Villava
Juan Luis, vecino de Villava: “No sabíamos que esta zona era inundable”
"Ya lo dice un vecino, quitando dos o tres días al año que estamos en tensión, aquí se vive de maravilla", señala


Publicado el 19/12/2021 a las 06:00
Juan Luis, vecino desde 1990 del grupo Martiket, recibía sonriente el viernes a mediodía la llamada de la empresa de calderas. Le anunciaban que el sábado, a primera hora, irían a sustituir las piezas que, una semana antes, el agua desbordada de los ríos Ultzama y Arga había estropeado. Era la llamada que esperaba para poder regresar a dormir a su casa. Una vez caldeada.
Desde que el viernes 10 a primera hora de la tarde pudieron salir de la vivienda se han alojado, con otros vecinos, en el hotel Villava. Durante seis días a cargo del Ayuntamiento, al que agradecen la iniciativa ante la emergencia. Los dos últimos a su costa. En la calle de esta urbanización que su esposa, guipuzcoana, y él, vizcaíno con 43 de sus 75 años en Navarra, casi estrenaron, la imagen una semana después de la riada se veían camiones de desciegues, operarios repasando cuadros de instalaciones, vallas de obra sustituyendo los cercados que arrancó el agua. Barro y humedad. Y frío. Un frío que se sentía igual entre las paredes de las casas abiertas.
Te puede interesar

“Ya lo dice un vecino, quitando dos o tres días al año que estamos en tensión, aquí se vive de maravilla. Es una gozada para estar con la familia, nosotros con 4 hijos y 10 nietos. Hicimos la casa sobre plano. Convencidos de donde veníamos. Pero nadie nos dijo que era inundable y hemos pleiteado hasta el Supremo a raíz de 2013. Ha respondido que recurrimos fuera de plazo. Ahora parece que ya se ha puesto precio a la solución, al menos parcial. Y el Ayuntamiento y el Gobierno están en el tema. A ver cuándo se hace”, reflexionaba.


“Ahora tenemos en la cabeza cuándo vendrá otra riada”
En 2003 Sonia Arizcuren, su hermana Arantza y Marisa Pinero se instalaron en Villava. En un local de la familia de las primeras, en la calle Arga, abrieron una peluquería para hombres y mujeres y continuaron ejerciendo el oficio que aprendieron con quince años. Allí seguían el viernes, una semana después de que el agua alcanzara un metro y medio en la planta baja del negocio. Peinando, cortando el pelo, tiñendo... Su imagen contrastaba con la del sábado.
Ese día, junto a amigos y familiares, vaciaban el local para poder sacar el agua y el barro que se había metido hasta en los botes de productos. Siguieron el domingo y el lunes. Pronto llegó un electricista que cambió la instalación. Con toda esa labor en cadena y con el material enviado por peluqueros de toda España de asociaciones y grupos de redes sociales, pudieron abrir el jueves.
“Estamos en precario, con la puerta que se ha bombeado y no cierra bien, los muebles estropeados, una máquina sacando agua, los sillones tapados con plásticos porque todavía tienen agua y barro dentro. Pero no quedaba otra que limpiar y salir para adelante”, explicaba la peluquera que da nombre al negocio. Una clienta, con 44 años en Villava, reconocía no haber visto nada así. “Tapamos las puertas, pero el agua subió más y entró por el baño por todo. El Ayuntamiento y la gente, niños y mayores, se han portado espectacular. Y los compañeros. Aquí Maite Pola, de la peluquería Zar, nos puso en contacto con las asociaciones y nos enviaron material. En la cabeza tenemos cuándo vendrá la siguiente”.