Maribel Collados, Marisol Otermin y Yolanda Monzón, médicas jubiladas: "En los malos momentos, es importante sentirse acompañado"
Tras una vida de trabajo juntas en el Servicio de Urgencias Extrahospitalarias, pudieron jubilarse en 2024, aunque siguen viéndose


Actualizado el 14/03/2025 a las 18:47
Un largo recorrido por el Servicio de Urgencias Extrahospitalarias de Navarra (SUE 112) unió a las médicas de familia Maribel Collados, de 65 años, Marisol Otermin, de 66 años, y Yolanda Monzón, de 67 años. El año pasado pusieron fin a su trayectoria laboral aceptando la jubilación, aunque no lo hicieron con su relación de amistad, que dio comienzo hace ya unos cuarenta años. Escoltadas por su amiga y compañera Lourdes Casadamon, que aún no se ha jubilado, acudieron al homenaje de ayer. Un punto de encuentro que les sirvió para rememorar hazañas y reencontrarse con otros trabajadores con los que compartieron boxes, como el médico Andrés Indave.
“Por suerte llevábamos mucho tiempo trabajando y con muy buena relación personal”, destacaron todos. Y si en algo coincidieron fue en que “en los malos momentos, es muy importante sentirse acompañado”. Al estar en urgencias contaban con una gran diferencia al resto: no tenían cupo de pacientes. “En momentos favorable y en muchos otros, desfavorable”. Su peor enemigo sanitario fue “la responsabilidad”, guiada por el sentimiento de “no fallar”. Algo que ahora observan con perspectiva en sus reencuentros. Por que al fin y al cabo, entre ellos floreció una bonita amistad.
Mª Pilar Blanco Canduela, administrativa jubilada: “Ahora mi vida no
tiene nada que ver, he podido desconectar”


Una larga vida como auxiliar administrativa del Servicio Navarro de Salud le hizo cultivar numerosas experiencias. María Pilar Blanco, de 64 años, ha recorrido centros de salud como el de Conde Oliveto o Príncipe de Viana, ha trabajado en Personal, en Salud Laboral e incluso en Residencia. Pero si algo recuerda con especial impacto, fue una baja que tuvo que cubrir durante unas navidades en la morgue, el lugar destinado a la conservación de cadáveres humanos. “Llegué al edificio y era muy antiguo, además tenía una gran puerta y se me quedó grabado”, sostuvo.
En mayo de 2024 llegó su ansiada jubilación. La vecina de la Rochapea, aunque cántabra de nacimiento, necesitaba trabajar y la Atención Primaria se lo permitió. Es por eso la considera parte de su vida. Su peor inconveniente durante estos años ha sido el estar siempre contratada. Algo que le generaba “cierta inseguridad”. Al no tener una plaza fija, “los contratos se acababan y me tenía que mover de lugar”, cita.
Desde hace diez meses, ese problema terminó. Su rutina cambió por completo y la sanidad pasó a ser un segundo plano en su vida. “Ahora mi vida no tiene nada que ver, he podido desconectar y conocer otras parte de la vida”, expresó emocionada durante el homenaje de ayer.
