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De Sakana al mar: este viernes tiene lugar la botadura de la réplica de la nao San Juan

La botadura de la réplica de la nao San Juan se producirá esta tarde a las 17:00 horas en Pasajes (Gipuzkoa). Está construida con 270 robles de Sakana

El casco de la nao San Juan reposa en el astillero de Albaola, en Pasajes.
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El casco de la nao San Juan reposa en el astillero de Albaola, en Pasajes. DN
El casco de la nao San Juan reposa en el astillero de Albaola, en Pasajes.

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 07/11/2025 a las 05:00

"No antes del 31 de octubre”, avanzaban en Albaola Itsas Kultur que pudiese botarse la réplica del ballenero San Juan. ¿Será en noviembre o diciembre cuando se pose en el agua? La incógnita se resolvió con la revelación de este viernes, 7 de noviembre, como fecha elegida. La reproducción hecha a escala del primer modelo de trasatlántico mercante del mundo que, curiosamente fue construido en 1563 sin planos en Pasajes (Gipuzkoa), abandonará el dique seco. Será a las cinco de la tarde cuando se celebra la ceremonia y maniobra de botadura. A continuación la nao será remolcada al interior de la zona portuaria, como avanza Albaola Itsas Kultur.

A falta de líneas, cálculos milimétricos y gráficos sobre papel que marcasen la singladura de la interpretación en la construcción naval, imperó la experiencia de carpinteros de ribera, armadores y marinos de la pródiga empresa del aceite de ballena, el sain, como atendía el petróleo de la época. La botadura de la réplica para que, luego en el agua, se yergue la arboladura sobre la que se extiendan las recias velas, tendrá un significado especial para Sakana. Lo será por el aporte de los 270 robles extraídos de sus tierras para el casco y complementos necesarios.

Solía decir Xabier Agote, presidente de Albaola, que “mirar al barco es mirar a Navarra”, por la contribución que realizó con el abastecimiento de la materia prima de una otrora pródiga construcción naval. El vínculo del litoral con tierra adentro quedó ensamblado en un período de necesidad de madera, cuando comenzaron a quedar esquilmados los bosques de Euskadi y se hizo preciso el acopio de madera en terrenos alejados, como los existentes en Navarra.

Queda una huella gráfica en el robledal de Dantzaleku, en Alsasua, de la colaboración sellada con el astillero guipuzcoano en la provisión de buena madera. Sirva de curiosidad que las ilustraciones que pueden contemplarse en un paraje de alto poder cautivador dan fe de las piezas del ballenero obtenidas a partir de distintas formas de ramas y troncos.

La idea que se barrunta ahora en el astillero guipuzcoano es reposar sobre un elemento inestable, protegido en un recodo del puerto del oleaje cambiante, los 29 metros de eslora y 7,5 de manga del barco. Cuando, después de fases posteriores, vaya adquiriendo la forma definitiva y se haga a la mar, su figura, elegida como emblema del Patrimonio Subacuático de la Unesco, ayudará a retroceder con la imaginación a una época de esplendor naval. Volverá a navegar de nuevo el San Juan, aunque sea con un esqueleto renovado y diferente del que acabó en el fondo en la península canadiense de Labrador. A los dos años de su botadura, atracado en Red Bay, pereció a los embates de una intensa tempestad.

Sus restos descansaron en el lecho marino, entre la incógnita y la expectación que siempre despierta la búsqueda de un barco caído en desgracia. En 1978, el enigma de su localización desapareció. Con su hallazgo resurgió la historia de un pionero de la navegación. Sakana, como la selva de Irati entre otros rincones navarros, aporta su colaboración en su rescate

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