Desarrollo urbanístico

Berriosuso, veinte años creciendo

En dos décadas ha multiplicado por 100 su población con las urbanizaciones que rodean el casco antiguo a ambos lados de la carretera. Nuevos vecinos que se han involucrado y ahora empiezan a notar carencias, como las villavesas

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Berriosuso, veinte años creciendoJesús Garzaron
Berriosuso, veinte años creciendo

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C.A.M.

Actualizado el 19/03/2021 a las 06:00

Miguel Etxeberria Donazar es, con 89 años recién cumplidos, el vecino de más edad de Berriosuso. Hace casi sesenta años, cuando tenía 30, puso en marcha el negocio de plantas y verduras que situó a muchos en el mapa a esta localidad de la cendea de Berrioplano, a 8 kilómetros de Pamplona, que ahora ha pasado a engrosar la exigua lista de concejos navarros que superan el millar de habitantes. Un total de 1.024 a fecha 1 de enero de 2020. La cifra contrasta con los menos de 100 que se contaban a 1 de enero de 2000. De pocas palabras, apoyado en su bastón, reconoce que nunca pensó que la localidad que le vio nacer y en la que se contaban apenas una veintena de casas crecería como lo ha hecho. El resultado de este desarrollo le gusta, aunque lamenta que el pueblo “de siempre” vaya menguando y sean más las casas vacías que las habitadas.

El plan municipal recogió años atrás el crecimiento entre Berrioplano, Berriosuso y Aizoain, hasta casi hacerse un continuo urbano de viviendas adosadas y unifamiliares entre las tres localidades. La curva de población comenzó a ascender en Berriosuso en 2002 y con mas intensidad entre 2005 y 2012, cuando rozó los 800.

En 2019, los primeros bloques de pisos de protección oficial, ayudaron a sobrepasar los 1.000 habitantes. Esos son los números. Entre medio está la historia de un pueblo “joven” que muchos vecinos de Pamplona y su comarca eligieron por su cercanía a la capital y por su entorno natural, a los pies de San Cristóbal-Ezkaba y rodeado todavía de campos. Una localidad en la que vecinos nuevos y antiguos han hecho “piña” de la mano de una sociedad, Apezetxea, que ha sido motor de un sinfín de actividades solidarias y festivas. Y con un concejo que a su vez colabora con las propuestas vecinales y, en otros casos, las impulsa.

Aunque han crecido en población, no así en servicios. Sólo una farmacia ha abierto sus puertas en los últimos años. Las dotaciones públicas, como las piscinas, gimnasio, edificio multiusos o consultorio médico están en Berrioplano, sede también del Ayuntamiento.

Junto a Miguel Etxeberria su hija Ana Etxeberria Mariñelarena, de 45 años; Luis Mugueta Goñi, de 61; Juan Miguel Muñoz Fernández, de 58; Josetxo Buján Ibáñez, de 48 e Iñaki De Carlos Sola, de 48, reflexionan sobre el crecimiento de Berriosuso y las necesidades que afronta. La lista de demandas la encabeza la frecuencia de las villavesas que les conectan con Pamplona y con el resto de la comarca. El autobús, a partir de las siete, llega cada hora. Y como recuerda Juan Miguel Muñoz, vecino desde 2007, sería necesaria mayor oferta y más en el momento en el que los niños que han ido naciendo en la urbanización van cumpliendo años y empiezan a demandar este servicio con más frecuencia. También recuerdan el antiguo palacio en manos municipales y que quedó sin terminar tras varias inversiones para reformarlo. “Sólo quedan remates y equiparlo. Podía tener un gran uso para cursos, actividades o para los jóvenes”, imagina su futuro Josetxo Buján, vecino desde 2005, a la vez que recuerda la necesidad de que el Ayuntamiento de Berrioplano invierta en él. La falta de una conexión ciclable y peatonal segura hacia Aizoain y Pamplona es otra de las demandas y el proyecto de la vía verde del Plazaola que atravesará el pueblo por un recorrido diferente al del antiguo tren no parece que pueda completar esta aspiración.

Cuenta Luis Mugueta que Berriosuso ha vivido diferentes etapas en su crecimiento. “Por su cercanía a Pamplona, cuando empezó la industrialización, varias familias que venían de Andalucía o Extremadura llegaron a las casas vacías, en los años 60. Luego volvieron a irse, al crecer Berriozar o Ansoáin. Y en los años 80 se hizo la primera urbanización”. Para este vecino que vivió frente al frontón construido en los años 60 y ampliado décadas después la historia se repite en parte ahora. “Antes éramos cendea de Ansoáin y todos los esfuerzos y las inversiones iban a Ansoáin y Berriozar. Ahora pasa con Artica, con más de 4.000 vecinos. Y se olvidan del resto”, lamenta. Sí colaboraron para el local del concejo y la sociedad que se adecuó en la antigua casa del cura, tras un convenio con el arzobispado. Allí se hacen las actividades, que la pandemia ha paralizado este año.

Pero no son todo quejas. Al contrario. Si por algo se ha caracterizado en estos años Berriosuso es por la unión en la organización de actividades y fiestas. “Unas fiestas populares, con participación de todos y no a base de presupuesto, porque no hay”, cuenta Iñaki De Carlos, impulsor de la comparsa de gigantes que ameniza las fiestas de toda la cendea y que los más pequeños, sus protagonistas, están esperando recuperar.

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