Inundaciones
Villava, solidaridad tras el agua y el barro
Decenas de voluntarios respondieron a la llamada municipal para colaborar con los afectados por las inundaciones


Publicado el 12/12/2021 a las 06:00
El agua no entra sola cuando se desborda y anega terrenos y construcciones a sus orillas. Arrastra ramas y restos vegetales. A veces residuos que va recogiendo en terrenos que ha arrasado antes. Y barro. Un barro resbaladizo y pegadizo que lo impregna todo. Difícil de sacar salvo que se frote fuerte o se empleen herramientas adecuadas. En Villava lo saben bien en la urbanización Martiket y en el barrio Ultzama principalmente. Les ha tocado quitarlo demasiadas veces a los que acumulan años en la localidad en las inmediaciones del río Ultzama y del Arga. En esta riada de 2021 el agua tampoco llegó en solitario. A todos los elementos descritos añadió mucha solidaridad y trabajo voluntario, veinticuatro horas después de entrar en casas, bajeras, locales de negocios, instalaciones públicas y vehículos. Decenas de personas que se sumaron al auzolan convocado desde el ayuntamiento o que por su propia iniciativa colaboraron con los afectados. Hasta emocionarles y acompañarles en la dolorosa tarea que sigue a cada jornada después de las inundaciones. Un trabajo que agradecieron uno a uno los que tenían ganas o fuerzas para contar su historia. “Zorionak a los vecinos por su ayuda. Es muy importante no sentirse solo en momentos como este. En unos días podré estar hundido por lo que ha pasado, pero me quedo con estos gestos”, resumía el sentir de muchos Mikel Guerra mientras limpiaba la bajera que utiliza como almacén, txoko de encuentro y garaje en la calle Ultzama.
Era la primera vez que se convocaba a vecinos voluntarios para ayudar tras el descenso del caudal del río y en previsión de las numerosas afecciones en espacios públicos y bienes privados. Ayer la tarea se centró en locales particulares y a ella se pusieron los afectados, pero también grupos de familias, de amigos, de vecinos a veces desconocidos. También doce personas de la brigada de obras del Ayuntamiento, que además puso material de limpieza encargó la instalación de contenedores. Además, personal del servicio de recogida de residuos de la Mancomunidad cargó varios camiones con el material inservible que fueron depositando los grupos.


DESDE LA PLAZA
El punto de encuentro fue la plaza Consistorial y allí se reunieron hasta 40 personas en primera instancia. Grupos de personas de “mediana edad”, algunas familias con menores, personas vinculadas a Villava como los organizadores del Hatortxu Rock. Querían generar una segunda ola tras la del agua. Y bien que se consiguió. Lo agradeció el alcalde, Mikel Oteiza, a los que acudieron a la plaza para recibir instrucciones o herramientas para la limpieza. Y horas después, tras recorrer varias casas afectadas, lo repetía en Martiket. “Ha sido una segunda inundación de buena gente que ayuda. Puede haber 200 personas trabajando y es una maravilla esta solidaridad”, buscaba el lado bueno tras una nueva inundación.
Desde la plaza partieron los grupos a la zona del barrio Ultzama o al grupo Martiket. La pasarela para llegar a esta zona residencial atravesando el río Ultzama seguía cerrada ante el nivel del agua, de modo que la rotonda de San Andrés fue el punto de partida.
En el barrio Ultzama pronto se notó el trajín. En la farmacia, prácticamente destrozada, en la calle San Andrés. En la bajera de los Satrústegui en el inicio de la calle Ultzama. En Landere. El supermercado de la asociación de consumidores de productos ecológicos reunió a un sin fin de personas. Socios que ya se habían ofrecido horas antes y otras personas como Ruth, Janire o Maite, amigas treintañeras de Villava que pensaron que allí podían echar una mano. A las diez entre todos vaciaban todo el material que se había llenado de agua y barro en las estanterías de la tienda. Las jóvenes separaban cartones humedecidos y dejaban a buen recaudo las cremas o productos de maquillaje. Otros retiraban material de embalaje, comida inservible tras horas bajo el agua. Uxue Etxaide, la encargada de Villava, recordaba que tienen 3.500 socios y dos tiendas, l asegunda en la Rochapea. “Se apuntaron quince socios y otros quince voluntarios. Ha estado muy bien pero hay que organizarlos”, decía a la vez que avisaba a los que llegaban con el camión de recogida de residuos de lo que era para tirar. “Emociona la respuesta”.
Casi al lado en la sede de la empresa de obras y servicios Belate uno de los encargados, Óscar Hernández, y Cosntantin Nica, uno de los empleados más veteranos, separaban el material inservible y limpiaban el resto. El agua entró en la nave de la empresa tras saltar la barrera de 70 centímetros de altura que habían colocado el jueves de madrugada. También subieron parte de la maquinaria pero el almacén y las oficinas estuvieron anegadas durante horas y había muchas cosas que ya no servirían, calculaban. “Se han ofrecido hasta tres grupos de personas para ayudar. Ha sido una pasada. No esperábamos esta respuesta”, reconocían. Ellos también colaboraron con sus vecinos. El viernes, cuando a primera hora de la tarde descendió el nivel del río, ayudaron a abrir la persiana de Landere.
En el portal número 5 de la calle Ultzama tres vecinos trabajaban en equipo para achicar el agua del hueco del ascensor. Tuvieron la previsión de dejar la cabina en el piso de arriba, de modo que la afección sólo estaba abajo. Con la bomba de achique de Ángel Pérez, mendaviés con 50 años de residencia en Villava, dejaron limpio el hueco. Con él Jesús Hidalgo, vecino del tercero y que sus 19 años ya ha colaborado en dos inundaciones para dejar listo el portal.
Y tras el portal, la bajera de Mikel Guerra. Conductor de autobús que buscó hueco entre turnos para empezar a limpiar y organizador del trail de Huarte, reside en Villava desde hace 24 años. Mientras su mujer trabajaba, él limpiaba mano a mano con voluntarios. Sin detenerse en la labor lanzaba la felicitación y agradecimiento. “Es tan importante no sentirse solo. Es lo mejor que nos deja y con lo que me quedo”, contaba. Le ayudaba una vecina de Villava que conocía porque sus hijas coincidieron en la ikastola Atargi y que no se imaginaba en otro sitio ante el panorama en su localidad de residencia. “Ayer empecé cuando pude abrir y enseguida se presentó gente a ayudar. Al contrario de los que difunden bulos que no saben qué daño hacen a los que ya hemos sufrido al ver cómo entraba el agua”, relataba Guerra.
Muy cerca, en la misma labor, la familia de Yolanda Larrasoña, vecina en Cortes de Navarra y que hace dos años adquirió el local como almacén. El jueves regresaron precipitadamente de un viaje al ver la que se venía. Seguidamente Sarha Leoz, vecina en la calle desde hace 49 años y antigua copropietaria de Bodegas San Martín. Ayudaban al actual dueño a rescatar el material que se podía aprovechar. En la calle un grupo de amigas, como Presen e Inma, que fueron de bajera en bajera echando manos.
A la vuelta, en la calle Río Arga, el panorama era similar. Se sumaban también curiosos y paseantes. Y en el parque cercano se veían tres vehículos que arrastro el agua cuando alcanzó la plaza Cortes de Navarra. Allí estaban los del bar Arga o Sonia Arizcuren, de la peluquería Sonia. Con ella sus compañeras de trabajo y familiares que apartaban los sillones y otros enseres para sacar el agua y el barro mientras la dueña predecía el desastre total que iba a ser. “Ha afectado a muebles, a pintura, a productos... Y luego a pelear con los seguros, que encima parece que les queremos robar y sólo pedimos lo que hemos perdido”, se anticipaba a una queja que también se oía en Martiket.
Consuelo, una vecina de 83 años, viuda y residente en el barrio desde 1976, supervisaba la limpieza que llevaban a cabo vecinos y familiares. Avisaba de lo que debía guardarse y recordaba los pesares de una noche, la del jueves al viernes, en la que veía los estragos del agua. “Pon que agradezco a toda esta gente lo que están ayudando. Otras veces lo hacemos solos y es muy bonito. No lo esperaba”, repetía.
En Errondoa un trabajador de Prosegur recogía los restos de un belén monumental que había confeccionado los últimos meses y que esperaba enseñar estos días a sus amistades. El agua dio al traste con todo. También arrastró el coche de su hermano. En la antigua nave de Jucar iban despejando todo el material que arrastró el río que alcanzó 1,70 metros. Y se quejaban de que la antigua sede de Ion Graf, todavía en pie, impida que el agua encuentre un terreno despejado donde salirse.
Y en la sede de Ene Kantak, la productora audiovisual que da trabajo a veinte personas, Nerea Urbizu tenía que agarrarse a la puerta al recordar el apoyo recibido, a la vez que desvelaba que las dependencias, abiertas hacía dos años, habían quedado seriamente dañadas. Perdieron material informático, CDS, mobiliario. Se salvó el de grabación.
SIN LUZ EN MARTIKET
En la zona residencial de Martiket pronto se veía la magnitud del impacto. Como aviso la pared caída de una de las viviendas. En el jardín, con botas de goma, su propietaria Paquita Gil, de 77 años. Su marido, enfermo, esperaba en la buhardilla mientras voluntarios y familiares limpiaban la bajera. En la planta baja de la casa enseñaba los muebles y se lamentaba porque la luz no había vuelto ni tenían noticias. Otro vecino pedía más explicaciones sobre el control del pantano de Eugui; Dani Azparren y su mujer limpiaban con amigos y familia la vivienda recién reformada. “Solo pedimos que si en otros puntos hay motas aquí hagan algo también porque de lo contrario estamos indefensos”. Alex San Martín, que vive con su familia en la casa que fuera de sus padres desde hace treinta años, todavía reconocía su suerte porque la vivienda está más elevada sobre el terreno y el agua sólo afectó al garaje.
Las instalaciones deportivas municipales, también inundadas y afectadas por completo, seguían cerradas. El lunes será su turno. Hoy seguirán con la limpieza. Ya con luz desde la tarde de ayer y con muchos daños todavía que cuantificar.