Los jóvenes reinan en el Castillo de Javier
Familias y parroquias se vuelven fundamentales en la Javierada. Los jóvenes cada vez están más presentes en una tradición de más de 80 años


Publicado el 10/03/2024 a las 19:49
Benito Romanos Bayona, de 74 años, aterrizó por primera vez en Javier con catorce. “Trabajaba de carpintero. Unos compañeros me invitaron y, desde entonces, vengo todos los años”. Ayer, acompañó a su familia durante el recorrido. “Este año vengo de apoyo. Ya estoy mayor. Pero he estado 60 años haciéndolo”. Ahora, son los más jóvenes los que continúan con la tradición. “La primera vez que vine estaba en la tripa de mi madre. Es mi 14º vez”, relataba Naiara Domínguez Romanos, su nieta. Desde que comenzaron, la ruta no ha variado. “Salimos de Castejón. Almorzamos en Carcastillo y nos quedamos allí a dormir. A la mañana siguiente vamos a Sangüesa y, desde ahí, venimos andando”, explicaban. La unión con la Javierada está clara. “Es nuestro patrón y eso llama mucho”, concluían.
DESDE OTRAS COMUNIDADES
La fe no tiene fronteras. Por eso, la Parroquia de San Benito Menni, en Madrid, animó a Covadonga Blanco López, a Laura Bayona González, a Inés Cuevas Toledano, a Mencía López Rodera y a Jimena Pérez Cañas, de 18 años, a cruzarla. “Llevamos tres años viniendo. Lo mejor es la sensación de llegar”, valoraba Inés. Se desplazaron en autobús y comenzaron en Tiebas. Once horas andando, con una parada en Sangüesa, fue el trayecto que realizaron.
Desde Girona llegaron Asier López Puy, Ricard Juesas Mateo y Agustín De Paz, de 24 años. Los tres, con el mismo propósito: alabar a San Francisco Javier. “Empezamos con la Parroquia de San José, en catequesis. Diez años después seguimos manteniéndolo”, recordaban. Quizá lo mismo les suceda a Sara Romero Morel, Valentina Gutiérrez Castro y Esther Alonso, de 14 y 15 años. “Estamos haciendo la catequesis de confirmación. Nos lo propusieron y nos pareció algo bonito”, explicaban. La noche la pasaron en Sos del Rey Católico, en Aragón, y de ahí caminaron hasta Javier. Tres horas y media fue la duración total de la caminata. “El año que viene igual nos animamos y la hacemos entera”, confesaban.


Para Julián Rodríguez Marco, catequista, lo más importantes es transmitir a los jóvenes las tradiciones de “toda la vida”. “Llevo quince años viniendo y cada vez veo más jóvenes. Me alegra muchísimo porque, al final, son ellos quienes lo van a mantener”, remarcaba. Aún así, hacía hincapié en que la mejor manera de promoverlo es desde casa. “No sirve de nada enseñarlo en la parroquia si después no se mantiene”. Pero la esperanza continúa porque la tradición sigue presente. “Venía con mi padre y, mírame ahora, con mi hijo,”, decía emocionado Pedro García Morrás, de 38 años, junto a su hijo Xabier, de seis.
La Ruta del Ebro para la Ribera
Dos días y casi cien kilómetros. Así es la ruta. Ignacio Ruiz Pardo, de 42 años, la hace desde hace veinte. “Me levanto a las cuatro de la madrugada. A las cinco, salgo dirección Castejón. Hago una parada para almorzar y voy directo a Carcastilllo. Allí me quedo a dormir”. Para él, el segundo día es el más sencillo. “Está todo prácticamente hecho”, afirmaba. Todavía quedan cuarenta kilómetros por delante y nueve horas andando. “La clave es pararse solo para comer”. La recompensa aparece el domingo. Concretamente, en el momento en que la misa comienza: “Todo cobra sentido. Tengo mucha fe depositada en San Francisco Javier. Tres días al año no suponen nada”. Veintisiete años después, se percata de que sigue cumpliendo el mismo objetivo que se prometió a sí mismo cuando cumplió quince.

