Terremoto de Marruecos
Dos navarros en Marruecos: "Parecía que el hotel se nos caía encima"
Ana Gutiérrez Losa y Riki López Callejas, pareja de San Adrián, se disponían a pasar la noche en su hotel de Marrakech cuando el suelo comenzó a temblar. Ya desde casa relatan al detalle cómo vivieron unas horas de shock y mucha incertidumbre


Publicado el 11/09/2023 a las 06:00
Después de varias jornadas de montaña por la cordillera del Atlas y de haber hecho cima en el Toubkal, el pico más alto de Marruecos (4.167 metros), Ana Gutiérrez Losa y Riki López Callejas llegaron el pasado viernes a Marrakech, donde disfrutaron de una jornada típica por la ciudad: zoco, barrio de los curtidores, barrio judío, etc. A eso de las 11 de la noche llegaban a su hotel, muy cerca de la plaza de Jamaa, dispuestos a aprovechar las horas de descanso: al día siguiente tenían que coger su vuelo de regreso a Zaragoza a las 11 de la mañana. “Subiendo nos encontramos con unos chicos vascos con los que habíamos coincidido en el Toubkal y nos paramos a hablar con ellos. Llevaríamos unos 10 minutos cuando, de repente, empezó a temblar todo el hotel entero”, rememora Ana ya desde su casa, en San Adrián.
A partir de ahí, todo sucedió muy rápido, aunque ella lo recuerda “como una eternidad”. “Fue progresivo, de más suave a más fuerte. Hubo unos 15 ó 20 segundos súper fuertes, súper fuertes. Intentamos escondernos debajo de unas columnas para que no nos cayera nada en la cabeza. Casi no podíamos mantenernos de pie y un chico italiano se llegó a caer”. Cuando el temblor amainó, comenzaron a correr. “Las escaleras del hotel eran de caracol, y allí nos lanzamos todos como pudimos para bajar a la calle y ponernos a salvo. La sensación era que se nos caía el hotel encima”.
Una vez fuera, “todo era incertidumbre”. “Yo al principio pensé que había sido un atentando. Nadie espera un terremoto en Marruecos, no me lo podía creer”. En las calles, la gente huía “despavorida” y los cascotes caían al suelo. “Ahí ya nos dimos cuenta de que aquello había sido un terremoto”. La intensidad era menor, “pero el suelo mientras tanto seguía temblando”. “Recuerdo que las motos que no se habían caído ya se movían”.
Habían bajado a la calle con lo puesto, pero “en un momento de lucidez” la pareja subió a la habitación para coger los móviles y poder avisar a sus familias de que estaban bien. “Así lo hicimos, y cogimos los teléfonos, la documentación y las mochilas”. Nada más bajar, cerraron el hotel y todos los edificios de la zona. “Todo el mundo esperaba la réplica”.
El shock inicial había dado paso al caos en la calle. “Se escuchaban sirenas de ambulancias y de policía, coches pitando, mucho ruido. Ahí ya comenzamos a darnos cuenta de que había sido algo muy gore”. Como tenían el móvil, comenzaron a buscar información. “En unos 15 minutos ya había saltado a las noticias. Al principio decían que había sido de 6,5; luego de 6, 8 y al, final, de 6,9. De lo que todavía no hablaban era de si había habido heridos o muertos”, explica la navarra.
Cuando contactaron su familia, eran sobre las doce y media de la noche aquí (una hora más que en Marrakech). "Se enteraron del terremoto por nosotros, no sabían nada” “. El teléfono sirvió de vía de comunicación para los navarros y para más gente, como el grupo de vascos.
MADRUGADA EN LA CALLE
Las primeras horas de la madrugada las pasaron al raso. “Nadie quería subir al hotel por miedo, y tampoco lo iban a abrir. Nos arropábamos unos a otros, porque el miedo y el pánico con otros se pasa mejor. Hablamos mucho con los vascos de cómo estarían las cosas en los poblados de la zona del Atlas, que había sido el epicentro. A nosotros no nos había pillado allí por unas horas, por suerte”.
Como tenían todas sus pertenencias encima, “hasta una llave del hotel nos hemos traído”, decidieron que iban a intentar llegar al aeropuerto, situado a unos 8 kilómetros de distancia. “Después de subir al Toubkal, eso no era nada. Más con todo el shock encima”.


Echaron a andar, un poco a ciegas porque no tenían clara la ruta. Por el camino se toparon con un taxi que accedió a llevarles. “En el camino nos encontramos con una pareja de Málaga que, recién llegados a Marrakech, les había cogido el seísmo en el autobús y cuando llegaron al hotel, se habían encontrado con que estaba derrumbado. La chica había entrado en pánico y se volvían para intentar coger el primer vuelo de vuelta a España que pudieran”.
REABRE EL AEROPUERTO
Cuando llegaron al aeropuerto, lo habían evacuado. “Había miles de personas fuera”. Pero hacia las 4 de la mañana “abrieron las puertas y todo comenzó a funcionar con normalidad”. “Nuestro vuelo salió sin ningún problema”. Lo que sí se generaron fueron “colas infinitas para todo”, desde pasar el control de seguridad hasta ir al baño. “Pero es lo lógico. Había gente que había perdido su vuelo e intentaba comprar otro. Me pareció que la reapertura fue muy rápida, supongo que también para poder recibir enseguida ayuda humanitaria”.
La pareja son viajeros experimentados ambos. Él, escalador, había estado muchas veces antes en la montaña marroquí . Para ella era la segunda visita, “pero la primera vez en el Atlas”. Pero por muchos viajes que acumulen a sus espaldas, esta experiencia les ha dejado marcados. “En la vida había vivido nada igual. Esa sensación de que todo se mueve... Fueron 15 minutos, pero qué 15 minutos”.
Aunque aliviados por haber vuelto a casa, ella reconoce que la tiene “revuelta” la incertidumbre de la situación en pueblos que han conocido, como Imlil, situado a escasos kilómetros del epicentro. “Cuando ayer (por el sábado) pude ver por fin en las noticias qué decían, se me caían las lágrimas. Hemos estado ahí, hemos conocido a mucha gente y hemos jugado con esos niños al fútbol”.