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Violencia de género

El 40% de las víctimas de violencia de género en Navarra tiene menos de 29 años

664 jóvenes denunciaron el año pasado, un 6% más que hace cinco años

Ampliar Varios agentes junto a un coche de la Policía Foral
Varios agentes junto a un coche de la Policía ForalCedida
Actualizado el 25/11/2022 a las 12:41
A los responsables policiales les preocupa y les resulta paradójico que, a pesar de una mayor educación sobre valores en igualdad y una creciente visibilización y concienciación de la lacra de la violencia de género, estas conductas aumenten entre la juventud. En Navarra, el 40,5% de las mujeres que denunciaron violencia de género el año pasado -664 de 1.639- tenía menos de 29 años, una tendencia al alza si se tiene en cuenta que cinco años atrás, en 2016, el porcentaje era del 34%.
El dato, del Instituto Navarro para la Igualdad, preocupaba en Policía Foral, donde ven día a día la “terrible” de esta realidad. Por ello, decidieron que las prácticas que dos alumnos del Grado de Criminología de la UNED realizan cada año en la comisaría se centraran en esta problemática. Leire Valencia Oroz, estudiante de 4º curso del Grado, de 23 años y de Zizur Mayor, y Vicente Carricas Torrres, pamplonés de 59 años, ambos pamploneses, abordaron entre abril y junio este asunto, que mañana adquiere más protagonismo con la celebración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.  Además de analizar 110 atestados y de estudiar todos los recursos asistenciales que con los que se cuenta en Navarra, también realizaron un encuesta a 261 personas de entre 15 y 29 años de los centros Sagrado Corazón, Teresianas, Politécnico y UNED Pamplona.
ABUSOS DE ALCOHOL Y DROGAS
Entre las conclusiones, el informe destaca que la juventud tiene “un alto conocimiento” sobre las conductas que constituyen violencia de género, pero hay acciones como “los celos”, “el control de la ropa que viste la pareja”, “el control del móvil” y “el control de los horarios” que no son considerados como posible violencia psíquica, cuando en la mayoría de las ocasiones son las que inician el ciclo de violencia. A la pregunta de qué se encuentra detrás de esta violencia, el 88% responde que la educación recibida por los padres, el 87% señala al consumo de drogas y el 86% al abuso del alcohol. “El análisis de los atestados nos permite confirmar que el consumo de alcohol y drogas están presentes en numerosas ocasiones en las agresiones de violencia de género”, señalan los dos autores del estudio.
El comisario responsable del Área de Investigación Criminal de la Policía Foral, Eduardo Sainz de Murieta, también cita la influencia de estas dos causas, unidas al “acceso a información indebida en las redes sociales” como dos posibles factores que estén “contrarrestando” todos los instrumentos de sensibilización y educación en la sociedad. “Pero resulta llamativo observar en los jóvenes conductas tan agresivas que van al alza”, afirma. Y destaca que en su día a día se encuentran con jóvenes de 15/16 años con situaciones de celos “muy intensos”, controles de teléfono, amenazas (“como te vayas...”, “como se lo digas a tu madre...”, “como se te ocurra salir este fin de semana sin mi consentimiento...·”- y agresiones físicas.
A las víctimas, añade, les cuesta salir de esa espiral, a pesar de ser informada por sus seres queridos, por la policía, por los recursos asistenciales... “Incluso más en jóvenes que en adultas. Al final son personas que tienen menos experiencias en la vida, en muchas ocasiones es su primer amor, y romper con ese sueño resulta complicado”. Cristina Eseverri Soto, inspectora jefa de la Brigada Asistencial de Policía Foral (en el cuerpo hay 45 agentes cuyo día a día es la violencia de género), destaca que dentro de esta espiral de violencia “él se hace más fuerte y a ella, que tiene cada vez la autoestima más baja y está aislada de su entorno, le cuesta salir”: “Hay una variable importante como es la dependencia emocional que tiene la víctima del agresor”.
Nahikari Sánchez, profesora y coordinadora de las prácticas del grado de Criminología, detalla con ejemplos el proceso “sutil” con el que a veces se empieza a aislar a la víctima. “El día que ha quedado con las amigas él dice que está enfermo y que vaya con él; a la siguiente vez que queda le dice que ha discutido con sus amibos y que a ver si puede estar con él... Y así, poco a poco, va rompiendo con su círculo. De forma sutil, desde el día a día, haces que se vaya aislando y que todo su enfoque sea hacia esa persona, que poco a poco le va manipulando. Y desde ese control, empieza a entrar la violencia”, detalla la criminóloga, que pide un cambio de enfoque en las campañas preventivas y que se centren también, por ejemplo, en el agresor. Todo con el fin de “dar con la tecla” y revertir esta violencia sobre la mujer. “Es terrible lo que hay”, valora Sainz de Murieta.
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