Tráfico aéreo
Ni contaminan ni cambian el clima: las estelas de los aviones se forman a partir de vapor de agua
Se convierten en “gases muy visibles o cristalitos de hielo” cuando la temperatura ronda 50 grados bajo cero, explica la delegada de AEMET en Navarra


Publicado el 28/12/2025 a las 05:00
Las estelas de los aviones no contienen agentes químicos o biológicos ni son un método de geoingeniería militar para modificar el clima. Cuando el motor de un avión reacciona, este emite vapor de agua, gases y partículas, una composición de la que solo el vapor de agua participa en la formación de estelas. Es un proceso cuyo responsable, explica la delegada de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en Navarra, Paloma Castro Lobera, es la temperatura —entre 30 y 50 grados bajo cero— a la que se encuentran los niveles más altos de la troposfera —la primera capa de la atmósfera—, que es la altura a la que los aviones completan la mayor parte de su ruta.
“Las estelas son llamativas”, continúa Castro, porque al crearse cerca de la estratosfera —la segunda capa de la atmósfera— “se forman gases muy, muy visibles o incluso cristalitos de hielo”. Y cuanto más fría es la temperatura en el exterior de la aeronave, más tiempo tarda en desaparecer su estela. Así se percibe, por ejemplo, en la Antártida, donde el rastro de vapor de agua que generan los aviones “llama mucho más” la atención, explica la meteoróloga.
Esto se debe a que la altitud de la tropopausa —el límite superior de la troposfera— no es la misma en todas las latitudes del globo terráqueo, desarrolla la delegada de AEMET en Navarra: “En los polos está muy baja, a 8 kilómetros, en niveles medios está a 10 o 12 kilómetros y en niveles ecuatoriales se sitúa muy alta, a 16 kilómetros”. Aunque Castro recuerda que la generación de estelas no es algo “matemático”: su permanencia en el cielo es mayor o menor “en función del día y de la zona que se sobrevuele”.
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CONCENTRACIONES DE ESTELAS
Por este motivo, en ocasiones se pueden observar grandes concentraciones de estelas en las proximidades de los aeropuertos que más trayectos acogen. “En Madrid, Londres, París o Barcelona, sitios con muchísimo tráfico aéreo, lo que ocurre es que se forma una secuencia de múltiples estelas”, expone Castro, que toma como ejemplo la ciudad de Toledo, al suroeste de la capital española, donde “levantas la vista y puedes ver 10 estelas a la vez un día cualquiera”, o Barcelona, donde “si vas en un barquito, verás miles de estelas”. “Pero eso no significa que estén contaminando”, concluye la meteoróloga: “No estamos hablando de gases de efecto invernadero, estamos hablando de un fenómeno físico”.