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Memoria

Salvar la vida en la chimenea del molino

El anarquista pamplonés Isidro Sarasate consiguió burlar a la represión franquista escondido en la estructura vertical del molino de Caparroso, junto al Club Natación

Ampliar Molino de Caparroso
Chimenea del molino de Caparroso tras el edificio históricoARCHIVO
Publicado el 25/01/2023 a las 06:00
Si en enero de 2022 se conoció que el reloj de la antigua estación de autobuses había servido de escondrijo a dos pamploneses -uno, el exsecretario del Ayuntamiento, Enrique Cayuela- de la represión franquista en la guerra civil, este martes se reveló otro espacio atípico que salvó la vida del anarquista pamplonés Isidro Sarasate: la chimenea del molino de Caparroso, junto al Club Natación. En ambos casos, los represaliados del bando republicano se habrían enfrentado a una muerte segura por parte del ejército sublevado de Franco.
Pero lograron salvar su vida sin salir, al menos inicialmente, de su ciudad. Este martes, los tres grupos de la oposición, con el voto en contra de NA+, sacaron adelante una declaración para instar al Instituto Navarro de la Memoria a que declare la chimenea del molino de Caparroso “espacio de la memoria”. El texto también pide que se elabore “un mapa y un itinerario que una el reloj de la estación de autobuses, la Chimenea del Molino de Caparroso, así como otros lugares que por el mismo motivo sean declarados espacios de memoria en la ciudad”.
La declaración, aprobada durante la comisión de Presidencia, comenzó con la intervención de Mikel Huarte, de la asociación Osasunaren Memoria, desde la bancada del público. Huarte contó cómo en julio de 2022 “lo que era una leyenda” se convirtió en una realidad con un protagonista con nombre y apellido, militante de la CNT cuando estalló la guerra civil: Isidro Sarasate. “Supimos que en las partidas de mus del Club Natación una persona decía que tenía un amigo cuyo tío se había escondido en la chimenea del molino de Caparroso”, comenzó su relato.
Ese amigo era Andoni Sarasate, sobrino de Isidro, ambos fallecidos. “Pero estuvimos rascando. En el entorno de la chimenea vivían dos familias que trabajaban para la compañía El Irati que era la que gestionaba la chimenea y el molino”, continuó. Huarte recordó que el ejército franquista asesinó entre julio y septiembre de 1936, en los primeros compases de la guerra civil, a 300 pamploneses.
Según el relato del miembro de Osasunaren Memoria, tras lograr salvar la vida, Isidro Sarasate se exilió en el extranjero y regresó a Pamplona hacia 1953, 14 años después del final de la guerra. “La reacción humana de estas personas era no transmitir su dolor a los familiares, a sus hijos”, añadió Huarte.
La historia se fue diluyendo, convertida en leyenda, hasta que la investigación realizada por Osasunaren Memoria sacó a la luz otro espacio de supervivencia digno de una película.
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