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Obituarios Navarra

Carlos Apezteguia Barberena, de Casa Maizena

Ampliar Carlos Apezteguia Barberena
Carlos Apezteguia BarberenaDN
  • Enrique Iriso
Publicado el 05/01/2023 a las 08:39
Carlos nació en Iraizotz, un pueblo hermoso en las estribaciones del monte Arañotz en el valle Ultzama, el lugar más pintoresco que pueda soñarse. Iraizotz es una calle larga de casas frente a casas, balcones frente a balcones, donde estallan los aromas de las flores. Carlos vino al mundo en casa Mariascarena o Marizena o Maizena. La casa se regía por el principio de troncalidad. Estaba bajo la autoridad unipersonal de su madre Francisca Barberena, formando una comunidad familiar y patrimonial casi indisoluble, según se contempla en el derecho privado navarro. Maizena conserva los vestigios de las personas que la han habitado, los “maichenes”. Han sido muchas generaciones las que han dejado una huella o señal , que yo la relaciono con las cualidades del roble, un árbol noble, señor, acogedor, resistente, que hunde sus raíces en la tierra, que se afinca erguido en el suelo con valor y coraje. Estudió en la escuela del pueblo hasta los catorce años. Los estudios universitarios no se conocían en la escuela. Alejarse del pueblo para estudiar formación profesional o bachillerato no entraba en sus planes, a pesar de la insistencia de su madre de continuar los estudios en la Escuela Profesional de Leitza. Pensaba que alejado de la casa materna no podía encontrar otra tierra mejor. E ingresó a los quince años en la multinacional francesa Danone, líder del sector lácteo, ubicada en el polígono industrial de Iraizotz. A la empresa entró preparado . En casa Maizena se enseñaba desde la infancia a usar las manos y las capacidades intelectuales. Era un aprendizaje basado en la experiencia, que sus padres sabían transmitir, bajo estas dos máximas: lo primero es el trabajo y el sacrificio merece la pena . Las manos desempeñan el papel de herramienta necesaria para la mayoría de las faenas. Me atengo a lo que escribió el filósofo griego Anaxágoras: “El hombre es inteligente porque tiene manos”. Las manos conducen, construyen, elaboran, llevan… Cada movimiento de la mano está determinado por el pensamiento. En Danone trabajó hasta el cierre de la factoría. Entonces, la compañía láctea lideró un plan social para compensar a los trabajadores y otro plan de industrialización para el valle. Carlos se acopló a estas medidas y continuó su vida laboral hasta la jubilación, aplicándose la buena metodología de aprender a aprender a lo largo de la vida laboral .
Durante su fase de mozo supo respetar las reglas establecidas entre el trabajo y ocio. Sabía muy bien que el sábado podia prolongar la juerga hasta las tres de la madrugada y sabía también, que a las cinco tenía que levantarse de la cama para ordeñar las vacas y prepararse posteriormente a asistir con sus padres y hermanos a la misa dominical y a la posada. Le gustaba la pelota y el frontón. Hizo sus pinitos de remontista en el Euska Jai. No tuvo paciencia en el aprendizaje y dejó la herramienta siendo joven.
Se trasladó a Pamplona, al barrio de Ermitagaña, pero siguió empadronado en su pueblo, en el maistartokia o caseral, adosado a su casa natal. Dos joyas endulzaron su vida: sus hijos Gorka y Nahia. Han sido su pasión y su atención principal. Siguieron caminos distintos a los del padre. Finalizaron los estudios de bachillerato e ingresaron en la Universidad. Gorka completó su formación en México y Perú. Nahia permaneció en Pamplona .
Su vida tuvo un ritmo acompasado. Los días laborables en Pamplona. Le encantaba pasear, actividad propia de amigos. La amistad se cultiva mejor andando al aire libre por parajes relativamente planos. Los fines de semana en Iraizotz . Era un fan de su pueblo. No sabía vivir sin los amigos del pueblo, porque estaba convencido, de que la amistad multiplica los bienes y reparte los males. Acudía a la sociedad y a la posada para almorzar, conversar y jugar al mus. Las tardes dominicales a Ventas de Ultzama. Les atendían de lujo. Pasaban ratos reparadores. Curaba las heridas invisibles del vivir.
Le gustaba la vida familiar, donde llenaba el depósito anímico para circular serenamente por la vida. Ayudaba y se dejaba ayudar por sus hermanos y sobrinos. Disfrutaba con ellos en las vacaciones de Galicia y Calafell, en el marco de una buena mesa, en las partidas de mus o parchís, en el bar tomando pintxos y vinos, en las labores de la huerta... Poco a poco fue descubriendo las bondades de la vida sencilla, siguiendo el slogan de José María Pemán: “…que el que se esfuerza y se agita, nada encuentra que le llene, y el que menos necesita, tiene más que el que más tiene”.
Inesperadamente una enfermedad letal le fue mermando sus fuerzas. Su fortaleza física degeneró en debilidad . Mantuvo su cabeza en orden. Encontró el sentido de la vida a través del sufrimiento. Algún día comprenderemos que el sufrimiento no ha sido en vano, que hay un proyecto bueno detrás de tanto dolor. Y en los momentos finales brotaron con más luz y fuerza sus dotes de hombre integro. Descanse en paz.
Enrique Iriso Lerga, amigo de casa Maizena
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