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Paseo y pincho

Hostelería de Sancho el Fuerte: mañanas de brownies y noches de kizomba y sevillanas

Chaves, Amabella, Coketto’s cake & coffee y Komix son cuatro locales de aires bohemios que se han adaptado a las modas. Ángel Jordán, dueño del Chaves, ha encontrado en los bailes de salón una fórmula de éxito

Ampliar Ángel Jordán, en la barra del bar Chaves, en la avenida Sancho el Fuerte de Pamplona
Ángel Jordán, en la barra del bar Chaves, en la avenida Sancho el Fuerte de PamplonaJesús Caso
Actualizado el 03/01/2023 a las 07:21
El Chaves y el Amabella son dos bares que llevan cuatro décadas marcando el ritmo de un concurrido cruce del barrio de Iturrama de Pamplona. Entre la avenida Sancho el Fuerte y la calle Esquíroz, forman parte del paisaje de cientos de automovilistas y peatones en sus rutinas diarias. Muchos desconocen que los miércoles decenas de parejas bailan kizomba y los jueves otros clientes le dan a las sevillanas y después a a la bachata y la salsa.
Ángel Jordán Villorejo, con 53 años y sin experiencia previa en hostelería, arrendó en 2019 el Chaves, bar fundado un 29 de noviembre de 1976 por la familia Chaves, que también montó un bar en Mendavia con el mismo nombre. “Es una familia muy conocida en esta localidad, los Chavitas les llaman”, apunta Jordán, que tiene trato con los fundadores. “Vienen de vez en cuando a tomar algo”, comenta. Desde que la familia Chaves se jubiló, el bar ha pasado por varias personas.
“Yo siempre tuve la ilusión de montar un bar. Hace 4 años, el Chaves se quedó libre. Yo tenía unos ahorros y emprendí esta aventura. Hice una buena reforma. Contraté a personas que tampoco tenían experiencia en la hostelería, pero que eran simpáticas y con don de gentes. Quise darle un giro y de pub lo convertí en bar, abriendo todo el día. La idea no funcionó y unos meses después volvió a su ser. Con Sergio, mi camarero, remontamos. Logramos tener una clientela fiel. Pero en 2020 vino la pandemia, nos fuimos al garete. Fueron dos años de pesadilla”, relata Jordán, que a lo largo de su vida ha tenido varios oficios: la fábrica de Volkswagen, comercial y una tienda de ropa. 
El pasado mes de febrero, este hostelero decidió dar un giro nuevo giro al local. “El covid hizo estragos en mi clientela. Algunas personas murieron y otras dejaron de entrar en lugares cerrados. Me reinventé. Ahora todos los días tenemos bailes de salón o relámpagos de mus. También conciertos y karaoke cuando surge. El Chaves es un bar mítico, donde se escriben historias, mi clientela fiel, viene sabiendo que detrás del vino o la copa que se va a tomar va a vivir un momento especial”, resume Jordán.
Los martes suele tener casi una veintena de parejas para el mus relámpago. Los miércoles hay sesiones de kizomba, un baile de origen angoleño, de ritmos suaves y contoneos de cadera. Los jueves primero hay sevillanas y después bachata y salsa. Suelen venir aficionados de varias academias. “Los viernes y sábados, uno poco de todo, bailas, karaoke, música en vivo... y los domingos, kizomba para terminar bien la semana”, señala.
El Chaves ha mantenido su punto retro, pero con mayor colorido y algún toque moderno. Por contra, la estética del bar restaurante Amabella, en la esquina opuesta, no ha cambiado desde que lo fundó en febrero de 1983 Ángel Mauleón Luquin. Con su barra central circular, sus pequeños reservados y los contrastes en blanco y negro fueron algo muy innovador en su momento. También los ventanales en arco, que le dan un aspecto más diáfano. Desde poco antes de la pandemia lo regenta una familia china, que ha mantenido la carta de platos combinados, hamburguesas, bocadillos y picoteos. El Amabella se encuentra en los bajos de las torres de Huarte. Diseñadas por Fernando Redón y Javier Guibert, son el único bloque de viviendas de Iturrama que figura en el catálogo municipal, con grado de protección 3, por ser un ejemplo de brutalismo. Este movimiento arquitectónico de los años 50 y 60 que defiende que el hormigón es bello.
Ana Zabalza, junto a los brownies, cookies y bizcochos de Coketto's, en la avenida Sancho el Fuerte
Ana Zabalza, junto a los brownies, cookies y bizcochos de Coketto's, en la avenida Sancho el Fuertej.a. goñi
Siguiendo los soportales de esta acera de Sancho el Fuerte y una vez pasada la farmacia SF10 de las hermanas influencers Legarra, hay dos establecimientos de aires bohemios. Cokettos cake & coffee, situado en el número 16, también ha apostado por los grandes ventanales y la combinación de blancos y negros, con madera. Así resaltan con más brillo su gran variedad de brownies, cookies, bizcochos, tartas y también roscos y panetones. Todos los productos los cocina Ana Zabalza, emprendedora que abrió este local en 2018. “Siempre me ha gustado el mundo de la repostería. Empecé sobre todo con cookies y brownies. Este año también me he dedicado mucho al hojaldre. Es una masa delicada pero muy interesante”, comenta.
Por su parte, el bar Komix, en el número 12, combina la decoración clásica de sus inicios con el toque desenfadado que le da la colección de portadas de cómics que adornan sus paredes desde hace 15 años. El Capitán Trueno, Batman, Tintín, Phoebus son algunos de los títulos clásicos. “Son reproducciones de la colección de cómics que tenía uno de los socios del bar. Para un coleccionista sería un crimen cortar ”, señala José Miguel García, dueño de Norma Cómics, tienda de la calle Íñigo Arista. Los creadores del Komix traspasaron después el bar a una familia china. Y poco antes de la pandemia, otra familia del país asiático se hizo cargo del negocio, sin cambiar de nombre y de estilo. “Llevamos más de diez años en Pamplona, primero tuvimos una tienda de ropa y después dimos el salto a la hostelería. Este bar nos pareció muy acogedor y amplio. La mayoría de clientes son del barrio de toda la vida”, señala Ouyang, que trabaja en el bar con sus padres. Tienen un menú del día, de comida tradicional y también algunos platos chinos.
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