Obituario
Domingo Urtasun, sacerdote, periodista y escritor muy apreciado


Publicado el 21/08/2025 a las 08:31
Domingo Urtasun, de Arboniés, falleció el pasado martes, 19 de agosto, a los 80 años. Ha sido un buen sacerdote. Se educó con los Agustinos Recoletos en Artieda, Sos del Rey Católico y Valencia. Su primer destino fue Panamá, como educador en el gran colegio que allí dirigen los Agustinos Recoletos, pero el 23 de diciembre de 1972 se produjo el gran terremoto de Managua y Domingo percibió que en Nicaragua estaba su siguiente paso porque era donde más hacía falta. Se incardinó en Nicaragua y allí trabajó durante 25 años.
Fueron años de actividad desbordante como animador, creador y rector de varias parroquias de la capital, miembro destacado en numerosos foros de la Iglesia de Managua, donde fue testigo de primera línea del cambio de régimen político que tuvo su punto culminante en julio de 1979, cuando el Frente Sandinista entra en la capital y termina con la dictadura de Anastasio Somoza. Contaba Domingo en más de una ocasión cómo vivió este proceso revolucionario que tuvo al principio un gran respaldo popular. “Hasta yo llevaba tabaco a los que estaban luchando en los parapetos”, decía. Después tuvo que ver y sufrir en primera línea también la deriva de esta revolución, de forma que hasta se le prohibió la entrada en Nicaragua hace un par de veranos.
Domingo fue muy conocido y apreciado en Managua, tanto por su labor como sacerdote como por su faceta de periodista y escritor. A destacar La Eucaristía, centro de la vida cristiana en 1987 o el libro sobre el cardenal Obando de 1994, y sus Memorias de un misionero de 2004 y muchos editoriales y artículos en La Prensa de Managua. Últimamente nos dejó, entre otras publicaciones, Un cadáver en Sietefuentes, una novela corta con sabor a su tierra, una buena colección de poemas dedicados a Mendavia en 2007 y un sinfín de artículos en La Verdad.
En 1997 vuelve a España y, después de pasar por las parroquias de Viana y Berriozar, es destinado a Mendavia y Lazagurría, donde ha vivido y trabajado los últimos 24 años. Ha conservado siempre un carácter inquieto y fiel, cercano y amable, ha querido a su parroquia y a sus pueblos y se ha identificado con ellos con muchas ganas de acertar siempre y de ganar, como quería ganar todos sus partidos de tenis, todos los desafíos que tenía delante.
¡Cuántas veces ha firmado con orgullo “Domingo Urtasun, párroco de Mendavia”! Porque eso ha sido: párroco, padre, hermano, amigo. Hoy decimos adiós con dolor y agradecimiento, con una mirada a la Virgen de Legarda y en vísperas de las fiestas de Mendavia, a alguien que ha formado parte importante del alma de estos pueblos. Domingo, has hecho un buen camino. Descansa en paz.
Pedro Mª Sanz es sacerdote en Pamplona y amigo del fallecido.
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