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Pamplona, a pie de calle

Josetxo y Miren León abren un gimnasio para mayores de 40

Estudio Ikigai, en la calle Castillo de Maya, utiliza un método "antiedad" inspirado en la cultura de la ciudad de Okinawa

Ampliar Josetxo y Miren León, Javier Morrás y los arquitectos Álvaro Fernández, Alberto Rodríguez y María Morrás, en Ikigai
Josetxo y Miren León, Javier Morrás y los arquitectos Álvaro Fernández, Alberto Rodríguez y María Morrás, en el Estudio Ikigaij.c. cordovilla
Actualizado el 21/01/2022 a las 17:15
Un gimnasio boutique para mayores de 40 años. Esto es el Estudio Ikigai Pamplona, abierto por los hermanos Miren y Josetxo León, veteranos judocas que han estado en la elite de este deporte. En un ambiente de estilo oriental, ofrecen entrenamientos en grupos reducidos con un método “antiedad” llamado Genkido y basado en tres pilares: resistencia, flexibilidad y propioceptividad, es decir, la “concentración y consciencia”. El gimnasio se sitúa en la calle Castillo de Maya número 42, donde estuvo muebles Ilundáin antes de su traslado a la calle Bergamín.
“El único tratamiento antiedad que funciona es el deporte adaptado a la condición física y edad”, comentan los hermanos León. Explican que ‘Ikigai’ es la expresión utilizada por los habitantes de Okinawa (Japón) para explicar la llamativa tasa de población centenaria que tiene esta ciudad japonesa.
MIren y Josetxo León abrieron hace dos décadas el gimnasio León como escuela de judo que ha ido ampliando su oferta. Después fueron pioneros en el crossfit, con la apertura de CrossFit Pamplona en 2012 en Ansoáin. Ahora afrontan esta nueva iniciativa, con la ayuda de Javier Morrás, pareja de Miren. Precisamente, la idea de negocio partió de la propia experiencia de Javier Morrás, de 52 años.
“En 2017 tuve un accidente de tráfico y estuve más de un año con rehabilitación mañana y tarde. Cuando terminé, ya había cogido el hábito y me planteé: ‘ahora qué hago’. Empecé a hacer deporte más en serio. El crossfit, para mi edad, se me hacía demasiado duro. Hacía cardio, pero Miren me decía que a partir de los 40 años es esencial la fuerza”, señala.
Así vieron una “necesidad” porque a partir de los 40 años muchos se desenganchan del entrenamiento “cuando precisamente es más importante”. Los hermanos León señalan que es importante trabajar la fuerza para no perder las facultades, pero también trabajar la coordinación, el equilibrio, la capacidad de reaccionar y la flexibilidad. “El método Genkido encaja muy bien para la gente de 50, 60, 70 años o más”, añaden.
De las artes marciales han adoptado la concentración, la conciencia del cuerpo y el calentamiento. “El mundo del fitness ha evolucionado mucho, pero resulta que la ciencia ha avalado que esa sabiduría tradicional de las artes marciales es de gran valor”, comenta Josetxo. “Hemos sido deportistas de élite, pero pasan los años y tenemos que adaptar nuestra forma de entrenar. Si antes el objetivo era ir a las Olimpiadas, ahora mi objetivo es sentirme bien”, añade este judoca, que es cinturón negro 4º dan y campeón del mundo de lucha Sambo.
Ikigai entra en la categoría de gimnasio boutique porque hay una atención personalizada, en grupos de hasta seis personas, “con un equipamiento muy cuidado”. Las máquinas de remo son de madera de los Apalaches y con un circuito de agua para dar la sensación de remar de verdad. Las bicicletas de spinning son del último modelo del creador de esta modalidad, Johnny G. Las pesas son de blandas de cuero para evitar golpes. “Las sesiones son dirigidas y se monitoriza la frecuencia cardíaca para ayudarle a marcar el ritmo”, explica Miren, que en los Juegos Olímpicos de Sídney logró un Diploma Olímpico (séptimo puesto).
La cuarta pata del proyecto es María Morrás, arquitecta diseñadora. Ella se ha encargado de transformar la antigua tienda de muebles Ilundáin en un gimnasio boutique. A contado con la colaboración de Balú Arquitectura, estudio de Álvaro Fernández Urrutia y Alberto Rodríguez Indave. Les dieron las pautas y han tenido libertad para diseñar un local diáfano con toques japoneses. Se ha cuidado la iluminación y el juego de texturas, de linos y otros materiales sostenibles. “El objetivo era que todo el que venga desconecte del exterior y salga relajado”, explica María Morrás. Sólo ha conservado la fachada y su característico arco. Hay también una sala para grupos de hasta cuatro personas para entrenamientos a la carta.
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