Hermandad de la Pasión

Miguel Mendizábal, un joven que no llegó por tradición familiar

Pamplonés, maestro de Primaria de 25 años, entró en la Hermandad hace ocho años y es portador del Cristo Alzado

Miguel Mendizabal Arizcun, junto al paso del Cristo Alzado, del que es portador.
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Miguel Mendizabal Arizcun, junto al paso del Cristo Alzado, del que es portador.
Miguel Mendizabal Arizcun, junto al paso del Cristo Alzado, del que es portador.

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 29/03/2024 a las 10:03

Miguel Mendizabal Arizcun, 25 años, profesor de Primaria, es uno de tantos rostros anónimos en las procesiones de Semana Santa en Pamplona. En su caso no está en la Hermandad de la Pasión por vínculos familiares. Un amigo le comentó que hacían falta portadores, cruzó la puerta de Dormitalería hace ocho años y ahora es uno más en el paso del Cristo Alzado. “Mantener estas tradiciones es positivo. Me han gustado siempre las procesiones de Pamplona, las de Semana Santa y también la de San Fermín. Bueno, y los gigantes, esa es mi espinita, no haber bailado los gigantes, pero no soy muy rítmico y eso me echa para atrás”, concede su testimonio en la sede de la Hermandad, en uno de los días previos cuando el local es un serpenteo de personas que entran y salen, todos con intención de arrimar el hombro y aportar sus manos para cualquier labor.

Describe Miguel otro de los motivos que le llevó a la Hermandad: “La vivencia de fe en una comunidad, de formar parte de algo mucho más grande, somos pequeños eslabones que forman parte de un todo y todo es indispensable”, reflexiona. Y aporta un tercer motivo, “el más importante”. “La capacidad evangelizadora de nuestra procesión, un día al año tenemos la posibilidad de sacar el Evangelio a la calle, de moverlo por el centro de la ciudad, de llegar a personas que quizás no han conocido la Buena Nueva, nosotros solo ponemos nuestros hombros llevando a Cristo crucificado y es él quien toca el corazón de las personas”.

Y, de elegir un momento, se queda “con los instantes previos a procesionar”. “En el atrio de la catedral, cuando en la Hermandad recordamos a los hermanos fallecidos en el año y rezamos por ellos , en emotivo y absoluto silencio, un cariñoso homenaje a los que nos han precedido y recordatorio de nuestra condición de peregrinos en esta vida”, apunta.

“En nuestro caso, el paso sale también miércoles de Ceniza y los viernes de cuaresma en el vía crucis, por eso es especial en cuanto a movimiento, pero esos nervios previos en las primeras procesiones, las oraciones compartidas, la unión de tanta gente que te acompaña espiritualmente en las alzadas y el cansancio propio que va haciendo mella en el portador. Eso, y volver a juntarte con la gente que no has visto en un año, nos vemos prácticamente de año en año. Son momentos bonitos, de compartir y de unirnos para sacar adelante el paso”, apunta Miguel, con su mirada profunda.

“Hay varios jóvenes en el paso del Cristo Alzado, yo era el más joven cuando entré y en este tiempo ha habido unas seis incorporaciones”, explica mientras a pocos metros trabaja uno de ellos. Miguel es profesor en el colegio público de Valtierra, se desplaza cada día a la Ribera, en coche, lo comparte a turnos con otras nueve personas. Tiene un hermano “más pequeño” que no pertenece a la Hermandad.

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