Pamplona

Persianas desencajadas, robos y tuberías rotas: los hosteleros del Casco Viejo, “asustados”, piden protección

“Es vandalismo, pedimos protección”, dicen los afectados por las acciones vandálicas en Pamplona

Juanjo Guembe Goñi, del Mesón de la Tortilla.
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Juanjo Guembe Goñi, del Mesón de la Tortilla.
Juanjo Guembe Goñi, del Mesón de la Tortilla.

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 04/09/2021 a las 08:50

El jueves, a eso de las cinco de la tarde, cuando Javier Manero Martínez fue a abrir el establecimiento comercial de Atanasio, Estafeta ofrecía la imagen de una calle atestada. “¡No sé lo que puede pasar esta noche!”, comentó con un conocido. Sus predicciones no pudieron ser más acertadas. La multitud reunida -en su mayoría, jóvenes de edad universitaria-, acabó por obturar el acceso a la emblemática vía, como “una mañana de encierro en Sanfermines. “Apenas hice algo de caja. No se podía entrar por Estafeta”. Lo peor estaba por llegar en otra vigilia de “descontrol” y despropósitos. Ayer en el Casco Viejo se adivinaba un ambiente de desánimo e impotencia entre voces que se alzaban pidiendo protección para que no vuelva a ocurrir. El primer juevintxo tras el arranque del curso universitario acabó por devolver al centro de Pamplona el clima alborotador y encendido de unas concentraciones multitudinarias para pesar de vecinos, hosteleros y comerciantes. Su hartazgo, comprensible, no tiene límite.

ESTAFETA | PERSIANAS DESENCAJADAS

Resultado del comportamiento incívico que había presagiado el comerciante entre la masiva afluencia de la víspera, la tienda de souvenirs ¡Eh, Toro! amaneció con la persiana desencajada. Como sucediera en el bar La Granja, contiguo, un brusco impacto de madrugada dado por desconocidos acabó con la protección salida del carril. A las diez de la mañana, Daniela Rojas Aragón se sirvió de la ayuda prestada por repartidores para poder elevarla y dejar la entrada al local despejada. “¡Ya está bien!. Los que pagamos el pato somos nosotros”. Su protesta resumía el sentir mayoritario del sector hostelero, comercial y de servicios del Casco Viejos tras otra noche de pesadilla.

Daniela Rojas Aragón, de ‘¡Eh, Toro!’.
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Daniela Rojas Aragón, de ‘¡Eh, Toro!’.Jesús Caso
Daniela Rojas Aragón, de ‘¡Eh, Toro!’.

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Un cerrajero repara la persiana de La Granja.
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Un cerrajero repara la persiana de La Granja.JESUS CASO
Un cerrajero repara la persiana de La Granja.

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SARASATE | 400 EUROS PERDIDOS EN UN ROBO DE LICORES EN UNA CASETA 

Santi Salguero Murillo andaba a las dos de la tarde de ayer inquieto sin poder resolver el cierre de la caseta de unos 14 metros metros cuadrados que es extensión de su bar Basoko Taberna, de San Nicolás, en el Paseo Sarasate. La puerta había sido doblada a eso de la una y media de la madrugada, por, al parecer, dos menores que fueron reconocidos por las imágenes de una cámara en el exterior. Acabaron sustrayendo bebidas alcohólicas por valor de 400 euros, como expuso el hostelero en la denuncia que interpuso en la Policía Municipal. Ni la advertencia de dos conocidas cuando estaban perpetrando el hurto logró deponer su actitud. “¡Corre Santi, que te desvalijan todo!”, fue lo que escuchó por su móvil de otros hosteleros que se percataron de lo que estaba sucediendo. “Esto es vandalismo. No hay otro motivo que romper por romper”, reflexionaba a la par que sugería permitir “el ocio nocturno” y evitar de esa manera que a la una de la madrugada, cuando cierran los bares, se formen concentraciones . “Lo tienen que controlar de alguna manera”, deslizaba, con un poso de lamento, como ruego a la Administración.

NAVARRERÍA | "ESTO PARECÍA EL 6 O 7 DE JULIO"

“Si los chavales no toman conciencia y no hay protección”... La frase sin completar de una vecina de Navarrería, que se acogió al anonimato por ser celosa de su intimidad y también por un grado de inquietud por temor a recibir reproches, respondió a una interpelación sobre el modo de atajar comportamientos y expresiones de celebración desenfrenadas. Según dijo, a eso de las tres de la madrugada el ruido de la calle se colaba en su hogar. Antes había salido a dar un paseo. Pudo ver numerosas furgonetas de la Policía Nacional aparcadas en la parte baja del Casco Viejo. Al contemplar la imagen se dio por respondida a una pregunta reflexiva que había asomado en su mente: “Cada uno tiene que ser responsable de los hechos pero aquí ha habido mucha gente que ha estado sin control alguno”. A corta distancia, Juanjo Guembe Goñi, encargado del Mesón de la Tortilla, rebobinaba las imágenes de su memoria para retroceder a la tarde-noche de inmenso gentío. “Esto parecía e 6 o 7 de julio en Sanfermines”, decía, a la par que compartía una reflexión con otro responsable de su establecimiento. “A los hosteleros se nos exige adoptar medidas, pero han de tomarse también en la calle”, sentenciaba.

Juanjo Guembe Goñi, del Mesón de la Tortilla.
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Juanjo Guembe Goñi, del Mesón de la Tortilla.JESUS CASO
Juanjo Guembe Goñi, del Mesón de la Tortilla.

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SAN GREGORIO | ROTURA DE TUBERÍA POR QUERER SUBIRSE A UN BALCÓN Y ENTRADA EN PORTALES

La calle San Gregorio vivió otra noche prolongada, con el sueño interrupido de sus vecinos por las salidas de tono de jóvenes que estaban de fiesta en la calle. Según comprobó Ramón Esnaola, regente de los bares Museo, Kaixo y San Gregorio, y vecino del entorno, se repitieron escenas de personas que trataban de escalar por las tuberías hasta los balcones más próximos. Ayer por la mañana, mostraba un hueco vacío en una de ellas por haber sido arrancada. De igual modo, habló del malestar de convecinos por que hubo jóvenes que se colaron por portales. Una mujer halló en el rellano y escaleras a siete. La sucesión de llamadas realizadas a la Policía Municipal acabó siendo respondida con la presencia de un dispositivo, a eso de la una de la madrugada, que acabó desalojando la calle de los rezagados. El hostelero se refirió igualmente a la labor de limpieza realizada por él y otros para dejar expedito un tramo de la calle de cristales y restos de botellones formados delante de sus establecimientos.

SAN NICOLÁS | CIERRE DE BARES ANTES DEL HORARIO PERMITIDO AL NO PODER CONTENER A JÓVENES

Itziar Martín Tories se fue el jueves a las diez de la noche “llorando a casa”. No podía dar crédito a lo que había contemplado en el Bar Don Lluis, de su propiedad: “Les decíamos a los chavales que no podían consumir dentro del bar. No podíamos sujetarles”. Un cartel repetido en las cristaleras del establecimiento con el lema Antes de pasar, consulte al camarero, no fue percibido por clientes díscolos. La ausencia de vigilancia policial, “como años antes cuando en la esquina había un plantel de 8 o 10 agentes”, fue motivo de queja suya y de su marido, José Antonio Ciganda Gorraiz. El colmo llegó cuando comprobaron que una cisterna de uno de los baños había sido arrancada. La imposibilidad de contener al gentío que se arremolinaba acabó por determinar el cierre voluntario con antelación. A eso de las tres de la madrugada, cuando él se retiró a descansar vio a un joven que estaba orinando en un portal cercano, “tratando que el orín se filtrase y pasase por debajo de la puerta”. Reaccionó llamándole la atención.

Metros adelante, el titular del Baserriberri, Luken Vigo Etxebarria, despachaba con un proveedor poco antes de que, a preguntas sobre la noche vivida, describiese una sucesión de escenas poco tranquilizadoras. Como en el caso del Don Lluis, optó también por adelantar el cierre “por miedo a que nos pudiesen reventar el bar”. Dentro, hasta la clientela habitual, participó del estado asustadizo que envolvió a parte del personal a su cargo. “La sensación fue que se nos iba de las manos”. El propio titular y cocinero debió abandonar su puesto para salir a apaciguar los ánimos de un grupo de unas veinte personas exaltadas. Logró su propósito, con la complicidad de una de ellas, que mostraba una postura sensata. “Estábamos cerrando y querían meterse en el bar”. La cosa no fue a más en un momento de tensión.

Itziar Martín y José Antonio Ciganda, de Don Lluis.
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Itziar Martín y José Antonio Ciganda, de Don Lluis.J.Caso
Itziar Martín y José Antonio Ciganda, de Don Lluis.

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