Vivir en la calle
Dormir en nichos en Pamplona: "No podemos más”
Algunos de los jóvenes que no pudieron entrar el jueves por la noche en el albergue ni tuvieron bono de pensión, pese a las bajas temperaturas, volvieron al lugar donde se refugian desde hace meses


Actualizado el 25/11/2023 a las 08:50
Las fotografías de este reportaje se tomaron el jueves a las once de la noche muy cerca del centro de Pamplona, en un antiguo y abandonado recinto religioso donde hay una pared de nichos. Esa noche soplaba viento del norte y la sensación térmica era de dos grados. Aunque estaba activado desde el día anterior el protocolo de ola de frío, decenas de jóvenes tuvieron que dormir al raso a pesar de las bajas temperaturas, porque desde la administraciones no se les ofreció alternativa.
"ESTAMOS ENFERMOS"
Para acceder a este recinto en concreto, porque existen otros como este por toda la ciudad, hay que saltar un muro, sortear una estrecha tabla de madera, atravesar unos metros de maleza entre la oscuridad, siempre con la luz del móvil, y luego cruzar un solar de gravilla hasta darse de bruces con un porche de ladrillo, goteras y grafitis. Aquí, entre bolsas de basura, ratas, frío, humedad y “mucho miedo”, describen los inquilinos de este vertedero donde sobreviven desde hace meses, el periodista se los encuentra frente a una hoguera y una mesa con restos de latas de comida. Su presencia les sorprende pero la agradecen.


Todos estos chicos forman parte del grupo de treinta personas que unas horas antes habían acudido al albergue de Trinitarios acompañados por representantes de diferentes entidades sociales para pedir una cama o un bono de hostal donde pasar la noche, pero no obtuvieron respuesta.
A cuatro de estos jóvenes no les importa dar la cara. “Estamos muy enfermos y muy cansados”, define la situación Lafti, de 27 años, que lleva tres meses en la calle. A su lado, Abdou (25), seis meses al raso, dice que no puede soportar más el frío. En su caso, su único techo es una tienda de campaña, sin esterilla ni manta, que se inunda cuando llueve. Se protege con la ropa que lleva puesta. Mehdi, de 29 años, un año durmiendo sobre un colchón y un saco y una montaña de basura, cuenta que lo que peor lleva es no poder ducharse y lavar la ropa. “Nos levantamos muy cansados”, asiente. De este grupo, el que mejor se expresa en castellano es Aadil, de 34 años, la misma persona que sale de uno de los nichos. “Ven que te voy a llevar a mi plaza”, observa, guiando al periodista. Todo esto sucede en pleno corazón de Pamplona. En un rincón, se distingue algo cubierto con plásticos y unas seis tiendas de campaña. En una se refugia Aadil cuando no llueve o no hace demasiado frío, porque cuando sopla el viento del norte suele cambiar de orientación. “Tengo otra plaza”. Sus palabras rodean este antiguo edificio hasta dar con un bloque de nichos vacíos. Ruega al periodista que se acerque y se agache. El interior de uno de estos agujeros está lleno de mantas y otro de cartones. El chico se mete para mostrar la estrechez del olvido en el que viven. “Todo esto es muy duro. La lluvia, el frío, la falta de comida. Nos duele mucho la tripa y nos pica el cuerpo por la suciedad”, dice, saliendo de esta cloaca. “Las ratas aquí son muy grandes y comen nuestros alimentos. Y luego tenemos que comer nosotros lo mismo. Estamos sufriendo pero no vemos solución. No quieren hacer nada por nosotros. Solo queremos formarnos y trabajar”.


"No podemos más, nos duele todo, necesitamos duchas y lavar la ropa"
Aadil, 34 años, marroquí de origen, cuenta que llegó a Pamplona caminando desde Turquía junto a un hermano más pequeño. Tardaron, calcula, alrededor de seis meses. Aquí lleva dos meses y duerme en el recinto de este antiguo edificio religioso, en la calle, con otros chicos de su país. A veces lo hace en una tienda de campaña y otras en el interior de un nicho, dependiendo de las adversidades climáticas. El jueves pasado tuvo que soportar una sensación térmica de unos tres grados. Apenas se alimenta. Solo come huevos y yogures que le suele entregar cada semana un trabajador de un supermercado. Su cuerpo, dice, está muy dolorido por la mala alimentación y la falta de higiene. “Solo nos podemos duchar una vez a la semana. Necesitamos duchas, las ratas comen nuestra comida y luego la comemos nosotros”.
¿Por qué se fue de Marruecos?
Somos muy pobres y mis padres muy mayores. Para que pudieran alimentarse decidimos viajar a Europa.


¿Cómo viajaron?
Trabajé siete años en una empresa electrónica en mi país y con el dinero que ahorré pude comprar los billetes de avión para volar a Turquía y desde allí vinimos caminando. En Turquía nos pilló el terremoto (sonríe). Tardamos seis meses en llegar.
¿Cuál es su sueño?
Trabajar y poder ayudar a mis padres. Aquí, en Navarra, mucha gente viene con comida y ropa. Muchas gracias.


Recogida de sacos de invierno, mantas y esterillas
Diversas organizaciones de Pamplona: Apoyo Mutuo, París 365, PIM-MIG y Oxfam Intermón realizan desde hoy una campaña de recogida de sacos de invierno y mantas en la taquilla de Infogune de Geltoki, en horario de 12 h a 14 h. La recogida también se puede realizar el lunes y el miércoles en Apoyo Mutuo, en el aparcamiento trasero de la fábrica IWER en Marcelo Celayeta 75.
Las entidades sociales realizan un llamamiento a la ciudadanía para ayudar a las personas que están durmiendo en la calle y que supera el centenar en Navarra. Y exigen medidas urgentes a las administraciones.

