Ganadería
La lana de oveja navarra que nadie quiere
Desde hace casi una década la lana esquilada a las ovejas navarras ha dejado de ser una fuente de ingresos y ha pasado a ser un residuo que dificulta más las labores ganaderas


Actualizado el 18/09/2024 a las 07:40
Los trabajos ganaderos apenas dan tregua. Alimentar, limpiar el establo y las granjas, preparar su comida en campos de forraje, esquileo en el caso de las ovejas. Así todos los días del año. Y papeleo. Mucho y cada vez más complicado de gestionar.
Comunicaciones cuando se compran animales o se incorporan nuevos ejemplares. Facturas y albaranes a buen recaudo para presentar diligentemente y por medios electrónicos. Seguros para disponer de contenedores donde guardar restos de ovejas y llevarlas a depósitos seguros. A esa circunstancia y a la pelea diaria por sobrevivir añaden los ganaderos de ovino en los últimos años la gestión de la lana retirada a miles de ejemplares de oveja Latxa o de raza navarra . Una nueva preocupación por un material otrora beneficioso y codiciado y ahora sin salida comercial. La lana que nadie quiere y por la que ya no se paga.
Las ventas cayeron hace años. Diez o doce dicen de memoria los ganaderos. Un problema que excede el territorio y que ha llegado también a tierras de Castilla, donde la oveja merina y su lana más valiosa y apreciada tampoco se compra en una sociedad que ha cogido más gusto por los tejidos sintéticos.
De la división entre ovinos de lana fina, productores de lana, los de lana entrefina, apreciados por su cuero y los de lana basta, para producción lechera, en Navarra pastan las de la raza Latxa, de lana basta y dedicada a producir leche; y la raza Navarra, de lana entrefina, especializada en la producción de corderos para carne. Ambas en situación precaria.
La lana de oveja se ha convertido, por tanto, en un residuo que cuesta dinero gestionar. No cabe quemarla en montones en las fincas. Tampoco dejarla que se amontone y para convertirla en compost o abono orgánico para campos, ya que requiere un tratamiento previo.
El cierre temporal de la planta privada que trataba los residuos orgánicos en Artajona ha añadido nuevas dificultades al sector primario. Lo que antes, previo pago, recogían para compostar no tiene cabida tras las medidas cautelares decretadas por las irregularidades detectadas con la gestión de los lixiviados. Lo saben bien en Latasa. Allí tres ganaderos de Guelbenzu (Alfredo Irure), Urrizola (Jesús Etuláin) y del propio pueblo del valle de Odieta (Lorenzo y José Ángel Cenoz) depositaron la lana esquilada a más de 2.000 ovejas. Esperando que la recibieran como otras veces. Pero finalmente les advirtieron de la imposibilidad por el cierre. Ahora aguardan la solución de Medio Ambiente.
LA LANA, AL VERTEDERO
En medio de esta crisis, el departamento de Medio Ambiente del Gobierno foral ha planteado la opción de depositar los restos en el vertedero de Góngora y ha eliminado temporalmente el impuesto de vertido. Mientras, colabora en proyectos de empresas para darle usos en la construcción, cuentan desde el gabinete del consejero José Mari Aierdi.
Hace unos días trasladaron a la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona la decisión de considerarla un residuo para vertido y la entidad se mostró dispuesta a colaborar. Al margen, se ha elaborado una guía para facilitar esa gestión y poder transportarla por medio de mancomunidades, asociaciones, cooperativas o sindicatos al precio de 60 euros por tonelada. Una vía que aguardan los ganaderos confundidos entre más papeleo.
“Antes daban algo, ahora agradecido si la llevan”
Ganadero por vocación, a sus 41 años Miguel Ángel Oyarzun Baraibar, casado y padre de tres hijos de entre cinco años y meses, acumula catorce años dedicado a tiempo completo a su explotación ovina. Se inició siguiendo la tradición familiar, aunque en su caso habían criado ovejas. Dejó un trabajo fijo en una fábrica por un oficio en horas bajas pero que vive con intensidad. Y eso a pesar de tener que pelear con el papeleo y, especialmente, con la falta de mano de obra. “Nadie quiere trabajar en el sector primario, es muy sacrificado y si encuentran mejor trabajo lo dejan, como me ha pasado ahora”, se lamenta.
Con 700 ejemplares semiestabulados a los que alimentar cada día en la granja los que producen leche o en los pastos en los casos de las preñadas o con crías. Con ovejas de raza Lacaune, de origen francés, y otras de raza Latxa, cada primavera acuden desde Murcia a esquilarlas y los propios especialistas (cobran 1,5 euros por cada oveja) se llevan, en los últimos años, la lana de las Lacaune. “Antes se pagaba por ella. Hace diez o doce años, abonaban más que lo que costaba el trabajo de esquilar, pero ha bajado el mercado y ya no se usa el tejido natural y nadie la quiere. Estorba en el establo si la vas a guardar, para convertirla en orgánica hay que trabajarla y ya no merece la pena. Se llegó a usar algo para aislante en la construcción, pero no se si es que no funciona, pero no dan nada. En mi caso se la llevan, gratis, y soy excepción, pero es un problema”, cuenta sobre un situación que unos metros más allá de su pueblo, uno de los seis lugares del Valle de Atetz, es más grave. En Latasa la lana se amontona en un contenedor tras el cierre de la planta a la que se iba a llevar.