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Investigación sobre Montejurra 76 (III)

Informes oficiales califican al carlismo javierista de “sedicioso” contra Franco

Los documentos indican que los sucesos del 3 de diciembre de 1945 en Pamplona fueron una “manifestación subversiva de oposición al régimen”

Ampliar Carlismo
Viñeta resumiendo lo ocurrido el 3 de diciembre de 1945 en la Plaza del CastilloAdrián Peláez/La Aventura de la Historia
Publicado el 12/01/2023 a las 06:00
Los documentos del Gobierno Civil que muestran la implicación de Manuel Fraga y otros altos cargos del Gobierno Arias Navarro en la Operación Reconquista de Montejurra en 1976 también revelan novedades sobre importantes acontecimientos históricos del carlismo en Navarra. Eso es lo que ocurre con los graves sucesos de la plaza del Castillo el 3 de diciembre de 1945 que, hasta ahora, han generado división en su interpretación por los historiadores.
Ese día, los javieristas, partidarios de Javier de Borbón-Parma, también llamados falcondistas por Manuel Fal Conde, su principal dirigente, organizaron una gran concentración en Pamplona, en principio para festejar que “el príncipe Don Javier” hubiera salido vivo del campo de exterminio nazi de Dachau, donde había sido internado por la Gestapo acusado de apoyar a la Resistencia Francesa. Sin embargo, el objetivo real era reivindicar la restauración de la monarquía.
En esa jornada de San Francisco Javier, patrón de Navarra, estalló un tiroteo cuando la Policía Armada intentó disolver la concentración. Los carlistas hicieron frente a los agentes, que se retiraron hacia los soportales de la Diputación. Entonces, un agente de paisano hizo un disparo contra la manifestación y los carlistas respondieron con sus armas, estallando un tiroteo con el resultado de ocho policías y varios carlistas heridos. La Justicia Militar abrió un proceso sumario y más de cien personas fueron encarceladas en la Prisión Provincial, produciéndose una amplia redada policial en toda la ciudad para detener a quienes habían participado en los incidentes.
Algunas interpretaciones históricas defienden que aquello fue un estallido más de rebeldía de los requetés que se consideraban perdedores habiendo estado en “el campo de la victoria”; otras aseguran que aquellos hechos fueron una muestra más de la hostilidad existente entre carlistas y falangistas, o que se trató de una “lucha de poder dentro del régimen”. Sin embargo, una lectura detallada del proceso judicial así como de la documentación sobre Fal Conde conservada en el Archivo de la Universidad de Navarra revelan que fue un intento del entonces carlismo mayoritario para apartar del poder a Franco, y, por lo tanto, acabar con el régimen franquista.
El gobernador civil, Ruiz de Gordoa, cuando envía en enero de 1976 al ministro de Gobernación sus previsiones para la concentración de Montejurra ese año, hace un repaso a la trayectoria del citado carlismo javierista en base a documentos e informes existentes en el Gobierno Civil, salvo en los casos de 1971 y 1972, sobre los que -dice textualmente- “no hemos encontrado antecedentes en los archivos relativos a estos dos años, que fueron de matiz muy conflictivo”.
En su introducción general realiza una serie de valoraciones sobre el carlismo navarro, diciendo, por ejemplo, que “no se habían despojado de sus prejuicios partidistas”, que ante la Unificación (FET y de las JONS) se habían dividido en dos tendencias: los colaboracionistas que seguían a Rodezno y los falcondistas o javieristas, “totalmente opuestos a la Unificación”. “Muchos excombatientes -añade- siguen a Fal Conde por instinto o por inercia de oponerse a todo lo constituido” y siguen a unos “dirigentes de espíritu caciquil a la antigua usanza”, además de responsabilizar a “su integrismo hosco y huraño de sacristía pueblerina” de que “amplios sectores” no hubieran sentido “nunca vinculación a la empresa común” liderada por Franco.
Después y refiriéndose en concreto a los incidentes de la plaza del Castillo, recuerda que “la oposición del carlismo al régimen por obra y gracia de Fal Conde adquirió cuerpo el día de San Francisco Javier de 1945” cuando “los falcondistas pretendieron celebrar una concentración en Pamplona con periodistas y observadores extranjeros para exponer (a las naciones europeas) la potencia del carlismo frente al Régimen”. “Se trataba de reunir a 30.000 personas”, teniendo como objetivo “asaltar diversos centros oficiales”, entre los que estarían ayuntamientos navarros, la propia Diputación e incluso el Gobierno Civil. En una nota que Juan Junquera, gobernador civil, envía al gobernador militar el 24 de noviembre le solicita “apoyo y colaboración” para “desbaratar una maniobra contra S. E. el Jefe del Estado que se cristalizaría en una concentración el próximo 3 de diciembre”.
También señalan esos informes que desde la Catedral, donde se había celebrado una misa de “acción de gracias” por la liberación del “príncipe regente”, partió una “manifestación subversiva” hacia la plaza del Castillo, donde interrumpieron el concierto de la Banda Municipal por no querer tocar el Oriamendi. Entonces, dicen los informes, “se oyeron los primeros mueras a Franco”, que luego se repetirían dentro del Círculo Carlista de la plaza del Castillo, donde Zamanillo, uno de los dirigentes falcondistas de entonces, se refirió al Gobierno de Franco como un “régimen peor que el de la República”.
Testimonios de personas que participaron en aquellos acontecimientos, como el filósofo y profesor universitario Arturo Juncosa, confirman el carácter antifranquista de aquella concentración, que contó con la colaboración de varios generales, entre ellos García Valiño, siempre con el objetivo sustituir la dictadura de Franco por una monarquía tradicional que reconciliara España con la Europa que acababa de vencer al fascismo en la II Guerra Mundial.
Igualmente se hace mención en esa retrospectiva sobre la posición política del carlismo javierista a lo ocurrido tras el atentado perpetrado por un comando falangista contra una concentración carlista en el Santuario bilbaíno de Begoña el año 1942, con más de un centenar de personas heridas, tres de las cuales fallecerían más tarde debido a las complicaciones provocadas por la metralla.
De nuevo refiriéndose a este sector mayoritario del carlismo, los informes dicen que aprovecharon aquel atentado y “el caldo de cultivo” de una “economía reducida a cenizas” en “plena guerra mundial” para poner en marcha “un movimiento sedicioso contra el régimen”, iniciando una campaña para lograr “la dimisión de todos los ayuntamientos navarros para seguir después con las provincias Vascongadas”.
Tampoco dejan esos informes de recordar, para demostrar que la dinastía Borbón-Parma era francesa y no tenía nada que ver con España, las acusaciones de la Gestapo contra Don Javier por apoyar a los “terroristas” y “comunistas” de la Resistencia Francesa, y el hecho de que Mussolini les hubiera confiscado sus propiedades en Italia en 1940 por ser “súbditos enemigos” de Francia. Igualmente y con el mismo objeto, se reproducen las declaraciones realizadas por el propio Franco al diario falangista Arriba el 28 de febrero de 1955 calificando a los javieristas de ser un “diminuto grupo de integristas seguidores de un príncipe extranjero apartados desde primera hora del Movimiento (Nacional) sin eco en la nación”. “Ayer -señala otro documento del 23 de febrero de 1976- estuvieron contra el Caudillo y su Gobierno; hoy sus ataques se centran contra S. M. el rey Don Juan Carlos I y su primer Gobierno”.
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