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Empleo público

5.358 enfermeras ante un examen con polémica: “Muchas han arrojado la toalla por salud mental”

Maltrechas por padecer el abuso de temporalidad de una Administración indolente y exhaustas por una pandemia que no da respiro, su oposición llega en el peor momento

Ampliar Las enfermeras Maite Rodríguez, María Monguilot, Isabel Celaya, Ainara González, Raquel Marco e Itziar González
Las enfermeras Maite Rodríguez, María Monguilot, Isabel Celaya, Ainara González, Raquel Marco e Itziar GonzálezDiario de Navarra
Actualizado el 23/01/2022 a las 07:46
Isabel Celaya llega a la puerta del ambulatorio Doctor San Martín de Pamplona con un café en la mano con el que intenta despejar la cabeza tras una noche de insomnio. Trabaja en urgencias extrahospitalarias y al mismo tiempo prepara el examen de la fase de oposición de Enfermería que se celebrará el próximo domingo 6 de febrero. Junto a dos compañeras, Maite Rodríguez y María Monguilot, deciden dar un paso al frente y poner voz a una situación que califican de “frustrante” para miles de enfermas navarras. Muchas de ellas llevan años y años encadenando contratos mientras las “raquíticas” ofertas de empleo apenas les han dado la oportunidad de encontrar la estabilidad deseada, ni siquiera aprobando los exámenes con buena nota. Los dos últimos años han sido especialmente duros, con una pandemia que les ha llevado a primera línea de fuego doblando turnos y realizando horas por encima de su jornada. Y pese a que lo que más necesita el sector son ofertas de empleo como la de 424 plazas que propone el Gobierno de Navarra (192 de turno libre, 191 de promoción, 33 del turno de discapacidad y 8 para mujeres víctimas de violencia de género), la oportunidad de la fecha parece que brilla por su ausencia.
Ellas dicen sentirse como números, los de sus contratos como eventuales, y lamentan la “nula” sensibilidad del Gobierno a la hora de convocar esta oposición. Estas tres enfermeras de urgencias extrahospitalarias hablan hoy para Diario de Navarra, pero el día del examen harán constar también su queja de modo visible, para lo que preparan camisetas y brazaletes. Además de ellas, otras tres enfermeras de otros ámbitos, Itziar González, Raquel Marco y Ainara González, expresan en este reportaje su sentir ante un examen con polémica. Incluso dentro de las propias enfermeras hay distintos pareceres sobre la conveniencia de celebrar la prueba el próximo febrero. Más de la mitad de las seis mil enfermeras de listas de contratación han pasado a estar no disponibles en los últimos meses para preparar el examen, lo que a su vez ha supuesto un verdadero quebradero de cabeza para los gestores de Salud en la sexta ola de la pandemia. Entre ellas, gana la postura de que el examen se celebre ya. Hay otro amplio grupo de enfermeras que siguen trabajando y arrastran una gran carga emocional por la pandemia. Si no quieren perder puestos en las listas, deben presentarse al examen pese a sus dificultades para prepararlo. Pero no entienden por qué se celebra en plena ola de contagios y con sus fuerzas al límite.
Hay otra preocupación entre las aspirantes. A falta de que se publiquen las instrucciones sobre la prueba, se desconoce qué ocurrirá con aquellos que sean positivos por covid o presenten síntomas en la fecha de celebración de la misma, pues el entorno profesional de enfermería está muy expuesto a los contagios. Sí se conoce que el día previo al examen de Enfermería hay otro de Oficial de Mantenimiento convocado por el SNS-O en el que no se permitirá el acceso a quienes tengan covid.
El sindicato de enfermería SATSE, cuya opinión también se recoge en este reportaje, reconoce que le toca defender tanto las posturas de quienes desean la celebración del examen en la fecha prevista, como las de aquellos que reclaman un aplazamiento. En todo caso, lamenta que desde Salud no se hayan previsto “las complicaciones que generaría una oposición en un contexto epidemiológico”. La polémica está servida y así la cuentan sus protagonistas.

“Debo presentarme a un examen que ya aprobé en 2018”

Maite Rodríguez Antúnez acabó la carrera de enfermería en 2002 y en veinte años no ha conocido la estabilidad de una plaza fija. Estuvo a punto de conseguirlo en 2018, en la última convocatoria de enfermería. “Saqué muy buena nota en el examen -reconoce- y támbién tenía algo de puntuaciónen el baremo, no mucho. Al final me quedé sin plaza, pero me posicioné bien en listas de contratación. Pero si entonces se hubieran ofertado las plazas que realmente correspondían, hoy no estaría preparando de nuevo un examen que ya aprobé”.
Maite Rodríguez lamenta que en esta ocasión ha podido estudiar poco y que deberá apoyarse en la base de lo ya aprendido. “Cada una tiene sus circunstancias personales. En mi caso, dos niñas que han estado mes y medio confinadas en casa. Primero fue la clase de una, luego la de otra y , de nuevo, la de la primera. Es verdad que este último mes mi marido es el que se está haciendo totalmente cargo de las hijas y yo estoy pudiendo estudiar un poco más”, reconoce. También afirma que la situación de trabajo por la pandemia no les está ayudando. En su caso, calcula, el pasado año habrá trabajado unas 200 horas por encima de su jornada.
“En Navarra -sostiene-, nunca se ha tenido en cuenta la nota de una oposición anterior; en otras Comunidades, en cambio, hay veces que se guarda. Hubiera sido una opción, entre otras, para hacer esta oposición más liviana en la situación tan difícil que atravesamos”.
Pero, sobre todo, le quema la precariedad que afecta a miles de las enfermeras navarras. “Las ofertas de empleo que salen son ridículas habiendo tanta eventualidad”. Y asegura que esta precariedad va en detrimento de la calidad asistencial. “Aquí, con la covid se hicieron un montón de contratos. Se formó a ese personal nuevo, pero luego no se les renovó y se acabó contratando a otros nuevos, que bienvenidos sean, pero hubo que formarles de nuevo”.

“La oposición era necesaria, pero su gestión es ridícula”

María Monguilot Escobedo escribió una carta al director en este periódico con el título ‘La enfermería se muere y nosotros la estamos matando’. Fue un desahogo personal frente al hastío que le produce ver “la falta de conciencia social” en el uso de un servicio público como la Salud Pública y “la falta de compromiso” de la Administración para su mantenimiento. “Lo que no me esperaba -explica- es la repercusión que iba a tener esa carta. Ha circulado por internet, la han publicado varios colegios de enfermería e incluso la han traducido al gallego”.
María Monguilot trabaja en el servicio de urgencias extrahospitalarias y prepara el examen del próximo 6 de febrero con la tranquilidad, relativa, que le da ocupar una plaza de carácter estructural que pese a salir a concurso tardará todavía un tiempo en ser adjudicada. Conoce de cerca la precariedad laboral. Estudió en Ponferrada y se graduó en 2016. Al año siguiente llegó a Navarra y encadenó todo tipo de contratos. “De esos que te llaman al teléfono y te dicen hoy te necesitamos hora y media en San Jorge, mañana haces un turno de urgencias...”.
Ahora, pese a que se presentó y aprobó con buena nota los exámenes de sendas oposiciones en Navarra y Euskadi, debe conformarse con un contrato estructural del 75% de la jornada y sin derecho a vacaciones. De esta forma, preparar el temario del examen, en el que se han incluido temas nuevos, es “muy complicado”.
Monguilot reconoce que la convocatoria de empleo en 2022 era necesaria por el alto porcentaje de eventualidad, aunque considera “ridícula” toda su gestión”. “¿Era necesario convocarla en febrero? -se pregunta-. No hay que ser un gestor brillante para ver la cadencia de casos de los dos últimos años y saber que en enero y febrero aún estaríamos en plena ola de contagios”.

“Muchas han arrojado la toalla por salud mental”

“Muchas compañeras del servicio ha tirado la toalla, han optado por su salud mental frente a esta oposición”, lamenta Isabael Celaya Calvo. “Es muy duro -enfatiza- preparar en cuatro meses un examen de 80 temas cuando trabajas a turnos de 17, 10 o 14 horas y en distintos horarios de día y de noche. En mi caso -añade-, ayer tuve el día libre, pero no pude ponerme a estudiar por el agotamiento. El cerebro no da para más”. Celaya subraya el hecho de que en las oposiciones de enfermería, a diferencia de otras como bomberos y policía, las aspirantes ya trabajan en el servicio cuando deben preparar los exámenes.
Ella acabó el grado de Enfermería en 2003 y tras año y medio trabajando en Inglaterra regresó a Navarra. “Para nuestra desgracia, las enfermeras hemos asumido una precariedad que no deberíamos consentir. Cuando acabamos de estudiar sabemos que vamos a pasar años pendientes del teléfono, acumulando contratos de unas pocas horas, trabajando doscientas horas en agosto y ninguna en enero”.
A ella le tocó bajar durante cinco años de Pamplona a Carcastillo para un contrato de tres horas y media al día. La fortuna quiso que luego pudiera ocupar una plaza estructural en el servicio de urgencias extrahospitalarias, aunque sin derecho a vacaciones. “El vaso se está sobrando -advierte-, llevamos años aguantando la precariedad. Pero con la pandemia es el momento en que hemos dicho: ¡No podemos más!”.
Celaya finaliza diciendo que les duele la falta de “sensibilidad” de la Administración. “Somos invisibles. Podían haber tenido un guiño con nosotras en la convocatoria y a coste cero: que hubiera contado la nota de la anterior oposición, el tiempo trabajado en pandemia... Ni les importamos, ni parece que les importe la calidad asistencial”.

“Que nos aseguren que podremos presentarnos”

Ainara González Córdoba tiene claro su mensaje: “Que todas tengamos la oportunidad de hacer el examen”. Esta enfermera pamplonesa de 26 años se presenta por segunda vez a una Oferta Pública de Empleo. A la primera concurrió cuando llevaba menos de 12 meses graduada, en 2018. Desde entonces con su trayectoria laboral ha cumulado muchas horas y ha conocido distintos servicios debido a la covid-19. Desde hace más de un año en Pediatría, en Atención Primaria, González acusa cansancio por la carga “a nivel físico y mental”. Aunque señala que es afortunada porque, sin hijos, tiene buena parte de la tardes libres, a diferencia de sus compañeras de mayor edad.
Al agotamiento se ha sumado la preocupación por las oposiciones. Enfermeras como Ainara González deben presentarse para mantenerse en “la lista de empleo” y, según su posición, tendrán acceso a contratos más o menos largos.
¿Y SI SOY POSITIVO?
“Todas tenemos la angustia de que llegue la fecha del examen con este brote, estamos atendiendo a pacientes positivos todos los días, y no poder presentarnos. Y hasta dentro de 4 años igual no vuelven a convocarla y ¿qué haces?”, plantea angustiada.
González ve “cerca” un posible contagio, aunque ahora su vida social se limita a su relación con sus compañeras: “A tres semanas no sabemos qué van a hacer con esas personas positivas, de las cuales muchas se contagian por estar trabajando, cuando otras personas están en su casa”. Y son puestos que el resto debe atender. A las excedencias y vacaciones sin cubrir, durante los últimos meses se han añadido las bajas por la covid-19. “¡Es que esto es un desastre!”, exclama durante la conversación.
Pero González es práctica: “Entiendo que ellos [los políticos] quieren solucionar el problema de que se necesita personal, si la única opción es haciendo la oposición, hay que hacerla cuanto antes. Pero que se nos asegure a las que estamos trabajando que vamos a poder hacer el examen”. Atrasarlo, sin saber cómo va a evolucionar la pandemia, no le parece muy útil.
Ainara González conoce a alguna enfermera de las que aparece como ‘no disponible’ en las listas. La pamplonesa opina que el trabajo durante estos últimos meses por lo menos debería reflejarse bien en los méritos: “Si hay personas que están esforzándose, les has convocado cuando peor están y a riesgo de no poder acudir, habría que beneficiarles, pero no dentro de tres años, ahora”. En ningún momento se ha planteado otra solución: “Siento la responsabilidad de atender a las personas, no puedo dejar mi trabajo”.

“Nos sobraba este examen desde que se convocó”

Raquel Marco Rubio insiste en que no se atreve a juzgar a las compañeras que no cogen el teléfono cuando las llaman para cubrir la falta de personal en la sanidad pública. Enfermera nacida hace 50 años en Pamplona, lleva diez trabajando en el Hospital Universitario de Navarra, el antiguo Complejo Hospitalario. Casada y con tres hijos, se prepara para opositar el próximo domingo 6 de febrero con un curso en línea del que extrae ejemplos de pruebas tipo test. “Nos sobraba este examen, pero desde el momento en que se convocó”, asegura.
Desde marzo de 2020 el volumen de trabajo en el servicio en el que se encuentra Marco, en Urgencias, ha sido variable, según la situación epidemiológica, y con numerosos cambios en el espacio físico del área y en el personal. Con la sexta ola, indica, las bajas han sido mucho más numerosas de lo esperado.
SACRIFICANDO DÍAS LIBRES
Los positivos por covid se han cubierto con el resto de los profesionales, muchas veces gracias al sacrificio de sus libranzas semanales. Pero Raquel Marco señala que en ningún momento han quedado vacantes porque hay mucho compañerismo: “Somos vocacionales, serviciales y nos gusta mucho lo que hacemos. En el peor de los días que he podido vivir en Urgencias, jamás he dudado de mi profesión, nunca”.
Por este motivo, no comparte todas las críticas vertidas contra las ‘no disponibles’ de las listas de empleo: “Veo a estas personas que entraron al inicio con contratos ‘full covid’ y les han ido encadenando unos que no les dejaban ni derecho a vacaciones. Tuvieron la oportunidad de no prorrogar, de decir: me voy al paro y me pongo no disponible porque estoy cansada, tengo que estudiar y mi vida depende de este examen”.
Quizá en su lugar, añade Marco, ella hubiera tomado esa decisión. La mayoría de estas personas, asiente, son jóvenes, “pero tienen el mismo derecho y sus propias situaciones personales”.
Raquel Marco ya es funcionaria: tiene una plaza como auxiliar de enfermería en Ubarmin. Obtuvo su licenciatura de Enfermería estando en activo, pasados los 30 años. Por su experiencia, cuenta, se toma este tipo de situaciones con tranquilidad.
Pero no significa que no se juegue nada con el examen, explica. Si no aprueba, no podrá ejercer como enfermera hasta la siguiente convocatoria. En anteriores, podían acogerse a permisos no retribuidos o a una reducción de jornada para estudiar, pero esta vez no se les ha autorizado. Ni han podido tener vacaciones.

“Lo justo habría sido no convocar esa fecha”

“Me parece muy mala fecha: han avisado con pocas semanas de antelación”, anuncia Itziar González Urmeneta en cuanto sale a relurcir la polémica por la convocatoria de las oposiciones para enfermería, que considera “una carga añadida” para la profesión. No habla solo por ella misma, matiza, sino por el sentir general de sus compañeras de Cirugía General en el Hospital Universitario de Navarra, donde trabaja a jornada completa.
González Urmeneta, de 24 años, tiene pocas esperanzas en la OPE: “No tengo mucha opción de hacer un buen examen, he acabado hace poco la carrera”. Se matriculó en una academia, sobre todo “por tener el temario”. Pero le parece inconcebible que las pruebas se convocaran de forma tan temprana, dada la situación en la que se ha visto el colectivo en las últimas semanas, con “mucha presión asistencial”. En su área se han suspendido vacaciones por la sexta ola. “Lo justo, más que atrasar el examen, habría sido no convocar esa fecha”, determina.
Itziar González considera que lo apresurado de las oposiciones es consecuencia directa de la necesidad de personal: “Ya no había enfermeras antes, ahora con los contagios y las bajas pues hay una falta total. Ha sido una forma de decir, el porcentaje que se ha quedado en casa estudiando una vez haga el examen vendrá a trabajar”.
Aunque González desconfía de la idea de que todas las personas ilocalizables estén recluidas estudiando en casa. “Si realmente hay tantas enfermeras que se encuentran no disponibles, igual deberíamos plantearnos el porqué”, deja en el aire.
INESTABILIDAD LABORAL
En sus casi tres años de trabajo, ha pasado por lo público y lo privado, en ocasiones al mismo tiempo: “Nunca tengo un mes fijo”. Hasta el pasado octubre, sus contratos iban desde siete días al mes hasta superar superar los horarios convencionales.
Con la figura del contrato ‘full’, explica, la incertidumbre se eleva: “Cada día vas a un sitio y te avisan con una hora de antelación”. Así, concede Itziar, entiende “que haya gente que necesite priorizar” y no atienda el teléfono, en especial las personas con obligaciones familiares que ha soportado la carga extra de la pandemia. “Es muy complicado tener una jornada completa, tener los hijos en casa, preparar una oposición…”. González reclama cambios: “No es cosa tampoco de aumentar el sueldo, sino de generar contratos más estables o de más calidad”.

“Profesionales trabajando al límite por la pésima previsión de Salud”

​“El altísimo volumen de contagio entre las enfermeras que están trabajando, junto con la pésima previsión de la consejería de Salud antes de la convocatoria de la OPE han llevado a estas enfermeras a una situación límite, entendible y respetable”. Con estas palabras, SATSE denuncia la situación de sobrecarga de trabajo que están viviendo las enfermeras que están hoy al pie del cañón en centros de salud y hospitales. Y es que, como en otras oposiciones, la mitad de las enfermeras que forman parte de las listas de contratación han pasado a situación de no disponibles para estudiar. Y en medio de una pandemia eso se nota. En todo caso, SATSE subraya su apoyo a todas las profesionales en este momento. A las que se van a presentar a la oposición (disponibles y no disponibles) “como a aquellas que están pagando en su día a día las consecuencias de la nula previsión de una consejería que se le presupone preparada para adelantarse a problemáticas más que previsibles”.

SATSE recuerda que remitió a la consejera de Salud y a la presidenta de la Comunidad, para quienes pide su dimisión, “un escrito solicitando una valoración para determinar la idoneidad de la realización de la OPE en el grave contexto epidemiológico actual”, pero que sigue “sin respuesta”.

“La única respuesta a todo de la señora Chivite -continúa el sindicato- ha sido la de culpar a los sindicatos de que no se pidiera la suspensión de la OPE cuando es plenamente consciente de que es su consejería de Salud, o ella misma en última instancia, la única con potestad para paralizar o posponer este ejercicio, tal y como quedó expresado en el texto de convocatoria”.

En todo caso, ante la próxima celebración del examen de la oposición sí solicita la habilitación de distintos recintos “para buscar la máxima seguridad de las aspirantes en el momento de la realización de la prueba evitando la aglomeración masiva en un aula, así como para facilitar al máximo la logística y desplazamientos de las aspirantes que puedan trabajar en turno de mañana, en localidades lejanas a Pamplona”. De la misma forma, exige a la consejería de Salud que establezcan ya las instrucciones para aquellos que fueran positivos en el momento de la prueba,

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