Patrimonio gráfico
Descubre los rótulos que hacen de Pamplona una ciudad única (I)
Los letreros de bares y comercios, con su enorme variedad, aportan singularidad a nuestras calles. Recorremos una ínfima parte de ese legado con Óscar Brako

Actualizado el 19/04/2022 a las 08:26
La personalidad de una ciudad se construye a golpe de historia, de arquitectura, de instituciones y de fiestas , de triunfos y tragedias y sobre todo, de personas. Pero hay una identidad que se erige en los comercios de barrio -ahora amenazados por la cultura de las compras online-, normalmente invisibles para el autóctono, pese a configurar, con mayor o menor acierto, el paisaje, la estética y el escenario de nuestras vidas. Hablamos de las rotulaciones de los comercios locales. Café Roch, Tiberio, Larraina, hotel El Cisne... Algunos han quedado sellados a nuestras meninges y se dibujan en nuestra cabeza al oír su nombre. Rótulos corpóreos o dibujados, sobre paneles de cerámica, en madera, hierro o neones, que en el mejor de los casos, han sobrevivido al propio negocio que anunciaban.
Óscar Brako Ozkoidi (Pamplona, 57 años) es un amante impenitente de la rotulación. Comercial de una agencia de comunicación tras bregarse durante 25 años en la radio, es uno de los fundadores de la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico, una entidad que actúa en España y Portugal para preservar los rótulos comerciales con calidad gráfica, normalmente abocados a terminar en la basura o, si hay suerte, en manos de un anticuario. “Hace poco estuve en un pueblo pequeño de Salamanca, Peñaranda de Bracamonte, que es un verdadero museo al aire libre. Tiene su gracia porque como no tienes anunciado en ningún sitio que te vas a encontrar un panel cerámico de Nitrato de Chile, de repente te lo encuentras y, joder, da mucho gusto. En Peñaranda no había uno, sino dos”, relata entusiasmado.
El cierre forzoso del Café Roch, con su tipografía en hierro de inspiración art noveau, ha impulsado al Ayuntamiento de Pamplona a regular la protección de comercios y establecimientos centenarios. Todavía pendiente de aprobación, no parece muy probable que la normativa salvaguarde únicamente rótulos. Esa protección se produce en el caso de los edificios, con todos sus elementos, catalogados por el Ayuntamiento.
“La impresión que me da Pamplona es que ha tenido variedad de comercios, algo que se reflejaba en las rotulaciones, también con mucha riqueza en materiales, soportes, tipografías, más allá de la moda de cada temporada”, recorre Brako. Son pocos los nombres propios. Si acaso, arquitectos que también asumían la rotulación como parte integrada en el diseño del edificio. Brako cita al Pritzker navarro Rafael Moneo y a la rotulación de Confecciones Gallego. “Pero la familia no conservaba nada”, añade. Patxi Biurrun es otro arquitecto, uno de cuyos rótulos aparece en estas páginas. “Está en Areta. Es la empresa Kayola, que hacía jaulas. El rótulo está hecho con los hierros con los que hacen las jaulas. Impresionante”, se emociona Brako. El omnipresente Víctor Eusa, quizás quien más ha dado personalidad al paisaje urbano de Pamplona, es otro de los arquitectos que solía diseñar los rótulos.
Pero para Brako, la joya de la corona de Pamplona se encuentra en un hotel que cesó su actividad en la década de los 60, un rótulo que es un logo, de una belleza sutil y en plena Plaza del Castillo: El Cisne. “Es increíble que haya llegado entero. Por su ubicación en un cuarto piso, que siga vivo es muy curioso”, concluye.