciertas obras hechas en la adobería. Por otros procesos que se siguieron en los antiguos tribunales de la Corte Mayor y del Real Consejo, tenemos noticia de nuevas obras y reparaciones llevadas a cabo en los años 1655, 1756 y 1819.

José Joaquín Arazuri recordaba en el tomo I de su obra magistral Pamplona, calles y barrios, que a principios del siglo XX existían todavía en este lugar dos adoberías: la de los Zarranz, uno de los cuales fue asesinado en la propia bajada de Curtidores, y la deIsaac Yoldi, que regentó también una fonda en la calle de Santo Domingo.

¿Un baluarte en las Tenerías?

En el proyecto de fortificación de Pamplona redactado por el general Antonio Hurtado en los años 1796 y 1797, entre otras importantes obras defensivas, se incluyó un nuevo baluarte llamado de las Tenerías, a modo de plataforma, con el fin de reforzar la consistencia de este frente de la muralla y tener controlado el puente de la Rochapea. Ese baluarte plano, que nunca llegó a construirse, parecía ya previsto en el proyecto general de 1726 y también en el de Juan Martín Zermeño de 1756. Los archivos militares de Madrid conservan abundante documentación cartográfica de esos proyectos de obras defensivas, pulcramente delineados por el Real Cuerpo de Ingenieros.

Embarcadero de ‘El Venecia’

El Dr. Arazuri incluye también interesantes noticias de un establecimiento de ocio y diversión, conocido como ’El Venecia’, que estuvo situado en este pintoresco lugar y que hacia 1930 era muy frecuentado por la juventud pamplonesa: "Durante la semana alquilaban barcas pintadas unas de un violento azul cobalto claro y otras de un descarado bermellón. En aquellas traineras llegábamos aguas abajo hasta la presa de Santa Engracia, y aguas arriba hasta las Mañuetas,en donde hacíamos ciaboga para regresar al embarcadero, lugar en que el barquero contabilizaba en una libreta el número de la lancha y el tiempo del alquiler transcurrido, que procurábamosno rebasar, ya que generalmente acudíamos con las cinco ochenas justas exigidas para pagar la hora". Por su parte, otro recordado amigo nuestro, Elías Martínez de Lecea, en un artículo titulado 'Los antiguos barrios y algunos términos de Pamplona' que publicó en 1966 en el librito-calendario que editaba cada año la antigua Caja de Ahorros Municipal, al referirse a la Rochapea y a las barcas de ‘El Venecia’, anotó esta otra curiosidad: "...Hubbo quien se atrevió a competir con las embarcaciones a remo, instalando cerca del puente del Plazaola una lancha motora llamada ‘La Gaviota’, con pasaje a real por el largo trayecto de río comprendido entre el puente de la Rochapea, y aún desde las Mañuetas, hasta la presa de Santa Engracia".

Pero aparte de embarcadero para paseos románticos y concurrido merendero, ‘El Venecia’ era también sala de baile. "Las tardes de los días festivos –cuenta Arazuri-, en un gran local al que se accedía bajando una empinada escalera, se organizaban animados bailes, en los que no era difícil sacar buenos ligues. Como el alto techo era el tejado, el salón estaba a media altura cubierto de farolillos a la veneciana. Eran los tiempos del foxtrot, el tango y el cakewalk. La música del jazz-band le privaba a la juventud y molestaba a adultos y viejos".

El escritor pamplonés Rafael García Serrano sitúa en ‘El Venecia’ una de las escenas del capítulo correspondiente al 12 de julio de 1936 –vísperas de la guerra civil– en su conocida novela 'Plaza del Castillo'.

Decía el otro día el concejal Ignacio Polo que la casa dañada por el reciente incendio era representativa de una etapa de la historia de Pamplona. Compartimos ese criterio, ya que ciertamente es el último testimonio de aquellas antiguas tenerías del siglo XVI. Aunque solo fuera por eso, se debería garantizar su conservación.

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