Un colegio nacido con su barrio
El centro de Infantil y Primaria de Ermitagaña creció a la par que la urbanización del extrarradio de Pamplona, alfombrada entonces con campos de cereal y con la que comparte nombre. Ahora cumple 50 años con 336 estudiantes y 42 docentes


Publicado el 09/05/2026 a las 05:00
Cuando a principios de la década de los setenta se comenzó a proyectar un nuevo barrio en Pamplona en el espacio comprendido entre la ciudad y Barañáin, a la par se vio la necesidad de dotarlo de un centro educativo público. Y mientras se iban levantando las grandes -y características- torres escalonadas naranjas coronadas con sus cubiertas en negro, entre las plazas Pío Baroja y calle Bartolomé de Carranza un edificio de planta baja más dos emergía entre los campos de cereal.
ACTOS DEL 50 ANIVERSARIO
Desde las 11 hasta las 14 horas. Visitas guiadas por el centro para diferentes promociones.
11. Nacidos entre el 2013 - 2000 + exprofesorado y exPAS
11:30. Nacidos entre el 1999 - 1990
12. Nacidos entre el 1989 - 1980
12.30. Nacidos entre el 1979 - 1974
13. Nacidos entre el 1973 - 1962
A lo largo de toda la mañana. Se han recopilado fotos antiguas que se expondrán en el patio interior del colegio. También se harán fotos a cada promoción como recuerdo. Además, habrá hinchables en el patio exterior. A las 14 horas. Interpretación por parte del alumnado de un Kamishibai, una técnica japonesa para contar cuentos con imágenes creado para este 50 aniversario.
A las 14.30 horas. Acto conmemorativo con el recuerdo de todos los directores que han pasado por el centro: José Antonio Blázquez; Antonio Sorbet; Andrés Sánchez; Félix Ramón y María José Prieto.
Era el colegio público Ermitagaña que este 2026 cumple su 50 aniversario con 336 alumnos de Infantil y Primaria distribuidos entre modelos en castellano (G) y castellano con euskera (A), además del programa PAI (bilingüe inglés-castellano), que el centro incorporó en el curso 2009-2010. El plantel docente lo conforman 42 profesores. Hoy es la cita de encuentro para celebrar este medio siglo.
Desde el colegio, dice su directora María José Prieto Llamazares, se quiere subrayar este medio siglo para recordar cómo el centro ha sido un gran servicio de barrio que ha ayudado a la conciliación familiar, sobre todo en unos años donde comenzaba la incorporación de la mujer al mundo laboral. Un colegio que sigue conservando aquel edificio de forma cuadrada y articulado en torno a un patio cubierto que sirve de espacio expositivo y punto de encuentro del alumnado y profesorado.
Este curso hay 17 agrupamientos de niños y niñas, cada uno con su aula, a las que se añaden las de música, ikasnova (de nueva creación para el trabajo con la tecnología y pensamiento computacional), la psicomotricidad y biblioteca, además de las de audición y lenguaje, pedagogía terapéutica y el comedor escolar, al que acude un tercio del alumnado. “Somos un centro con gran riqueza cultural en el que se atiende a la diversidad de cada estudiante”, indica su directora sobre la convivencia de diferentes nacionalidades, “fiel reflejo de la sociedad de nuestro días”.
En el exterior, en el patio se integra el polideportivo de Ermitagaña para uso del centro en horario escolar, la pista cubierta compartida con el aledaño Instituto Navarro Villoslada, la huerta y el espacio ahora de hormigón que el Ayuntamiento renaturalizará con la aportación de la comunidad educativa y el barrio. También se encuentran las bajeras de los edificios de Bartolomé Carranza, que se adecuó para aulas de tres años gracias a una cesión conjunta del consistorio y la comunidad de vecinos.
La atención al alumnado de la forma más individualizada, la convivencia escolar (sobre todo incidiendo en la prevención) y, como siempre, potenciar el aprendizaje de los niños y niñas. Estas son las líneas maestras que articularán el plan de trabajo de futuro del centro junto, añade la directora María José Prieto, la mejora de las infraestructuras y adaptarse a las necesidades de la sociedad y educación actual.
DOCENCIA COMPARTIDA
En cuanto al presente, Ermitagaña está inmerso en el Proa+, un programa que le permite implementar docencia compartida; “en más del 60% de las clases hay dos docentes para atender mejor alumnado utilizando el aprendizaje cooperativo, para aprender a eso, a cooperar”. Y en las aulas se integran temas sociales, como el derecho a la infancia o el cuidado del medioambiente. De hecho, acaban de recibir un reconocimiento del Ministerio de Educación como Centro Educativo Sostenible para la Ciudadanía.
Surgió en torno a la huerta escolar, no entendida como lugar productivo sino de enseñanza sobre el ciclo de la vida o cómo puede contribuir a mejorar el ecosistema. Y se les ocurrió que un jardín vegetal de envolvente ecológica ayudaría a frenar el despilfarro energético. También en el patio hay islas de reciclaje y cuentan con policías verdes, estudiantes que vigilan que los residuos se depositen en la basura de forma correcta.
Sobre el desarrollo de la educación a lo largo de estos 50 años, María José Prieto destaca que se ha difuminado esa distancia, casi reverencial o a veces por miedo, entre el alumnado y los profesores. “Ahora se les acompaña de cerca en ese proceso educativo, lo que permite una atención más individualizada y adaptada a cada estudiante”, subraya. También la tecnología ha irrumpido en las aulas. “Nuestro reto es aplicarla de forma coherente y que el alumnado aprenda a hacer un uso correcto”. Y la integración de diferentes nacionalidades en el centro. “Hay un lenguaje que es universal, el juego. Es muy bonito ver a niños y niñas que quizá verbalmente aún no se entienden pero están compartiendo un momento”.
El colegio, como se recoge en su web o en sus redes sociales de Instagram o Facebook (ambas con la misma dirección, @cpermitg) trabaja aspectos de la sociedad coincidiendo con la celebración de días de concienciación. Lo han hecho en el dedicado a la mujer, en el de la eliminación de la violencia contra ellas, además de aprovechar el 1 de noviembre para hablar y trabajar sobre el duelo.
LA LABOR DE LA APYMA
Un centro que, además, no vive de puertas para adentro, aunque el patio con su luz natural invite a esa mirada introspectiva. Ermitagaña está en contacto con Hazialdea, la asociación juvenil del barrio y visitan el huerto urbano de la cercana Mendebaldea, además de ese cordón que se teje entre la comunidad educativa y el exterior gracias a la Apyma. “Tradicionalmente, las familias se han implicado mucho en el centro, colaborando tanto con las actividades que hacemos aquí como aquellas otras que ellos organizan para la conciliación familiar u otras simplemente de ocio”, dice la directora.
Por este ejemplo, este curso -como en anteriores- se ofrecen aulas para aquellos alumnos cuyos padres y madres necesitan mayor horario que el escolar. Por las mañanas, y junto a una monitora especializada, los niños y niñas pueden acceder al centro desde las 7.45 horas con un coste de 4 euros al día en jornadas esporádicas y de 29 euros los meses completos. Hay descuentos de 5 euros para aquellas familias con dos o más estudiantes en el centro escolar.
Y por las tardes, sin coste alguno, el personal del comedor se ocupa del alumnado todos los días hasta las 16.30 horas durante septiembre y junio y los viernes de octubre a mayo, hasta la misma hora. La Apyma también gestiona el comedor, que pueden utilizar todos los días lectivos de septiembre a junio cualquier alumno/a cuya familia sea parte de la asociación y antiguos estudiantes del IES Navarro Villoslada.
María José Prieto Llamazares, Directora del colegio público Ermitagaña: "Para nosotras Ermitagaña es Familia"
¿Cuesta mucho dejar clases y meterse a un despacho?
Mucho. Además, en mi caso, cambiar la Educación Física en la que estás en otro espacio diferente, todo el día de pie, moviéndote, fue muy importante.
¿Cuál es el principal quebradero de cabeza?
Atender al alumnado de la mejor manera posible e intentar que la convivencia sea la más adecuada con el alumnado, profesorado y las familias. E intentar atender a las demandas que tenemos de los docentes. La educación ha cambiado mucho en estos años, las dificultades que se encuentran en las aulas son importantes y hay una serie de demandas que a veces no se pueden cumplir, tanto de recursos humanos, de adaptaciones horarias para la gestión, coordinación…
¿Y qué demandas son las del profesorado?
La gestión de aula yo creo que ahora mismo es lo más complicado. Todos los cambios sociales se están reflejando también en los centros: el uso de las redes sociales y las pantallas o la inmediatez conlleva cambiar la manera de educar. Ya no existen esas aulas de 45 estudiantes todos quietos mirando al profesor. Ahora las clases son mucho más dinámicas, las actividades hay que cambiarlas cada menos tiempo porque también se han reducido los tiempos de atención. Todo eso hace que nuestra labor docente sea más compleja.
¿Cómo podríamos definir la comunidad educativa?
Para nosotros, y es nuestro lema, Ermitagaña es familia. Nuestro objetivo es crear un ambiente lo más agradable posible para que todo el mundo se sienta como en casa. Esta buena sintonía entre el personal del centro se transmite en el día a día del aula. Además, existe una relación muy estrecha con las familias y, mensualmente, nos reunimos con sus representantes para coordinar las actividades durante el curso escolar. Recalcamos la importancia de que las familias se sumen a estas iniciativas para que sigan siendo exitosas.
José Antonio Blázquez Rodríguez, primer director del colegio público Ermitagaña: "Fuimos pioneros con intercambios con alumnado extranjero"
Natural de Ávila y vecino de Madrid, donde estudió Magisterio, José Antonio Blázquez Rodríguez dice que, “por suerte”, no había plazas en la capital de España porque entonces le tocó ir a Navarra. Primero de maestro en Leitza, de ahí a Alsasua hasta recalar en la escuela Federico Mayo, de la Txantrea de Pamplona. Y en 1976, al nuevo colegio de Ermitagaña. “Entré pronto de director, los primeros meses fui el profesor más antiguo de todos hasta que me ofrecieron el puesto”, recuerda a sus 81 años desde Tarragona, donde pasa la mitad del año por lo que no podrá acudir hoy al 50 aniversario. “Me da pena. Le guardo un gran cariño ya que estuve allí tres décadas. Eran años muy intensos, con la democracia recién instaurada y ese bullicio que había en la calle se respiraba en las aulas”.
Habla de familias jóvenes llegadas a un barrio nuevo. “Muy involucradas en la educación”, reseña. “El colegio tuvo una gran acogida, con 400 alumnos ese primer curso”, recuerda. “Los profesores también teníamos mucho empuje y ganas. Fuimos pioneros en intercambios con otros alumnos del extranjero. Yo conocía a docentes de un colegio francés cerca de Bretaña y como entonces era la lengua que se impartía en Ermitagaña nos lanzamos. Hasta perdíamos días de vacaciones para acompañar a nuestros alumnos a Francia. El programa duró 20 años”.
Recuerda también que eligió hacer el escudo con fondo verde y una espiga, que dibujó un padre de la Apyma para recordar esas fincas de cereal sobre las que se levantó el colegio. “Un colegio en el que también se trabajó mucho la reforma educativa de la Logse, en 1990. ¡La de reuniones que hubo allí de todo los directores de los centros de Pamplona para poder coordinarnos! Creo que aprobamos con nota. Pero metimos muchas, muchas horas diseñando nuevas clases, contratando profesores especializados en materias... ”, dice este antiguo profesor. “Mi recuerdo es magnífico. No tuvimos nunca roces. Insisto, eran años con muchas ganas de construir”.