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Todos los Santos

La normalidad volvió al cementerio de Pamplona en aforo pero no en visitantes

Aunque este lunes no se pusieron restricciones en número de personas hubo poca afluencia

Una de las zonas de nichos que, como se aprecia en la imagen, estaban cuajadas de flores pero no de muchos visitantes
Una de las zonas de nichos que, como se aprecia en la imagen, estaban cuajadas de flores pero no de muchos visitantesGoñi
Publicado el 02/11/2021 a las 06:00
Uno de los indicativos para comprobar el Día de Todos los Santos que la afluencia al cementerio municipal de San José de Pamplona se encuentra en el aparcamiento de tierra acondicionado junto a la avenida Baja Navarra, lo más cercano del camposanto para el visitante de a pie ya que el estacionamiento contiguo está restringido. Pues el lunes, quizá no se encontraba hueco a la primera, pero no había que esperar mucho. Ni se veía, como antes de la pandemia, un gran tráfico por los barrios de San Jorge o de San Juan, que enmarcan al sur y al norte, respectivamente, el recinto mortuorio. Tampoco en las paradas de autobuses aledañas a los accesos se agolpaba la gente ni el transporte urbano aparecía atestado de pasajeros.
Y eso que la amenaza de lluvia se disipó por la mañana con una jornada soleada de unos quince grados que parecía podía empujar a más personas a acudir al cementerio tras las cortapisas del año pasado. No fue así; uno de los 1 de noviembre más flojos que se recordaban, y lo decían tanto los visitantes como los empleados municipales del cementerio.
El de 2020 no sirve para una comparativa. El coronavirus obligó a limitar el aforo a 2.000 personas y los que acudían podían hacerlo como máximo en grupos de cuatro personas. Veinte auxiliares de protección civil se apostaron en los accesos para hacer que se cumpliera el mandato municipal y ellos se encargaron de hacer un conteo: poco más de 1.800 visitantes.
El lunes, sin control en las puertas, sin límite de asistencia, sin necesidad de tomarse la temperatura y aguardar en cola era difícil calcular. “Pero mira los pasillos, la gente pasea sin tener que cederse el paso. Yo he conocido épocas en la que se tropezaban de la multitud que había”, comentaba un empleado municipal. “Pero las incineraciones han restado la presencia de muchas familias”. Y van en aumento.
Para él, la causa no era la amenaza de un contagio en las concentraciones de gente lo que provoca miedo o, como también se apuntaba en los corrillos de asistentes, el que este año la festividad haya caído un lunes precedida de un fin de semana que ha hecho a muchos cogerse puente y recordar a sus difuntos el sábado. O simplemente, querer evitar el día -se suponía- de mayor aglomeración.
79,6% DE INCINERACIONES
Y los datos avalan su hipótesis: entre los meses de enero y septiembre, el cementerio ha llevado a cabo 2.054 servicios funerarios. De ellos, un 79,6% se corresponden con cremaciones, con un total de 1.636. Del resto, 418 servicios, el 20,4%, fueron inhumaciones en distintas modalidades: 247 se realizaron en nichos (un 12%), 143 en panteones (un 7%) y 28 fueron enterramientos en fosas de tierra (1,4%).
Esta preferencia por las incineraciones ha provocado que, hace poco más de una semana, la Junta de Gobierno Local adjudica los trabajos para sustituir uno de los actuales hornos crematorios, el más antiguo, que data de 1997, por otro que pueda atender la mayor demanda. Se invertirán 337.012 euros y se prevé que pueda estar operativo para el primer trimestre del año que viene. La nueva instalación cuenta con una capacidad nominal de siete cremaciones por jornada de trabajo de 12 horas, cuando en la actualidad el horno que se sustituirá realiza cuatro cremaciones por jornada de trabajo.
El porcentaje de cremaciones sigue un progresivo aumento, constante desde 2007, año en el que comenzaron a suponer más del 50% de los servicios funerarios realizados en el cementerio de Pamplona. En 2010 las cremaciones alcanzaban ya el 60% de los servicios y desde 2014 no se baja del 70%.
HOMENAJE A SARASATE
Otra de las restricciones del año pasado fue la de llevar flores, que se prohibió el día 1. El lunes no, así que el Ayuntamiento pudo completar con su ritual de colocar una corona a los pies del músico Pablo Sarasate, Hijo Predilecto de la Ciudad desde el año 1900. A las once y media comenzó el acto de recuerdo que contó con los familiares de Sarasate, sus sobrinos biznietos, Miguel, Luis y Jorge Rodríguez Trías y Lourdes Trías Mundet. “Mi padre (Javier Trías de Mena) hubiera venido. Pero son ya casi 100 años”, decía sobre el nieto de Francisca, una de las hermanas de Sarasate. “Pero la misa no se la perderá”, aseguró.
Una tradición que, como es lógico, viene envuelta de su música; en esta ocasión dos piezas interpretadas por representantes de la Orquesta Sinfónica de Navarra, que fundó Pablo Sarasate bajo la denominación de Orquesta Sociedad de Conciertos Santa Cecilia y que, después, llevaría su nombre.
Y junto a ellos, representantes de todos los grupos municipales (el equipo de gobierno de NA+, EH Bildu, PSN y Geroa Bai), además del capellán municipal, cargo que ostenta el párroco de San Saturnino, César Magaña, que también es el titular de San Nicolás. En ausencia del primer edil, Enrique Maya, fue la teniente de alcalde, Ana Elizalde, la encargada de colocar las flores.
De ahí, los integrantes de NA+ y PSN acudieron al nicho de Tomás Caballero, concejal de UPN asesinado por ETA en 1998. “Por todas la víctimas de esta sinrazón que fue ETA y que no olvidamos”, dijo el religioso, César Magaña, que ofició el responso en recuerdo del edil regionalista.
FLORES FRESCAS
Este lunes, se podían contar con los dedos de las dos manos los panteones, nichos o columbarios sin flores frescas. También hubo ramos en aquellos lugares comunes, como en el monumento de recuerdo de los 305 represaliados durante los primeros compases del golpe de estado de 1936 y que también rememora a los caídos en la huida del fuerte de San Cristóbal. Había dos de colectivos memorialistas, Areka Elkartea y Affna 36 -estos últimos con flores del mismo color que la bandera republicana- y un tercero anónimo.
Y estaban los ramos particulares, como el que colocó María Luisa Toca López de la Torre en el panteón de la familia Toca. “No solemos venir el 1 de noviembre, aunque los días previos traemos un detalle. Pero esta vez es diferente, hace poco que ha fallecido mi hermana”, comentaba.
Jesús Ferreruela Jiménez sí que acudió el año pasado. “Los gitanos veneramos mucho a nuestros difuntos. La anterior vez fue triste porque no pudimos juntarnos todos”, decía. “Espero que nuestros hijos y nietos hagan lo mismo por nosotros. A veces esta tradición tan nuestra parece que los jóvenes no se lo toman muy en serio, o no como los mayores”, se lamentaba.
En familia también estaba la viuda Rosi González Méndez junto a sus hijas Isa y Nelia Tudela. “El año pasado sí vinimos. Con mucha precaución porque entonces estaba en plena efervescencia el coronarivus. ¡Si no se hablaba de otra cosa! Cada día en las noticias te decían cuántos casos, cuántos fallecidos...”, comentaban entre las tres. “Hoy (el lunes para el lector) estamos más tranquilas, pero se nota mucha menos gente que otros años, no sé si será porque aún tienen miedo”.
“Yo vengo andando desde Monasterio de Urdax y no había un flujo tremendo de gente viviendo hacia aquí como en anteriores ocasiones”, comentaba Javier Sagaseta González, que el año pasado también acudió. “El coronavirus no me impidió venir a recordar a mi suegra, una gran mujer. Basta, como esta vez, con ser precavido”.
La pareja formada por María Jesús Aenar y Rufo Arnedo Pérez también eran de los que no faltaron el día 1 de 2020 en su visita al cementerio. “Aquí estás al aire libre, no nos da ninguna sensación de peligro. En todo caso, lo pasaríamos mal en la sala de columbarios de la parroquia de San Lorenzo”, decía el matrimonio. “Nosotros además somos de los que venimos durante todo el año, al menos una vez al mes”, añadían. “Y sí, un poco más prudente eres, pero sin ningún miedo. No te puedes encerrar en casa, hay que vivir”, sentenciaba ella.
En cambio Rosa da Silva Martins y su nuera Sofía da Silva reconocían que el año pasado no acudieron al cementerio por miedo al contagio. “Así que hoy es un día especial porque podemos volver a visitar a nuestros fallecidos. ¿Miedo? Ya no, pero sí prudencia. Y mucha, que la gente se está relajando y el coronavirus todavía no se ha ido”.
HORARIO DE INVIERNO
Este martes todavía se podrá visitar el cementerio en el horario de verano, que es de 8 a 19 horas. Pasadas las celebraciones en torno a Todos los Santos y el Día de Difuntos, a partir del miércoles día 3 y hasta el 31 de marzo, el cementerio cambiará su horario y reducirá su apertura una hora, de 8 a 18 horas. La puerta principal es la que siempre permanece abierta hasta la hora de cierre, mientras que el resto lo hace media hora antes.
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