Paseo y pincho

Los guardianes del rincón Las Pocholas

En la chocolatería La Forca, Ester Bravo y Xavi Teixeira conservan la fotografía de las hermanas Guerendiáin y la vajilla del mítico restaurante pamplonés

Ester Bravo y Xavi Teixeira, junto al cuadro de fotos antiguas de Las Pocholas e insignes clientes
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Ester Bravo y Xavi Teixeira, junto al cuadro de fotos antiguas de Las Pocholas e insignes clientes
Ester Bravo y Xavi Teixeira, junto al cuadro de fotos antiguas de Las Pocholas e insignes clientes

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Pedro Gómez

Actualizado el 25/03/2022 a las 13:11

Ahora se llama Chocolatería La Forca, pero siempre será el rincón de Las Pocholas. Allí está el cuadro con la fotografía de las nueve hermanas Guerendiáin Larráyoz y la mesa de madera y cristal que expone los platos, copas y cartas del Hostal del Rey Noble. Ester Bravo y Xavi Teixeira son los guardianes de estos pequeños tesoros y de la memoria colectiva de Pamplona, conservada a fuego lento. Como el chocolate que llevan preparando desde 2014, primero con la franquicia Chocolatería Valor y desde hace dos semanas con la marca que han creado.

Chocolatería La Forca –la horca en valenciano– está inspirado en el ambiente rural en el que Ester y Xavi crecieron. Es como un nexo de unión con las hermanas Guerendiáin, que en 1934 dejaron la posada de esta localidad del valle de Ultzama para abrir en Pamplona Casa Cuevas en la calle Comedias y en 1938 Las Pocholas. La de Ester y Xavi es una historia de amor muy dulce. Ella es de Benimarfull (Alicante) y él de un pueblo de Portugal cerca de Braga. Se conocieron en la chocolatería Valor de Valencia y un tiempo después se animaron a montar una franquicia chocolatera. “Valor no tenía presencia en el norte y nos pareció una oportunidad. Mi único vínculo con Pamplona era una pamplonica que vivía en Valencia y muy buena amiga mía. Ahora estamos encantados, hemos hecho cuadrilla y nos gusta la calidad de vida de Pamplona”, señala.

Cuando llegaron a Pamplona Ester hizo gran amistad con Paquita, que trabajó de maitre en Las Pocholas. “Fue una segunda madre. Gracias a ella conocí a Conchita, la última de Las Pocholas, que falleció en 2017. Y ellas nos regalaron los objetos que están expuestos”, señala.

Cuando Las Pocholas cerraron en 2000, el local se transformó en una sucursal bancaria que lo reformó por completo, a excepción de la fachada. En 2014 sufrió una nueva reforma para recuperar su uso hostelero. Ahora, sólo han hecho cambios en la decoración, con aperos de labranza traídos desde Portugal. El chocolate ya no es de Valor sino de un fabricante de Andalucía. “Lo hacemos en una máquina en la que está 24 horas dando vueltas con distintas fases de temperatura. Así se logra esa textura. No todos los chocolates aguantan ese proceso”, señala Ester. La harina para las porras también viene de Andalucía. “Seguimos tenemos bizcochos y bombones y también hemos incorporado tostas, tortillas de patata, algún pincho...”, señala.

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