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Manos que cuidan a deportistas en Barañáin

En su curriculum figuran colaboraciones con deportistas, toreros, artistas, equipos de la liga española y de otros países o selecciones de fútbol o balonmano. Su historia personal esconde años de trabajo y estudio, de trabas y apoyos

José Vilariño delante de la foto que adorna la entrada a su consulta y  recoge la dedicatoria de tres jugadores de Osasuna  ante el nacimiento de su primera hija.
José Vilariño delante de la foto que adorna la entrada a su consulta y recoge la dedicatoria de tres jugadores de Osasuna ante el nacimiento de su primera hija.
Actualizada 27/02/2021 a las 06:00

"Todo empezó en Alsasua, cuando con 14 años era voluntario en Cruz Roja y daba masajes en las carreras”. José Vilariño Horna comienza el relato de su vida y de su vocación sanitaria de carrerilla, hasta emocionarse cuando llega a sus años de estudio del grado de Fisioterapia en Zaragoza. Sus mañanas de trabajo y tardes de viajes de ida y vuelta a clase. La ayuda y el impulso de su mujer, Natalia Ramírez Huerto, investigadora en Navarrabiomed. Sus ojos se iluminan cuando repasa el día que pensó que su vida iba a cambiar, cuando escuchó una conversación telefónica en su trabajo. Y en cierta manera así fue, aunque entre medio tuvo que sumar largas jornadas de trabajo y estudio con múltiples cursos, sinsabores y la desconfianza de algunos hasta que se graduó como fisioterapeuta. Pero también el orgullo de ganarse la confianza, que todavía tiene, de deportistas profesionales que han puesto en sus manos y en sus conocimientos una parte importante de su carrera o la recuperación de lesiones.


Aquella conversación que pensó que le cambiaría la vida era la que tuvo el hijo de su jefe, José Antonio Vicuña “Kibu”, cuando le ofrecieron ser seleccionador cadete de Navarra. Vilariño, navarro con orígenes familiares en Extremadura y Galicia, trabajaba en una fundición tras haber hecho un grado de FP en electromecánica y le propone al nuevo seleccionador seguir a los jugadores “de la Sakana”. Cuando llega el campeonato de España que había estado preparando, Vicuña le plantea acudir como masajista. Para entonces había seguido formándose.


Fue un año intenso que se desbarató cuando Vicuña fichó por Osasuna para llevar el equipo de Liga Nacional. Entonces Roberto Santamaría, en la selección juvenil, le plantea ir con ellos tras la marcha del fisioterapeuta. Desde allí fue un no parar. Valdo, que un año antes había fichado para el primer equipo de Osasuna, contacta con él ante una lesión de tobillo. Después le llama el equipo rojillo para las categorías inferiores. Era masajista y lo acreditaba con nuevos cursos, el último en un centro de alto rendimiento en Capbreton. Después con los de osteopata. Y una baja le lleva al primer equipo y conoce a Savo Milosevic. El fubtolista serbio es otro de los nombres que ha marcado su carrera profesional y personal. Él le puso en contacto con la selección serbia, con la que terminó trabajando en el mundial de Alemania, en 2006. Después llegaría el de balonmano con el mismo país. Y el relato de su experiencia mundialista le trajo esos sinsabores que no quiere olvidar. “Cometí un error de juventud, contar cómo había sido aquello a un periodista. Pero había suspicacias. No era fisioterapeuta, pero trabajaba en el equipo médico y lo hacía bien. Me relegaron del primer equipo de Osasuna. No me echaron pero es como si me invitaran a irme”, recuerda.


Aquello fue un punto de inflexión. Un empujón para obtener el título. Seguía con su trabajo, había abierto su consulta en la que fue su casa, en Barañáin. Y tenían dos hijos. “Mi mujer me dio la fuerza y me prometió ayudarme y lo hizo. Me enseñó a estudiar. Iba por las tardes a clase, a Zaragoza, y regresaba por las noches. En el viaje de ida escuchaba en CDs los esquemas que había preparado. Y en el de vuelta las clases, grabadas con permiso de los profesores. Nadie me regaló nada y lo prefiero”.


En cuatro años, con 42, terminó el grado, sin perder un curso. Pero con muchos llantos en días duros. Nació su tercer hijo. La nómina de deportistas que confiaban en su trabajo seguía creciendo. Desde el navarro Raúl García, padrino de su hija mayor; a Bojan, Cuéllar, Azpilicueta durante un tiempo. Y ahora Roberto Torres, Sergio Escudero y otros que le contactan ante lesiones o para prevenirlas y por los que viaja allá donde estén. Las prácticas de la carrera las hizo en el Atlético de Madrid, recuerda todavía . Y de entre todo resalta el trato humano. La relación de amistad que se ha ido forjando. La ayuda mutua. “No hay recuperaciones milagrosas. Son como una gestación, tienen su tiempo”, repite una lección que aprendió de un profesor. Y agradece a su equipo en la consulta de Barañáin, Idoia Brieva y Asier Rodrigo. “Sin ellos no podría hacer lo que hago. Vengo de una familia humilde, valoro la vida, el esfuerzo, los batacazos y el dinero”. Y agradece a los que le han ayudado.

 

DNI

Nacido en Pamplona hace 48 años y criado en Alsasua, estudió un grado superior de electrometal y trabajó en una fundición. En Cruz Roja forjó su vocación sanitaria que completó con cursos y seminarios. Tiene el grado de fisioterapia. Está casado y es padre de tres hijos.

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