Adicciones
"Los adictos al 'porno' sudan y tienen taquicardias si lo dejan de ver"
La psicóloga María Contreras apunta que es una ‘adicción silenciosa’ pero alerta de que los jóvenes se aíslan o retraen


Actualizado el 05/12/2023 a las 08:22
Siempre ha existido la pornografía. Pero los profesionales en el tema coinciden en que se volvió adictiva desde que llegaron las cintas de vídeo (en los ochenta), Internet (noventa) y, sobre todo, con la popularización de los teléfonos inteligentes, alrededor de 2000. “Desde entonces podemos hablar de la ‘triple A’. La pornografía es ‘anónima’ (nadie se entera de que la consumo), ‘asequible’ (no pago) y 'accesible' (puedo acceder a ella desde cualquier sitio)”. Quien habla así de claro es la psicóloga, sexóloga e investigadora en la Universidad de Navarra sobre la adicción a la pornografía ‘online’ María Contreras.
Respecto de la edad de inicio, cita los 8 años (según un estudio de la Universidad de las Islas Baleares) como el momento en que los menores se exponen “sin buscarlo”. “El consumo voluntario se retrasa y generaliza a los 14 años. Los adolescentes de esa edad, reconocen, utilizan el ‘porno’ para descansar y relajarse”.
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Pero, ¿cuándo la visión de imágenes pornográficas se convierte en una adicción? “Cuando las personas pierden el control y la conducta gana el pulso. Empieza a interferir en su vida (suspenden, dejan de salir con amigos, interfiere con la pareja, se da el paso a la prostitución...) y también tienen el ‘mono’. Igual que ocurre con las adicciones a las drogas (con sustancia), al dejar de consumir ‘porno’, recuerda la experta, el adicto se encuentra mal físicamente. “Empieza a sudar, tiene taquicardias... Intentan dejarlo pero no pueden. A pesar de que saben que las consecuencias van a ser negativas (suspenden, su pareja les ha amenazado con dejarlos, los echan del trabajo...)
LENGUAJE SEXUALIZADO
Contreras recuerda que la adicción a la pornografía es “muy silenciosa” (“puede haber personas que la vean durante más de treinta años sin que su pareja lo sepa”) pero, a veces, aparecen algunos signos de alarma. “Los adolescentes están más retraídos, tienden a aislarse (características que pueden determinar también otros trastornos) o utilizan un lenguaje sexualizado (esta es más específica)”. ¿Más señales? “Que se vayan con el móvil a la cama, que pasen mucho tiempo en el baño, que suspendan...”
Una vez diagnosticado el problema, subraya, es importante “detectar lo que subyace”. “A veces, solo vemos la punta del iceberg. Pero, ¿qué hay debajo? Puede ser un trastorno de tipo psiquiátrico (TOC, TDAH...), que tenga un trauma, haya sufrido abusos sexuales...” En esos casos, añade, hay que pedir ayuda a un profesional de la salud mental.
¿Y cómo afecta esta adicción a la vida de los adolescentes y jóvenes? Además del fracaso escolar, a nivel afectivo son chicos (“porque la pornografía se ha diseñado para varones porque se excitan más fácilmente a través de la vista”) que han aprendido el sexo de un modo específico. “No es un modelo sano de sexualidad. Distorsiona la relación afectiva entre los adolescentes e impulsa comportamientos agresivos o agresiones sexuales en grupo”.
