Cuando la bici resulta clave para entender un accidente
Pablo Esquisabel Otamendi, de la Unidad de Atestados de la Policía Foral, impartió una ponencia esta semana en un congreso en Badajoz acerca de la reconstrucción policial de siniestros en los que hay un ciclista implicado


Actualizado el 26/09/2024 a las 07:38
La reconstrucción de los accidentes de tráfico ha evolucionado en los últimos años gracias a las nuevas tecnologías, que sin embargo, han propiciado también nuevos tipos de vehículos, como los inteligentes o eléctricos, que representan un gran reto para estas investigaciones. Así se puso de manifiesto esta semana por parte de los participantes en el II Congreso de Reconstrucción de Accidentes que ha tenido lugar en Badajoz. Por parte de la Policía Foral acudió Pablo Esquisabel Otamendi, de la Unidad de Atestados, que habló a los presentes sobre ‘La bicicleta como fuente de información: registro de datos y su aplicación en siniestros viales’. De vuelta desde Extremadura, resumía así lo que había explicado en su sesión. “Las investigaciones de accidentes en los que está implicada una bicicleta han evolucionado mucho en los últimos años. Ahora el trabajo que se recoge luego en un atestado es mucho más preciso gracias a elementos que suelen ir asociados a esos vehículos como el uso de aplicaciones o GPS que nos dan muchas claves de la ruta y velocidad que llevaban esos ciclistas hasta llegar al lugar del siniestro”. Entre otras, Esquisabel cita algunas de las comunes entre ciclistas como Strava o Wikiloc, así como el potenciómetro. Este elemento, ya más propio de deportistas de cierto nivel, y se trata de un objeto que mide la potencia y cadencia del pedaleo, con datos que luego se extraen y se pueden analizar. “A la hora de reconstruir qué ha ocurrido antes de ese accidente, contamos con todos esos datos que antes no existían y que podemos estudiar. Nos es más sencillo poder llegar a saber la ruta y la velocidad a la que circulaba, los kilómetros que había hecho, el perfil de la etapa y las velocidades medias que había ido llevando esa persona”. Esquisabel subraya además la precisión de algunos de esos datos. “El margen de error del potenciómetro es muy pequeño, apenas de un 2%, y se puede llegar a saber si el ciclista estaba pedaleando o no en el momento de sufrir el accidente, y si aceleraba o desaceleraba. No te indica si frenaba o no, pero sí puede apuntar a cuál la actutud de ese ciclista en el caso de un atropello a peatón o de un siniestro en el que se baraja si el accidentado pudo saltarse un semáforo en rojo, por ejemplo”.
La proliferación de este tipo de herramientas asociadas a la práctica ciclista ha crecido mucho en los últimos años, y ya ha resultado muy útil para instruir investigaciones en Navarra. Los ciclistas, además, están considerados usuarios vulnerables de la vía, por lo que poder conocer con detalle todo lo relacionado con los accidentes en los que se ven envueltos puede contribuir de forma significativa a aumentar su seguridad. “También ha crecido el uso de la bici y es habitual que puedan verse envueltos, como víctimas y en algún caso también como responsables, en sucesos graves, sobre todo colisiones, caídas y atropellos”.
En alguna ocasión, admite Esquisabel, estos datos han ayudado incluso a saber quién es esa persona herida que no porta documentación y cuyo móvil recoge todos los datos necesarios para poner nombre a ese rostro. “La persona está insconciente o conmocionada y la tecnología nos ayuda a saber quién es y de dónde viene, incluso qué ha podido pasarle (si había otro vehículo implicado que hubiera podido darse a la fuga, por ejemplo).