"Isidoro, te ha caído el gordo"

El exsecretario de Uharte Arakil, Mariano Andueza, informó a su cuñado, Isidoro López de Zubiria, de Bakaiku, de su condición de agraciado. Sucedió hace 50 años

Mariano Andueza Beramendi, en su vivienda de Uharte Arakil, donde ofició de secretario 40 años
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Mariano Andueza Beramendi, en su vivienda de Uharte Arakil, donde ofició de secretario 40 años
Mariano Andueza Beramendi, en su vivienda de Uharte Arakil, donde ofició de secretario 40 años

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Natxo Gutiérrez

Publicado el 22/12/2024 a las 05:00

El azar, siempre caprichoso,viajó tal día como el sábado hace 50 años escondido en un bolsillo de un transportista. Isidoro López de Zubiria Goicoechea, originario de Bakaiku, se había despedido de su mujer, Salustiana Larraga Irujo y de sus cuatro hijos con una súplica, recogida en una frase aprendida para situaciones inciertas: “Rezad para que nos caiga la lotería..”.

Con un halo de esperanza creyente inició su rutina en una época alejada de las expectativas actuales de recortar la jornada semanal de trabajo. Aquel sábado por la mañana arrancó su camión y se dirigió, como recuerda su cuñado, Mariano Andueza Beramendi, a cargar en una “subcontrata de la antigua Inasa”, en Irurtzun.

Cierto es que -señalaba Rafael Belarra en la crónica del día siguiente en Diario de Navarra ilustrada con una fotografía de Izor de un matrimonio sonriente tocado por la diosa fortuna-, confió a su mujer la tarea de seguir el sorteo con el listado de los 19 números en los que tenía depositadas sus esperanzas terrenales. La relación de dígitos quedó en manos de ella, junto con los boletos de menor valor, “de 100 a 200 pesetas”. El resto, los de mayor peso monetario, habían viajado a Irurtzun guardados en su bolsillo.

En esto, comenzó el sorteo. Salus Larraga no perdía detalle frente al televisor. “Cuando salió el premio gordo, comprobó la lista y cuál no sería su sorpresa al ver que el 3º de la lista era exactamente igual al premiado”, se puede leer en el relato escrito por Rafael Belarra.

Su primera reacción fue repasar los boletos que tenía en casa sin dar con el deseado. Entre el más que comprensible nerviosismo que se puede imaginar, pensó que lo tendría su marido en Irurtzun. Utópica la tecnología de los moviles y otros medios de comunciación actuales, se propuso contactar con su cuñado, Mariano Andueza, entonces secretario de Uharte Araki, Irañeta y Arruazu. Intentó localizarle en su casa, donde escuchó la voz de Rosa Mari López de Zubiria Goicoechea, a la sazón cuñada como hermana de su marido. El secretario municipal se encontraba despachando asuntos y trámites en el ayuntamiento. Tan pronto como supo de la buena nueva, aparcó obligaciones y salió presuroso hacia Irutzun en su Renault 10, recuerda a sus 81 años de edad. Al llegar a destino se encontró con el agraciado, ajeno a cualquier otra novedad que no fuese la rutina de tener preparado el remolque para partir. “¿Tienes ahí los números de la lotería?”, le espetó el recién llegado a su encuentro. “Porque te ha caído el gordo. Al principio no me creía. Luego sacó del bolsillo el décimo premiado. Ése es. No había forma de convencerle”. Los lectores pudieron seguir cada detalle en el periódico del 22 de diciembre de 1974: “Preguntamos a los que estaban cargando el camión si alguno se había enterado de cuál era el número del premio gordo y dio la casualidad de que uno de ellos lo tenía escrito en la palma de la mano. Entonces se convenció y ante el estupor de los allí presentes montamos en mi coche y vinimos primero a Bacaicoa y luego a depositar el décimo en el banco”.

EL ÚLTIMO BOLETO

La suerte escrita en la palma de la mano de un trabajador con el número 12.176 bendijo al matrimonio López de Zubiria-Larraga con la friolera de 7,5 millones de pesetas de los de entonces. Por de pronto, el boleto quedó a buen recaudo en el Banco Central de Alsasua, luego de las gestiones efectuadas con su director, “el señor Lana e interventor de la misma entidad, señor Alvira” con los que el matrimonio agraciado departió después en la “cafetería Zelaia”.

Ni qué decir tiene que hubo celebración: “A cada hermano, Isidoro dio una cantidad de dinero y nos invitó a cenar. Recuerdo la cena en Irurtzun. Fueron unos días muy agradables”, evoca Mariano Andueza. La cuantía del premio procuró la base económica sobre la que asentar un negocio familiar en Lakuntza, que perdura hoy bajo la regencia de los descendientes. Casualidades, Isidoro, que falleció hace dos años, había comprado el boleto en la calle San Nicolás. Acudió a Pamplona para realizar una revisión del camión junto a su hermano Santiago. Cuenta Mariano Andueza que el acompañante pidió en ventanilla el mismo número pero se había agotado. El último premió la esperanza de Isidoro.

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