Obituario
Maite Aguayo Igal, ejemplo de generosidad y solidaridad


Publicado el 01/08/2025 a las 05:00
El pasado día 16 de julio fallecía en Pamplona María Teresa Aguayo Igal -Tere para su familia, Maite para compañeros y amigos-. Ella ya estaba en Fustiñana cuando yo llegué a aquel colegio en 1983. Conforme la iba conociendo, pude advertir que había tenido una sólida educación familiar en valores humanos, ampliada, sin duda, en su formación como maestra y educadora. Yo diría que Maite era profesora preparando las clases y maestra con los alumnos y alumnas de Primaria en el aula. Gran capacidad de trabajo, entregada a su profesión y a sus alumnos. Cómo los quería, cómo cuidaba de ellos. También ella era muy querida y respetada por los alumnos y sus familias. Con su dedicación, se había ganado la confianza de todos ellos.
Le gustaba viajar con sus alumnos. En ocasiones, participamos en el programa Íñigo Arista, del Gobierno de Navarra. Siendo de la Ribera, los llevaba a conocer Pamplona y los valles de la montaña. No en vano, uno de sus primeros destinos como maestra fue Zubieta, escuela unitaria que recordaba con especial cariño. Antes había pasado por Astráin y Barañáin.
Fuimos compañeras de trabajo durante cuatro años. Después, nuestros destinos se separarían, pero ella no se alejó de la zona. En Tudela fue directora del colegio Elvira España y también fue profesora en algún instituto, como el Benjamín de Tudela -ahora me vendría bien su buena memoria para recordar más datos de su paso por colegios de Tudela-. Una vez jubiladas, nos veíamos en Pamplona y hemos realizado algunos viajes, también con su compañero.
Si importante es su faceta como maestra, hay también aspectos muy valiosos de su persona que quiero destacar. Como humanos, tenemos luces y sombras, pero mantenemos una trayectoria que nos define. La he visto actuar frente a la injusticia y volcarse con el débil. Altruista, grande en generosidad y solidaridad y, como consecuencia, un ejemplo en su dedicación a quien necesitaba compañía y cuidados. Acompañar y cuidar, con todo lo que ello implica, sería un resumen de su buen hacer.
Hay otra faceta de Maite que a mí siempre me ha resultado admirable. Como si tuviera un sexto sentido bien desarrollado. Por turbulentas que fueran las aguas, ella no perdía el norte; llegaba al fondo del asunto sin bucear siquiera, desde la superficie. Y todo con una seguridad y una determinación admirables. Muchas personas tenemos que agradecerle eternamente su ayuda. Por eso, es más doloroso el comprobar que ahora, cuando ella ha tenido un problema serio de salud, no haya habido solución. La vida es así, y hay que aceptar lo inevitable. Nos quedan los recuerdos y agradecer el haber tenido con nosotros una persona tan válida y tan cercana. Se dice que todo sucede por algo y lo que no sucede, también es por algo.
Reitero mis ánimos a su pareja, Teo, y a sus hermanas y familiares. Que su fortaleza los acompañe en estos días difíciles.
Me consta también la devoción de Maite por la Virgen del Pilar y por la Virgen de Lourdes. Ahora que se ha ido con la Virgen del Carmen, espero que entre las tres le hayan reservado un lugar preferente en el Paraíso. Que ella bien se lo ha ganado. D. E. P.
La autora es amiga de la fallecida.