Inmigración en Navarra (III)

Vivir sin poder trabajar: “Es un búscate la vida”

Hasta ahora, el sistema impedía acceder a mucha gente al permiso de residencia y trabajo hasta pasados 3 años. “El boca a boca para trabajar en B es lo que más funciona”, constatan desde Cáritas

Dos personas consultan su móvil en las inmediaciones de la oficina de Extranjería, en el barrio de Buztintxuri. De fondo, un cartel publicita los servicios de un abogado.
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Dos personas consultan su móvil en las inmediaciones de la oficina de Extranjería, en el barrio de Buztintxuri. De fondo, un cartel publicita los servicios de un abogado
Dos personas consultan su móvil en las inmediaciones de la oficina de Extranjería, en el barrio de Buztintxuri. De fondo, un cartel publicita los servicios de un abogado.

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Ainhoa Piudo

Publicado el 03/03/2025 a las 05:00

Sólo una minoría de personas migrantes llega con su situación administrativa resuelta, eso que popularmente se conoce como tener papeles. Aunque la casuística es múltiple, para muchos conseguir la regularización es un camino tortuoso, en el que se chocan con un sistema que maneja unos plazos “muy largos para sobrevivir aquí”. Así lo admite la directora general de Políticas Migratorias del Gobierno de Navarra, Marisol de la Nava, que visualiza este proceso como un recorrido de montículos continuos. “Para cuando bajan uno, tienen que subir otro. Creo que, en general, la gente desconoce a todo lo que se enfrentan para poder llegar a trabajar en este país”.

COMER DESDE EL DÍA 1

Hasta ahora, el tiempo para obtener la documentación que te permite residir y trabajar por la vía del arraigo social era de 3 años. Para los solicitantes de asilo el plazo en la práctica no es mucho más corto, porque aunque obtienen un permiso provisional de trabajo a los seis meses, la dificultad de obtener citas para hacer los trámites y los retrasos en la gestión ralentizan el acceso al mercado laboral . “El nuevo reglamento acorta en parte esos plazos para los arraigos, pero todavía no tenemos claros los criterios de aplicación”, admite De la Nava. “Bajar de 3 a 2 años el tiempo que tienes que sobrevivir no te perdona la vida, pero algo mejora”, apunta Rafael Paredes, abogado voluntario del SEI. “Lo mismo que la opción de tener un contrato de 20 horas y no de jornada completa. Es un beneficio del nuevo reglamento”.

¿Y cómo sobrevive la gente esos 3 años sin permiso de residencia ni trabajo? “Cuando una persona llega a un territorio, lo que quiere es comer, así que se busca la vida como puede. La ley dice que no pueden trabajar, pero somos personas”, recuerda Paola Cerón, del servicio de Inmigración de Cáritas Navarra. Lo que más funciona, explica, es el boca a boca para ir encontrando ocupaciones en la economía sumergida. “De interna, cuidando mayores, en el servicio doméstico o la construcción. Últimamente nos están diciendo que en el campo están con más recelo a que haya inspecciones y ya no hay tanta demanda”, apunta. Las redes de apoyo que se crean entre conocidos, muchas veces de países culturalmente afines, juegan un papel crucial. “Latinoamérica, África negra, el Magreb. Se conocen a veces en los mismos grupos de acogida, que ofrece Cáritas pero también el Gobierno de Navarra y otras entidades”.

LLEGAR CON O SIN VISADO

España forma parte del espacio Schengen, que otorga a los 29 países que la integran una frontera común. Para acceder a él, aunque sea por unos días, a los ciudadanos de muchos países (no de todos) se les exige un visado, que puede ser de distintos tipos: turismo, estudios, reagrupación familiar, etc., y de distintas duraciones, aunque el máximo más habitual es de 180 días. “Nuestra experiencia nos dice que es muy complicado que los consulados de España en algunos países concedan un visado de turista. En el caso de Bolivia, República Dominicana y Marruecos, complicadísimo. Para la reagrupación familiar, que implica una autorización previa, sí es más sencillo”, detalla Cerón.

¿Dónde radica la complejidad? “Se exige tener mucho dinero ahorrado, en torno a 10.000 ó 15.000 euros, patrimonio, justificantes, seguro, una bolsa de viaje de unos 100 euros al día por persona. Aun así el consulado muchas veces lo deniega porque no se cree que vengan realmente a hacer turismo”, comparte Cerón. Otro escollo es la lentitud burocrática. “Muchos países funcionan con agencias tramitadoras y hay países en los que hablamos de año o año y medio de espera”.

“Conseguir un visado en un consulado español es en muchos países como que te toque la lotería”, corrobora Rafael Paredes (SEI). “Esto lo van a modificar en el nuevo reglamento y se supone que va a ser mucho mejor, pero yo me lo creeré cuando lo vea”, desliza sus dudas.

VÍAS ALTERNATIVAS

A falta de visado, la alternativa es aterrizar en países que no lo exijan y cruzar de manera irregular. “Ahora se está dando mucho con Turquía. Vuelan hasta allí y después, vienen por vía terrestre. Si les dejan, pasan; y si no, marcha atrás”, desgrana la trabajadora social de Cáritas. “Después están las personas que vienen por el mar, que entran en situación irregular desde el minuto uno. Ahora están llegando mayoritariamente por Canarias”, tercia De la Nava.

También hay nacionalidades a las que no se les exige visado. Simplemente, compran el vuelo y aterrizan en Barajas. Son la mayoría de países en Latinoamérica. “Venezuela, Colombia, Perú, Argentina, México”. En cualquier caso, la estancia máxima es también de 180 días y después se cae en situación irregular.

EL PADRÓN, CLAVE

El primer obstáculo suele ser encontrar un lugar para vivir. “Incluso aunque encuentren una vivienda, mayoritariamente en habitaciones, muchos no consiguen empadronarse, y ese tiempo que pasa sin padrón es tiempo perdido”, recuerda De la Nava. Porque aunque teóricamente la ley contempla otras formas de acreditar la residencia, la práctica demuestra que sin ese documento, “la llave para todos los derechos”, es mucho más complejo demostrar a Extranjería el tiempo que llevas residiendo aquí. “El padrón es clave para todas las personas que vienen, pero también para las que estamos aquí y para los ayuntamientos ”, reclama la directora de Políticas Migratorias. “Nos quejamos de la falta de recursos de los municipios, pero se nos olvida que los reciben en función de los habitantes que tengan registrados”.

CHOQUE DE ADMINISTRACIONES

¿Por qué no se empadronan? “Por el hecho de estar viviendo en un municipio, tienes derecho y obligación a empadronarte. Ni si quiera hace falta un domicilio físico. Pero luego la aplicación es otra y la realidad es que se generan muchísimos problemas. Llevamos muchos años con este tema a vueltas y es una obviedad para todo el mundo”, añade De la Nava.

“En teoría, te puedes empadronar desde el primer día, pero luego se complica todo muchísimo”, concuerda la trabajadora de Cáritas. “Entre otras cosas, porque se chocan muchas administraciones: Extranjería, el Ministerio de Seguridad Social, los ayuntamientos, vivienda, formación, empleo”. También desde el primer día tienen derecho las personas migrantes a tener una tarjeta sanitaria. “Para el resto de cosas y hasta los tres años de residencia, búscate la vida. Las entidades sociales estamos ahí, pero damos respuesta hasta donde podemos”.

La homologación de la formación es otro gran escollo, especialmente de los títulos superiores. “En País Vasco consiguieron que el Gobierno autonómico tramite las homologaciones y en 6 meses lo están haciendo”, aporta como sugerencia Cerón (Cáritas).

ARRAIGO SOCIAL

El arraigo social es el más recurrente para regularizar la situación administrativa. Hasta ahora hacía falta acreditar una estancia de 3 años en el país, 2 a partir del 20 de mayo, pero también es necesario contar con una oferta de trabajo firmada por el trabajador y el contratante para un período que no sea inferior a un año. “Tiene que ser de jornada completa, mínimo 30 horas y garantizar el salario mínimo. Una media jornada sólo se acepta para personas que justifiquen tener menores a cargo. Sí se pueden sumar varias ofertas para completar las 30 horas”, aclara Cerón. “Ese borrador de contrato que piden no lo tiene nadie, porque las empresas no esperan”, apostilla De la Nava. “El empresario quiere a la persona ya, de hoy para mañana, pero la Administración no es tan rápida”, concuerdan en Cáritas sobre la complejidad de acompasar los ritmos.

ARRAIGO FORMATIVO

En julio de 2022 se puso en marcha el arraigo por formación, con la idea de regularizar la situación de personas que se formaran en aquellos sectores de actividad donde hace falta mano de obra. “Con dos años de residencia y el compromiso de hacer un curso reglado te conceden un año de tiempo durante el que estás autorizado a residir pero no a trabajar”. Después de ese tiempo, con la formación completada y una oferta de trabajo, se accede al permiso de residencia y empleo. “No ha funcionado del todo. Hay mucha demanda y pocas plazas. Además, los cursos que se ofrecen a veces no son certificados profesionales completos, sino que van por módulos, que salen de forma discontinua. Tampoco los tiempos de respuesta de la Administración ayudan: la media de esperar está entre 6 y 8 meses, y no es un cauce por el que se pueda dar continuidad a la regularización de forma fácil”, explica Cerón las trabas.

En Cáritas, la mayoría de los arraigos que gestionan a través del empleo doméstico y con contratadores particulares. “Últimamente estamos viendo que se nos pide gente con certificado de profesionalidad de cuidado en el domicilio, porque tener esa cualificación supone ayudas a la contratación para las familias”.

ARRAIGO FAMILIAR

Una tercera figura es aquella que permite regularizar los papeles gracias a que esa persona tiene una relación de parentesco de primer grado (cónyuge o pareja de hecho, padre o madre o hijos) con una persona de nacionalidad española (independientemente de dónde haya nacido). “Es otra de las vías más comunes y tiene de positivo que no exige tiempo de permanencia previa en el país, lo que marca es el vínculo”, apunta Cerón .

En el caso de los matrimonios o parejas de hecho, cuando una persona extranjera se casa o se registra con una española, nace el vínculo automáticamente. “Les dan una autorización de residencia y trabajo para cinco años y en ese tiempo están atados a la otra persona. En el momento que se produzca una ruptura, la situación puede tambalear”.

En lo que concierne a los hijos, no siempre que una persona tiene un descendiente en España éste o ésta tendrá nacionalidad española. “Lo marca la ley del país de origen (ius solis o ius sangunis) de la madre o el padre”. Es decir, si una mujer nigeriana tiene un hijo en Navarra, el recién nacido será nigeriano. En cambio, si la madre es colombiana, peruana, brasileña o argentina, la criatura será española. “Como el país de origen de su madre no le da la nacionalidad por no haber nacido en ese suelo, España se la proporciona para que no queden apátridas”, explica Cerón. Por eso, la mayoría de los arraigos familiares los protagonizan personas de Latinoamérica.

EXPECTATIVAS

“Creo que Europa vende una realidad que después es muy distinta para el que llega”, reflexiona De la Nava. “La gente llega a nosotros muy perdida”, sostiene Cerón, que destaca los problemas de salud mental que se arrastran. Al duelo migratorio se le suman las expectativas incumplidas, el choque con el nuevo país, el aislamiento que provocan empleos como el de interna. “Aun así, prefieren aguantarlo todo que regresar sin nada a su país. Esa frustración no la quiere vivir nadie”.

“A veces se escuchan discursos preocupantes que empiezan a calar en algunos sectores. Es fundamental conocer esta otra cara de la migración, saber todo lo que atraviesan hasta poder llegar a trabajar”, zanja De la Nava.

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