TSJN
Fiscal y defensa endurecen las penas que solicitan por el crimen de Tafalla
El abogado de César Gascón considera que cometió un homicidio, castigado con entre 10 y 15 años de cárcel, frente a la versión del fiscal, que sostiene que fue un asesinato y eleva su petición de pena a 22 años


Publicado el 22/02/2024 a las 13:48
El jurado del juicio sobre el crimen de Tafalla tendrá que decidir si la muerte de Marcos Miguel Gascón Zuazu, de 49 años, acuchillado por su hermano César el 21 de junio de 2022 fue un asesinato o se trató de un homicidio. Tanto el fiscal como la defensa del encausado expusieron este jueves sus conclusiones tras las tres sesiones de juicio celebradas desde el lunes. Las dos partes han endurecido la petición inicial de pena que pretendían antes de celebrarse la vista. El fiscal, que desde el inicio calificó los hechos como asesinato, calificó lo escuchado en sala como "un tsunami de pruebas de la acusación". Desde su punto de vista, la víctima "no tuvo conciencia de su muerte ni pudo defenderse". Pide para el acusado 22 años de cárcel, con la atenuante de confesión. "Ni la mala relación familiar ni el trastorno que tiene diagnosticado le impedían saber lo que hacía. Lo sabía y quería hacerlo. Su hermano le molestaba y se lo quitó de en medio", y mencionó cómo una testigo había calificado al procesado como "una persona impulsiva, exigente, irritable, que nunca reconoce la culpa". "La víctima no era un ciudadano modelo, pero se merece Justicia", ha concluido.
La defensa, por su parte, ha cambiado su calificación de los hechos jurídicos. Ya no solicita la absolución e ingreso en un centro psiquiátrico de su cliente, sino que contempla una pena de homicidio (penado con 10 a 15 años de cárcel) con tres atenuantes: confesión, parentesco y arrebato/obcecación. "Las cosas no pasan porque sí. César no es un asesino ni en el concepto jurídico del término ni en el de la calle. Lo que ha ocurrido es la crónica de una muerte anunciada, la funesta culminación de una vida trágica". Mencionó los problemas mentales del acusado, sus consumos y la personalidad de la víctima. "Lo humillaba, también tenía un trastorno mental y era el único de los dos con antecedentes penales graves por un acto violento (roció con gasolina a un camionero tras un incidente de tráfico). Era una relación explosiva, con un odio mutuo y profundo. El detenido actuó espontáneamente, ofuscado por la ira. Cogió el primer cuchillo que encontró en la cocina, ni el más grande ni el más afilado". Argumentó también que la ausencia de heridas defensivas no excluía la posibilidad de que la víctima se hubiera protegido del ataque con 'fintas' o movimientos propios de las artes marciales, que practicaba desde su infancia. En definitiva, para este letrado, lo ocurrido en el domicilio donde convivían ambos hermanos en Tafalla es un episodio que "hay que analizar en conjunto". "No había intención de matar, no estaba planificado. No mató por envidia o dinero. Estaba obnubilado por un estallido de ira".