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Tiempo libre

El arte de tejer para encontrar la calma

Pese a que la pandemia parece haber catapultado la digitalización de nuestra vida, también nos ha hecho querer parar. La vuelta al trabajo manual, a la calma y al proceso creativo lento vive estos meses un auge en todo el país y Pamplona no se queda atrás. El ganchillo es el método de ‘La chica de las lanas’

La chica de las lanas, talleres de punto en PamplonaDavid García
Publicado el 27/05/2022 a las 20:00
Ana cruza la puerta de la escuela que alberga ‘La chica de las lanas’ con una sonrisa. Cuesta intuir que lleva dos meses de baja. Tiene ansiedad. “El médico me recomendó apuntarme a algo que me obligase a bajar el ritmo, me calmase y con lo que mantuviese la mente ocupada”, relata. Y se decidió por tejer. Comparte con cuatro alumnas más la clase de este miércoles de mayo, impartida por Esther Lecumberri. Y trucos. “¿Cómo lo llevas?”, le saluda. “Tejer es tan recomendable como escuchar música. Está demostrado que quienes realizan manualidades consiguen abrir una serie de canales en el cerebro que luego le servirán en otros aspectos de su vida”, explica Lecumberri.
Esther abrió 'La chica de las Lanas' hace ya más de 20 años, primero como tienda y desde hace 10 también como una escuela, pero hoy las clases han pasado a ser la actividad principal. Han llegado a estar hasta cuatro profesores, pero ahora solo imparten los cursos dos. Eso sí, la pandemia les hizo trasladar sus lecciones al plano virtual, y las mantienen. “Con menos alumnos, unos diez, y todos de fuera de Pamplona”, cuenta. Aunque con un perfil más heterogéneo. “He tenido alumnas desde Rusia”, confiesa entre risas.
Conforme las alumnas van entrando en la sala y toman asiento, Esther comprueba una a una cómo avanza su trabajo. La primera en llegar es la afortunada: recibirá la primera las instrucciones del día. “Se llega con mucha ansiedad y el ritmo baja poco a poco. Conforme cada alumna tiene su tarea encaminada, todo se calma. Es una actividad que requiere un ritmo lento, pero al mismo tiempo te obliga a no perder la concentración porque tienes que estar pendiente de contar los puntos o seguir unas instrucciones”, explica.
El Covid-19 “puso las cosas del revés”, pero también les ha llenado de alumnas las clases presenciales. Imparten talleres todos los días de la semana, de lunes a viernes, tanto por la mañana como por la tarde, donde reúnen de cinco a seis personas por curso. “En total trabajamos con 10 grupos”, añade. El fin de semana, o más concretamente los sábados, se permiten organizar otro tipo de eventos. “Son monográficos; es decir, están pensando para enseñar una técnica en concreto. Por ejemplo, el último fue de bordado sashiko japonés”, cuenta. Pero no se quedan ahí, el plato fuerte de la carta son las quedadas ‘Pop art’. “Se trata de un taller donde aunamos varias técnicas en un solo día, que suele ser también el sábado por la mañana”, precisa. “En el último, por ejemplo, yo impartí un taller de agujas circulares, Galina fue la encargada de instruir en el bordado sashiko japonés y Laura, más conocida en redes como Susimiu, enseñó ganchillo”, explica. Por último, cuenta que sus alumnas también han participado en eventos de Urban Knitting, una tendencia que consiste en vestir monumentos artísticos o cualquier mobiliario urbano con piezas de ganchillo. “El colofón fue hacerlo en la plaza del Castillo y poder vestir el quiosco”, cuenta.
LOS NIÑOS TAMBIÉN TEJEN
Los adultos no son los únicos que se han aficionado a coser. De hecho, los beneficios de esta actividad son ya tan populares que trascendido el plano del ocio y se han hecho un hueco en el curricular. De esta forma, Esther Lecumberri imparte en algunos centros educativos clases de ganchillo para niños. “Se trata de una asignatura pensada para que los niños bajen el ritmo”, aclara. “Lo que les intento transmitir es que cojan las agujas y y hagan lo que ‘les de la lana’, dentro de una disciplina, claro, pero sin presión. Si avanzan cuatro vueltas en un día y el de al lado ocho, no pasa nada”, explica.
Aunque el perfil mayoritario de sus alumnos es el de mujeres (“desde 20 años hasta más de 70”), cuenta que en los últimos años el público masculino, “sobre todo el de menos de 25 años”, se ha animado a probar suerte. “El fenómeno de Tom Daley, el nadador olímpico británico que salía tejiendo en las Olimpiadas de Tokio, ha ayudado mucho a visibilizar la actividad para el público masculino”, cuenta. 
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