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Terrorismo

La violencia y odio del nacionalismo radical “continúan presentes”

El XIX Ciclo de cine para la tolerancia y contra el terrorismo da voz a dos víctimas: Inmaculada Fuentes y Carlos Fernández de Casadevante

Ampliar Carlos Fernández de Casadevante, catedrático, e Inmaculada Fuentes, madre de un guardia civil de Alsasua
Carlos Fernández de Casadevante, catedrático, e Inmaculada Fuentes, madre de un guardia civil de AlsasuaJesús Caso
Publicado el 23/10/2022 a las 06:00
Dos libros, dos autores que hasta ayer no se conocían entre sí, pero un mismo mensaje: que el sufrimiento de la víctimas y, sobre todo, la verdad de lo ocurrido no se olvide ni se tergiverse ni se enmascare. La madre de uno de los dos guardias civiles agredidos en Alsasua, Inmaculada Fuentes (Valencia, 1967) presentó en Pamplona su libro ‘La noche que cambió mi vida’. Exactamente, fue la noche del 14 al 15 de octubre de 2016, cuando un teniente y un sargento de la Guardia Civil salieron a tomar algo con sus parejas. “No fue una pelea de bar. El odio sigue existiendo. La gente de ETA no se ha volatilizado”, afirmó en la charla ‘Víctimas del odio, antes y después del fin de ETA’, dentro del XIX Ciclo de cine para la tolerancia y contra el terrorismo, organizado en el Planetario por la Asociación por la Tolerancia y la Fundación Víctimas del Terrorismo.
Carlos Fernández de Casadevante (Irún, 1956), catedrático de la universidad Rey Juan Carlos I, obligado a irse del País Vasco por las continuas amenazas presentó su libro ‘ETA y el nacionalismo excluyente, testimonios para una memoria veraz’. “Las manifestaciones de odio siguen existiendo y al Gobierno le resultan irrelevantes”, afirmó.
La charla estuvo dirigida por Eduardo López Doriega, de la Asociación por la Tolerancia, quien recordó que hoy se sufren “otras violencias” como la vivida en la procesión de este año en San Fermín cuando ediles de UPN fueron zarandeados y como el ataque al presidente de la peña Mutilzarra “por llevar una bandera de Navarra”.

Inmaculada Fuentes, madre de un Guardia Civil agredido en Alsasua: “El odio sigue y, lo peor, es que está tolerado y normalizado”

Inmaculada Fuentes espera que “algún día” no se le quiebre la voz cuando hable de su libro ‘La noche que cambió mi vida’. Por más que pasen los años, no olvidará el sonido del teléfono en medio de la noche para informarle de que su hijo estaba en el hospital. “Intentaron camuflar esa agresión de odio como si fuera una pelea de bar. Pretendían que nos callásemos, pero no lo hicimos”. La madre de uno de los dos guardia civiles agredidos en un bar de Alsasua, a lo largo del libro, recoge además de su experiencia , documentos y la “sentencia íntegra “del Tribunal Supremos que condenó a los agresores. “Con todos los testimonios. Los de unos y los de otros. He escrito el libro porque las cosas si no se cuentan parecen que no han ocurrido”, afirmó.
Los beneficios del libro se destinarán a Covite y la Asociación Unificada de Guardias Civiles, y la asociación de antiguos alumnos de colegios de la Guardia Civil. En cambio, recordó que la madre de uno de los agresores de su hijo y de sus compañeros (en referencia a Bel Pozueta) está en el Congreso, percibiendo un “sueldo público”. “ Su hijo, un cabecilla, fue condenado y, como premio, la presentaron por EH Bildu. “Ellos dicen que buscamos venganza, pero no es así. Desprecio, todo”.
Para Inmaculada, el odio sigue existiendo. Recordó que, tras salir su hijo del hospital fue a pasar unos días al cuartel en Alsasua. “No me querían vender en algunas tiendas”. “El odio está tolerado y normalizado”, apuntó la madre , para quien “los tibios son tan importantes como los que aprietan el gatillo”.

Carlos Fernández de Casadevante, exiliado a raíz de amenazas de ETA“En el País Vasco se ha hecho una limpieza ideológica”

La mujer de Carlos Fernández de Casadevante (Irún, 1956) fue quien recogió un paquete que incluía un explosivo con los cables sueltos. Este catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales ya había aparecido en una diana pintada en la pared de la universidad vasca y en alguna octavilla, pero el explosivo le llevó a hacer las maletas con 42 años y marcharse a Madrid, a dar clase a la Universidad Rey Juan Carlos.
En su libro ‘ETA y el nacionalismo excluyente, testimonios para una memoria veraz’, cuenta su experiencia personal y recuerda el daño “irreparable” que le ha ocasionado por la banda armada y el modo en que, en su opinión, el nacionalismo, “con su hegemonía política y social y su proyecto excluyente” ha conformado a la sociedad vasca. “En el País Vasco se ha hecho una limpieza ideológica con el agravante de que el Estado no ha querido corregirlo”.
Según afirmó, cuando la gente le comenta: “Si ETA ya no existe”, él contesta: “¡Claro! Ya no hace falta, su proyecto político ha triunfado”, apuntó el catedrático para quien el nacionalismo “lleva en su AD la exclusión”.
La víctima de ETA subrayó que los hechos “no deben ser olvidados” ya que “el nacionalismo vasco impone a la posibilidad de una memoria veraz”. A su juicio, la sociedad vasca “está amputada” porque faltan todas las personas asesinadas, extorsionadas y que se han tenido que marchar a vivir fuera. “Es una sociedad contaminada y desestructurada”, concluyó.
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