San Saturnino
Pamplona se rinde a los farolillos
Una avalancha humana tomó las calles del centro pamplonés, con colas que llegaban desde el Ayuntamiento a la Rochapea y al Parlamento. El motivo, los farolillos que surcaron el cielo y que colapsaron el tráfico
Publicado el 30/11/2023 a las 05:00
Un flechazo con todas sus letras. Pamplona capituló este miércoles 29 de noviembre de puro entusiasmo ante un espectáculo insólito en la ciudad: la suelta de 4.000 farolillos de luz que sobrevolaron el cielo para festejar al patrón de la ciudad, San Saturnino. Miles de personas hicieron colas enormes para lograr uno de los ansiados farolillos impulsados por fuego, como si de pequeños globos aerostáticos se tratase. La idea, en un homenaje a la ciudad hermanada de Bayona, era que pamploneses y pamplonesas lanzasen al aire un deseo a su ciudad, representado en cada una de las pequeñas motas luminiscentes que salpicaron el cielo pamplonés.
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La expectación era tal que a las 10 de la mañana comenzaban a formarse las primeras colas, filas enormes de personas de todas las edades con un único objetivo común, lograr un farolillo. El Ayuntamiento de Pamplona estableció tres puntos de entrega entre las 16 y las 17.30 horas: la oficina de turismo (en la calle San Saturnino, 2), el Palacio de Condestable (c/ Mayor, 2) y la propia Casa Consistorial, en la puerta trasera, por la plaza de Santiago.
Las calles adyacentes a estos tres eran como ríos de personas que desembocaban en un mar de farolillos. Pero las normas dictaban que fuese un ejemplar por persona mayor de 16 años. Y si echamos cuentas, más allá de la edad, había farolillos para un 1,9% de la población total de Pamplona. De ahí, la enorme expectación. Todo el mundo quería un farolillo. Hasta tal punto que algunas personas adquirieron el suyo por su cuenta, pagando. Fuentes municipales decían ayer que había bastantes más que los 4.000 oficiales.
Pero vayamos a las horas previas, a esas riadas humanas que brotan cuando no hay que pagar por algo. Las colas tenían dos calles de entrada: la calle Zapatería y la calle Mayor. En el primer caso, la cola llegaba hasta el Parlamento de Navarra, desde el Ayuntamiento por la calle Zapatería y San Antón hasta conectar con la calle Ciudadela. En el otro, la fila recorría la calle Mayor y bajaba por la avenida de Guipúzcoa hasta llegar al barrio de la Rochapea. Una locura.
EN MENOS DE MEDIA HORA
En el ayuntamiento, a las 17 horas, algunos responsables del equipo de gobierno asistían boquiabiertos a semejante caudal humano. “En menos de media hora se han agotado todos los farolillos”, explicaba Conchi Mateo, directora de Deporte y Salud. Silvia Gómez González, de 29 años, es pamplonesa y pamplonista, es decir, voluntaria del Ayuntamiento de Pamplona y oriunda de la capital navarra. Ayer, era además la coordinadora de la “operación farolillo”, encargada del reparto desde el ayuntamiento.
“Ha sido muy emocionante. Y creo que la gente se ha portado muy bien. Hemos instalado dos mesas con seis voluntarios y el reparto ha sido muy fluido. Estamos muy contentas”, sonreía pocos minutos antes de las seis de la tarde. Porque ayer, los eventos se solapaban y casi era necesario ser ubicuo para no perderse nada.
A las 17.30 horas, se presentó el tradicional belén navideño del zaguán del ayuntamiento, que en esta ocasión, como no podía ser de otra manera hacía un guiño a los 600 años de la promulgación del Privilegio de la Unión, que celebramos en este 2023. Y el vestíbulo del consistorio era un constante trasiego de personas, con representantes de todos los grupos municipales. Mientras tanto, en el exterior, la muchedumbre se agolpaba frente a la fachada consistorial.
Porque este miércoles, día de San Saturnino, también se procedió al encendido de las luces navideñas, el pistoletazo de salida a cinco semanas de una Navidad que se antoja temprana, aunque menos que en otras ciudades españolas como Madrid, que ya vivió su encendido el pasado 24 de noviembre.
Poco antes de la seis de la tarde, con una plaza abarrotada, la voz de la megafonía anuncia que en breves instantes se procederá a ese encendido que en este año protagonizan los miembros de Pamplonistas, la marca municipal de voluntariado. Casi al filo de la hora, en una cuenta atrás coreada por toda la plaza, los voluntarios y voluntarias, y la alcaldesa de Pamplona, Cristina Ibarrola, suben al escenario para pulsar un botón rojo que ilumina la ciudad. El ayuntamiento ha disparado el presupuesto para las luces un 51% hasta los 324.885 euros.
Pamplona ya paladea la Navidad y el público se desplaza hacia la explanada de autobuses. A las 18.30 horas, El Corte Inglés se suma a los festejos y lanza una colección de fuegos artificiales mientras despliega un lienzo de luz en su fachada. Los primeros farolillos empiezan a surcar el firmamento. El gentío es inmenso, agobiante. Desborda las mejores expectativas municipales. El tráfico se colapsa en las calles próximas como Yanguas y Miranda o la avenida del Ejército con coches parados entre grupos de personas.
El firmamento se ilumina con estos farolillos biodegradables. Se produce algún susto con algunos de ellos enredados en los árboles sin mayores consecuencias. El cielo es una fiesta de luz y deseos.
Pilar Aguirre Baztan, de 69 años; Estrella Ramírez Avizanda, de 58, y Ángel Sánchez Hortelano, de 66, son tres integrante de la Asociación de Belenistas y del grupo que prepara el belén del zaguán del Ayuntamiento de Pamplona. Si cada año hay un motivo o una calle de Pamplona que aparece representada en esta ventana a la tradición navideña -la recreación del nacimiento de Cristo-, en esta ocasión el motivo estaba claro: el 600º aniversario del Privilegio de la Unión.
“Hemos recreado las murallas de Pamplona con el escudo de la ciudad”, explica Estrella Ramírez. “Es un proceso largo y meticuloso, que solo se puede hacer con un grupo de 8 o 9 belenistas. ¿Lo más delicado? Todo es delicado en un belén, aunque quizás en este las murallas”, explica Ángel Sánchez.
El diorama recrea una Pamplona medieval que utiliza como referente las torres góticas de la Iglesia de San Saturnino (s XIII). A la izquierda, en una gruta fuera puertas de la ciudad, está colocado el pesebre con la Sagrada Familia, la mula, el buey, pastores y el ángel anunciador, un espacio al que están llegando los Reyes Magos atravesando un puente. A la derecha de quienes lo miran está el asentamiento urbano, un conjunto de casas bajas y un arco fortificado de acceso a la ciudad que simula la antigua muralla sobre el que se reproduce el escudo de Pamplona.

